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Miércoles, 21 de Noviembre del 2018
Viernes, 07 Junio 2013

Mariano Caballero: “Hay que hacer una gran revolución en la iglesia”

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Mariano Caballero Mariano Caballero CLR

CLR/Daniel J. Rodríguez.

Su puerta siempre está abierta al que lo pueda necesitar. Ya sea para charlar con un té en la mano o para llorar amargamente, Mariano Caballero abre sus puertas, las de su casa y las de su corazón, y escucha.

 

Después de toda una vida como sacerdote, su experiencia misionera en Bolivia le cambió por dentro. Él mismo lo dice, “me engancharon”, y así lo demuestra deslizando altas dosis de amor y nostalgia cuando hablamos del Alto de Bolivia, donde estuvo al lado de los más pobres.

 

Las lágrimas, las de ambos, y las miradas cómplices se suceden durante toda la conversación. A veces no hay nada que decir. El silencio reina en la habitación de su casa donde charlamos. Pero no es un silencio de esos incómodos, es un silencio de los que gritan, de los que suenan. Un silencio lleno de vida, de experiencias que le hacen sentirse dichoso de ser lo que es: Pastor de la iglesia.

 

¿Cuándo se da cuenta de que quiere ser sacerdote?

¡Ui!, ese momento fue teniendo 14 años. Sin saber ni cómo ni por qué… Es muy difícil definir… En ese momento tampoco sabes bien lo que quieres ni lo que es ser cura. La verdad es que lo vas pensando con el tiempo. Te vas haciendo a la idea de lo que quieres ser. Pero en un principio es un sentimiento, una llamada, una inquietud interior que te dice que tienes que ser cura y… Allá te lanzas.

 

Pero… ¿Vivía en una familia activa en la fe?

…No. Era una familia religiosa, pero con una religión tradicional y clásica, de siempre. La vivencia religiosa me viene por la Acción Católica. Entonces existía una cosa que se llamaba el aspirantado de Acción Católica. Ahí es donde me surge la vocación y, sobre todo, con un sacerdote, ya fallecido y querido en Cieza: Antonio Salas.

 

¿Recuerda cómo se lo tomó su familia?

(Ríe) Perfectamente. Sobre todo mi padre. Yo no me atrevía a decírselo. Entonces, Antonio Salas dijo, “venga, vamos a decírselo a tu padre”. Él no se lo creía, no se creía lo que le estaba diciendo Antonio Salas, decía “mi hijo no sirve para eso, mi hijo no sirve”. Salas le dijo que eso lo valorarían los sacerdotes en el seminario, y mi padre le dijo: “Bueno, pues lo que usted quiera, llévenselo, pero que sepa usted que no vale” (ríe)

 

...Y sin embargo, ha sido sacerdote toda la vida

Toda la vida. Ya me fui al seminario. Estuve doce años estudiando allí, porque antes se estudiaba allí el bachiller…. Y mira… ya son 46 años. Me ordené sacerdote en el 67, en julio de 1967, el día de San Pedro.

 

¿Cuál fue la primera parroquia?

Mi primera parroquia fue en Cehegín. La Parroquia Santa María Magdalena. Allí estuve dos años como coadjutor y lo pasé muy bien. Y luego, seguí viviendo allí, en Cehegín conviviendo con dos curas, me dieron la Parroquia de Peña y Campillo, en la zona de la huerta de Cehegín. También daba clases de religión en el instituto.

 

Hablando de la asignatura de religión y teniendo en cuenta la polémica de la nueva ley de educación, ¿Debería impartirse la asignatura?

Yo creo que no debería de impartirse.

 

¿Por qué?

Porque creo que la religión pertenece al ámbito de lo privado, de lo personal. Y la que tiene que encargase de fomentar la fe es la familia y la parroquia. Ahora, una cosa es el tema religioso y otra la información religiosa. Entonces, una información sobre la historia de las religiones, de LAS religiones, podría ser útil en el sentido de la formación. El tema de las religiones, en plural, son parte de la sociedad. Ha influido en toda la cultura, y otras cosas…

 

Y se va a Bolivia

¡Ui! Lo de Bolivia es una cosa…SORPRENDENTE…No sé si va a dar tiempo a contarlo… Mira, Ginés Pagán, un amigo, se iba a dar unos cursos de teología a Bolivia, a Cochabamba, y me insistió en ir con él. Yo no quise. Pero insistió por 3 veces, incluso habló con el Obispo de la Diócesis…Ya le dije que sí por no escucharlo, ¡Me llevaba acosado!

