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Jueves, 20 de Julio del 2017
Sábado, 08 Febrero 2014

Pascual Lucas Motellón: “Donde yo veo fotografías o pinturas, otras personas no la ven. Hay que tener una especie de instinto”

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Pascual Lucas Motellón posa ante su obra Pascual Lucas Motellón posa ante su obra CLR.

CLR/Daniel J. Rodríguez.

Pintor y fotógrafo por pasión, de formación autodidacta, no es difícil encontrarlo en los parajes naturales de Cieza. Cargado con su instrumental de trabajo, trata de conseguir lo imposible: guardar la vida, lo cotidiano, en una tabla, lienzo o papel fotográfico.

 

Desde la perspectiva que le da la libertad de no considerarse artista, sino un aficionado, habla con franqueza de la pintura, de Cieza y de todo lo que le rodea y compone el imaginario que plasma en su obra.

 

En usted conviven pintura y fotografía, ¿cómo conviven estas dos artes? ¿Cuál de las dos es más protagonista?

Te diré que no hay una preferencia por la pintura o por la fotografía. Son dos cosas que practico, la pintura desde pequeño, aunque nada importante; la fotografía una vez que me independizo de la familia. Cuando me marcho a trabajar fuera coincido con compañeros a los que le gusta la fotografía y hacemos lo que hacen todos al comienzo: revelar el blanco y negro en la cocina o en el váter, en el piso que estábamos alquilados. Ahí vas descubriendo cosas, cuando revelas el blanco y negro, la fotografía, es algo como mágico. Hay una química increíble, te salen, no te salen, innovas…Pero siempre sin un estudio más profundo de lo que es un simple hobby. Soy lo que se llama autodidacta.

 

Cuando me preguntan si soy pintor, digo que soy una persona que pinta. Y cuando me preguntan si soy fotógrafo, digo que soy una persona que saca fotos, y ahora mejor que nunca, gracias a los formatos digitales.

 

Pero algo debe tener

Entiendo que donde yo veo fotografías otras personas no la ven, y donde yo veo pintura, otras personas no lo ven, hay que tener una especie de instinto. Posiblemente tenga ese punto de vista diferente a la hora de hacer fotos o pintar, pero poco más. Sin nada académico, sin ir más allá del hobby.

 

Es lo que podríamos llamar el filtro sensible

Sí. Hace poco hice un comentario en Facebook con respecto a la floración. Hay mucha gente que mira la floración pero luego las fotos son todas iguales. Sin embargo, hay 3 o 4 fotógrafos aquí en Cieza que ven realmente la floración y hacen las fotos y son diferentes. No basta con mirar, tienes que ver, que es lo importante de estas cosas.

 

Tiene un amplio número de obra, tanto en pintura como en fotografía, de temática paisajística, ¿a qué se debe?

Me encanta. No sé si habrá influido que desde pequeño acompañara a mis padres al monte, porque ellos se dedicaban a recolectar miel de abejas salvajes y porque mi padre era cazador. Entre lo que aprendes y lo que ves, resulta que luego vuelves a esos sitios y te encanta, le haces fotos y te traes recuerdos.

 

Aunque últimamente, con el tema de la pintura, estoy haciendo hiperrealismo en base a cosas metidas en bolsas de plástico. Que si naranjas, que si níspolas… Pero eso ya es rizar el rizo. Son retos que uno se pone. Soy consciente de que el hiperrealismo ya está inventado, pero la satisfacción de ver que tú lo consigues, viene muy bien para el amor propio de uno.

 

Casi una revolución de los bodegones

Sí. Son retos personales. Puedo ir más allá el paisaje y tratamos, en los premios, de sorprender a los jurados. Porque esto de la pintura es increíble. Algunos jurados te tiran de espaldas (ríe). El afán por sorprenderlo hace que, a veces, presentes auténticas barbaridades. Pero bueno, las barbaridades también valen.

 

Cieza ofrece unas grandes posibilidades para la paisajística

Sí, de las mejores. Todo lo que es el Valle de Ricote es increíble. Yo trabajaba antes en telefónica, me encargaba de la conservación del cable interurbano que unía Murcia con Yecla. Toda la ruta, desde Archena, Ojós, Blanca…hasta Yecla, lo recorríamos todos los días. Y yo, más que trabajar, me pasaba todos los días haciendo fotos de paisajes y de todos los rincones para luego pintar.

 

Afortunadamente tengo un hijo que hace fotografía y le ha dado por este tema, Tete Lucas. Yo he tratado de arrastrarlo un poco a mi terreno. Hizo una exposición de fotografías de gran formato, “Cieza a vista de pájaro”.

 

¿Cuál es, para usted, la mejor época para la fotografía y la pintura en el entorno?

No tengo época. Si te vas a los detalles o a las situaciones que nadie ve, que es de lo que se trata, tanto en primavera como en otoño hay escenas. Lógicamente en primavera o verano es muy buena la luz. Yo suelo pintar en directo, en el paseo ribeñero, y sí que es necesario que sea un buen día. De todas formas, yo utilizo mucho la fotografía, que es más cómodo. Y ya, para ciertos detalles, vas al sitio, siempre a la misma hora, claro.

 

En Cieza hay un grupo que vamos a muchos cursos de pintura rápida. Cuando empiezas a las 9 de la mañana tienes delante una escena y luego, a las seis de la tarde, delante tienes algo muy distinto.

 

Hablando de premios de pintura, ¿Qué opinión le merecen?

Fatal, muy mal. Hay pintores que en dos o tres hora te hacen auténticas maravillas, son profesionales. Hay gente que se especializa y vive de eso. El problema está en que en los pueblos eligen un jurado…El jurado es lo complicado. Hay quien lleva catedráticos de arte pero en otros sitios es el concejal de cultura, que es albañil. Hay jurados que pasan con gafas de sol, hablando por el móvil…El resultado es que nunca nadie está contento con el resultado.

 

Salvo el que gana

Sí, claro (ríe). La gente que va a los concursos lo hace por la pasta. Es que, en un par de horas ganar 2000 o 3000 euros, es fenomenal. Ahí se junta gente que, en 2 o 3 horas te hacen cosas buenísimas. Luego es el jurado el que mete la pata. Ellos te dan diez mil explicaciones, pero no convencen a nadie, van a su bola.

 

Ya no solo en el mundo de los premios, sino en el de la obra pictórica en general. ¿Triunfa el más amigo de?

No. Puede que a la primera ocasión, a la segunda, sí que lo influya, que lo meta, que lo presente, que tenga más facilidad que otro. Pero a la larga se le ve el plumero a la persona que no pinta. En dos o tres ocasiones puede salvarte ser amigo de pero, a la larga, la obra se cae por su peso.

 

Hay quien dice que en Cieza das una patada y salen 7 pintores.

Sí. Es cierto.

 

Pero, ¿verdaderamente son pintores?

Son personas que pintan, como yo. Entonces, de esas personas que pintan hay algunas que son realmente buenas y otras que no. La suerte que tenemos en Cieza es que, a partir del Maestro Solano, hay una proliferación de escuelas de arte. Ya no solo la municipal de arte, que por cierto es muy interesante cada vez que expone. Últimamente Semitiel Segura, con la Galería Salzillo y luego con otra que ha montado, está dando mucha caña.

 

Pero, para mí, ya antes que todo esto, hay una persona que es la gran olvidada de Cieza y a la que yo haría algún tipo de homenaje, que era Jesús Carillo. Yo empecé a pintar influenciado por este hombre. Este señor te lo encontrabas por cualquier sitio, por el campo, siempre pintando.

 

Cuando de crío íbamos el grupo de amigos al colegio y lo encontrábamos yo era el único que se acercaba. Jesús Carillo es, para mí, el que mejor ha pintado la Atalaya, la huerta, la trilla, las tareas propias, todas las acequias…Todo eso lo pintaba increíble. Sin embargo, se ha muerto y nadie le ha prestado atención.