 

En este punto de la conversación, empiezan a hacerse urgentes los pañuelos…Las lágrimas resbalan por su rostro enrojecido. Un rostro mayor, lleno de arrugas, de experiencias, de amor al pobre…

 

Así que te embarcas

Sí. De repente me veo en la ciudad del Alto de la Paz. Allí me encuentro con el Obispo de Murcia Jesús Juarez y con unos seminaristas españoles. El obispo me preguntó qué hacía allí, y yo le dije que con Ginés. El Obispo me invitó a quedarme en una parroquia en el Alto esos dos meses mientras Ginés estaba en Cochabamba con el curso de teología. Hasta Ginés me invitó a quedarme. Y allí me quedé los dos meses…En esos dos meses me enganché, me engancharon… Vi tal realidad, tal necesidad que dije: “Esto es lo mío”

 

¿Ya no volvió?

Sí. Terminaron los dos meses y me vine a Murcia. Aquí me tiré un año pensando en la ciudad del Alto, hasta que un párroco con el que había estado en Cehegín, José García Martínez, me dice: “Mariano, yo empecé como sacerdote en Venezuela y en Ecuador y me gustaría jubilarme en América, ¿Tú que dices?”. Yo le dije que si él se iba yo también pero con una sola condición: Tenía que ser al Alto de Bolivia.

 

Fuimos a visitar al Obispo, don Javier Azagra, y le transmitimos nuestras intenciones. Él, muy sorprendido, nos contó que el día anterior había recibido una carta desde el Alto pidiendo sacerdotes… Azagra lo dijo, estaba de Dios. Cuando lo piensas tienes que decir que la mano de Dios te va guiando y terminas no sabes ni cómo, ni cuándo, ni dónde.

 

¿Cuántos años en Bolivia?

Estuve seis años. Seis años especiales. De trabajos, de contactos de conocer…Pero, sobre todo, hay una realidad: Allí aprendí a leer mejor el Evangelio.

 

Explíqueme eso

Recuerdo unas navidades. Yo recordaba mis anteriores navidades en España y aquello era un lugar inhóspito. Allí prepararon una representación de un Belén viviente, tuvimos que esperar porque faltaba el San José. Ya llegó y empezó la misa… Tenía una sensación de tristeza, de recuerdo de aquellas navidades en Llano de Brujas, tan dignas, con tantas luces y oropel… Añoraba esas navidades, hasta que, en un momento, creo que es una iluminación del Señor, me doy cuenta de lo equivocado que estaba.

Estaba añorando las luces, la gente bien vestida… y aquello en Bolivia era un desastre… pero ¿Qué fue el nacimiento real de Jesús? ¿El de Llano de Brujas o el de Bolivia? Jesús nace en una cueva, con pastores, con ovejas, sin luces, sin música… Dije: Esto es realmente, ahora estoy celebrando el nacimiento del Señor. Y no lo que muchas veces pensamos que es. Viví más cerca que nunca el nacimiento de Jesús y desde entonces fui feliz.

 

¿Hasta hoy feliz?

Pues sí. Hay momentos que no son tan felices, pero sí. En general sí. Y sobre todo, si me preguntas si soy feliz por ser sacerdote, pues sí, eso seguro que sí. Te puedo decir: Se me olvida el día de mi santo, el día de mi cumpleaños... Pero nunca se me olvida el día de mi ordenación. Ese lo tengo aquí (se señala la cabeza) pendiente, y sé que el día 28 me ordenaron y el 29 canté la primera misa. El ser sacerdote siempre me hace feliz.

 

Pero tuvo que volver a España

Sí.Me vuelvo a España porque, a los 6 años me dio un infarto y lo pasé muy mal. Y claro, a esos 4200 metros de altura, pues el corazón tiene que estar bien oxigenado. Entonces, con esa deficiencia tenían que operarme, pero no podían hacerlo en Bolivia…Tenía que hacerlo en Chile o en Estados Unidos, pero yo decidí volver a España, por mi familia y por la Seguridad Social. Tras la operación, el médico me dijo claro que si quería volver a las misiones, me buscase una a nivel del mar. Y eso fue ya el tener que quedarme aquí.

 

Y cogió “la misión” de Cieza

Tuve la suerte de que el Obispo me permitió quedarme en el Santo Cristo del Consuelo, feliz y dichoso.

 

¿Cuántos años?

Pues allí he estado 10 o 12 años. Hasta que ya tuve el mal del cáncer y, ya con 70 años, pensé que era el momento de jubilarme. La verdad que en aquel momento no me encontraba bien físicamente y pensé que ya había llegado el momento de jubilarme.

 

¿Cómo recibe la noticia del cáncer?

Pues en principio, como a todos los enfermos yo creo, cuando te dan la noticia, es un mazazo que te dan en la cabeza y que te deja un poco “grogui”. No sabes cómo reaccionar ni qué pensar. El impacto es fuerte. Después tienes que superarlo, que aceptarlo y saber que, bueno, es un mal que está en la sociedad, que lo padece mucha gente y que a ti también te toca. Tienes que tratar de convivir con él. Físicamente se pasa mal, estás deprimido, débil…Tienes como una sensación de vacío.

 

Cuando son las revisiones del protocolo, cuando llega el momento, pues dices, qué saldrá de ahí… siempre con la duda, con la sospecha, con el miedo de que se pueda reproducir y tener que volver a pasar por lo mismo. ¡Pero bueno! De momento está todo muy bien. Yo ya estoy más tranquilo, con más vitalidad y energía.

 

¿Y cómo vive un cura jubilado?

Bien…Bien….Como un jubilado más. Muy tranquilo. Hay que aceptar las cosas como vienen. Antes de jubilarme ya pensaba que tendría que llegar el día y que tendría que adaptarme. Ahora hago unas cosas que antes no sabía o no podía hacer…Mira, ahora me ha dado por meterme en el internet (Ríe)

 

Cuando viene a Cieza, comienza con el proyecto de la parroquia de Santa Clara, ¿Cómo se ve ese proyecto desde la distancia?

Lo primero que siento es una gran paz. Y digo paz por las muchas críticas que he recibido. Entonces, al terminar, yo estoy convencido de que se ha hecho una gran obra, una buena obra. La imagen externa de la parroquia tiene que ser la imagen que se quiere dar de la iglesia. Esa parroquita tiene luz, color y vida. Y la iglesia tiene que dar luz, color y vida. Lo que no puede ser es oscuridad, tristeza y miedo a muertes, a infiernos, a cosas oscuras…Porque llevan a la gente a una tristeza interior, y en esa iglesia el que entra no puede sentir miedo.

 

Hablemos ahora de otros temas, Mariano, ¿Tiene cabida la política en la iglesia?

La política tiene cabida en todas partes. Sin política no se puede vivir. Porque la política, como yo la entiendo, es lo que tiene que ayudar a los pueblos y a la gente a vivir con dignidad y la iglesia también tiene que buscar eso. Y luego, como somos humanos, cada uno tiene sus sensibilidades, sus maneras de pensar y de entender la vida y qué es vivir con dignidad y entonces tienes que tomar partido. En la iglesia lo que no cabe es tomar partido por un partido político.

 

Yo lo que nunca he sido es de un partido político, porque dejarías a mucha gente fuera de lo que es la iglesia y que abarca mucho más que la política. Pero no cabe duda que hay que opinar, porque uno está en este mundo y sabe qué favorece a uno, que ayuda a otro, etc. y se vincula a cierto partido. Pero eso no quiere decir que aceptes todo lo que diga el partido. Si me sublevo ante las estructuras religiosas, pues mucho más de las estructuras políticas.

 

Porque usted ha sido un cura rebelde

No he estado muy allá ni muy acá. Cuando no he estado de acuerdo con posturas o aptitudes que tiene la iglesia pues… lo he criticado y lo he dicho.

 

Mira, a mí lo que no me gustan son esas manifestaciones públicas porque están en una actitud muy retrógrada, muy conservadora. Esas aptitudes no me van. Y cuando veo que la jerarquía están detrás de esas actitudes, pues no me gusta y lo digo. No me gustan todas esas manifestaciones madrileñas, con Rouco a la cabeza. Me parece que la iglesia tiene otra tarea y otra misión más escondida y más de cercanía a las personas que sufren. Desde la cercanía y no desde esas manifestaciones públicas…La gente sigue sufriendo y no resuelven nada.

 

¿Qué expectativas tiene respecto al nuevo Papa?

¡Pues hombre! Las que tiene todo el mundo. Realmente parece un Papa cercano y que quiere. El problema es que pueda. Porque el Papa puede hacer, decir, tener gestos…Pero él solo no es la iglesia. Somos todos. Y hay gente con poder, con fuerza, con historia en la curia vaticana, que tiene la piel muy dura. Esperemos que sí, que lo pueda conseguir. Pero hay que hacer una gran revolución dentro de la iglesia. Y la gran revolución viene primero por la curia vaticana, de esos cardenales carcamales que se han apoderado del poder. Eso es lo difícil del Papa.

 

Pero ya los gestos que tiene ayudan y estimulan a que el cambio se pueda producir. Algunos creemos que hay que llegar a la gente y estar más cerca del pueblo, por eso me gustó eso que les dijo a los curas de Roma: “Tenéis que salir a la periferia y oler a oveja”. Oler a oveja es acercarte al pueblo y contagiarte de su olor. Y eso hay que hacerlo a diario, permanentemente.

 

¿Hacia dónde tiene que ir la iglesia?

La iglesia tiene que mejorar la cercanía con los que sufren. Tenemos una imagen de cercanía con los que viven bien. Y tenemos que dar la imagen, no la imagen sino la realidad, de que los marginados de esta sociedad tienen que encontrar, por lo menos, el consuelo y la paz de que son acogidos en sus personas. De que alguien se preocupa y se ocupa de ellos, de que alguien los quiere. Preferentemente la iglesia tiene que estar con los que necesitan, por lo menos, el consuelo humano.

 

Me marcho de su casa mascando el “olor a oveja”. Mariano Caballero es un cura de los que da la mano al pobre, de los que creen en aquella frase que dijo alguna Santa: “Dar tus manos para servir y tu corazón para amar”.

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