 

Y luego, hay por ahí una serie de pintores que están callados u ocultos y que son muy buenos aquí en Cieza.

 

¿Hablamos de…?

Por ejemplo, tampoco se le está prestando mucha atención, aunque sí que expone con frecuencia, a Pedro Avellaneda. Para mí es uno de los mejores impresionistas que he visto en Cieza. Luego está Juan Camacho, Antonio Martínez Morales, Pepe Paco, Chicha, Ruíz Tortosa, Abellán Juliá, que ahora nos ha sorprendido con sus luces y energías… Sí que hay en Cieza un buen plantel, los hay buenos.

 

¿Puede enfrentarse a su propia obra, valorarla, calificarla?

Sí. Lo que pasa es que yo casi siempre peco de modesto. Mi valoración es que yo no soy un pintor académico, soy autodidacta, de una trayectoria muy discontinua… Quizá con 40 años no tenía más de 30 cuadros, ahora tengo más de mil. Es la continuidad del trabajo: si pintas todos los días, todos los días puedes hacer una obra. Si pintas una vez al mes…. Muérete.

 

Antes pintaba muchos retratos y me di cuenta de que, si pintaba todos los días retratos, había una facilidad para que el retrato fuera bueno. Si dejabas de hacerlo, era imposible. Y eso pasa con todo.

 

¿Qué pasa? Que desde que me jubilé tengo más tiempo, y lo dedico a lo que me gusta: fotografía y pintura. Y sí que pinto, hay épocas que pinto todos los días y varias horas. Me resulta como muy fácil pintar, consigo lo que me propongo. Otra cosa es que lo que me propongo sea bueno. Lo que yo persigo es satisfacción personal.

 

¿Pero uno llega a ver su cuadro completamente terminado?

No. Jamás. Y como no te andes listo en decir que no lo tocas más, acabas estropeándolo. Ahí tengo el último, que es un plato de Duralex con níspolas que, cada vez que lo veo, le pondría un brillo o cualquier cosa. Pero, de pronto, ves que sobra pintura. Sobre todo si es un cuadro pequeño.

 

Cambiando un poco de tercio y yendo a su faceta fotográfica, ¿la era digital ha empeorado el arte de la fotografía?

Lo ha facilitado. Ha dado acceso a personas con menos conocimientos técnicos pero que sí tenían la capacidad de ver la foto, aunque al tirar en automático pierda un poco de calidad. Ahora esas personas pueden conseguir las fotos.

 

A los que ya sabían fotografía, también. Ahí tenemos los ejemplos de Fernando Galindo, que le encantan las innovaciones tecnológicas. A él le han venido de lujo. Tú ves una imagen y sabes que es de Galindo, cosa aparte es que él sí ve las fotografías.

 

¿Blanco y negro o color?

Siempre blanco y negro. De toda la vida. Ahora tienes la facilidad de que le das al botoncico y te sale en blanco y negro. Pero ese blanco y negro no vale. Yo tengo un carrete de 35 fotos de la riada de 1985 en Cieza. Tuve la mala suerte de que las revelé mal. Sin embargo, son mejores que el revelado en blanco y negro digital.

 

También hay buenos fotógrafos en Cieza

 

O una gran cantidad de personas que hacen fotos, como usted diría

Sí. Yo siempre digo eso. De todas formas ya ahora sí que hay gente. Salvador Villa ya ha estudiado algo relacionado. Mi hijo, Tete Lucas, igual. Y se les nota, se les nota un montón. Y claro, con estas cámaras de ahora con esos píxeles… Todo mejora un montón.

 

Quizá demasiados concursos de fotografía en Cieza

Los concursos están bien. Pero lo que atrae es el premio y si el premio es pequeño… la gente no va. Si haces un premio de 50 euros, no va a ir nadie de los que hacen las cosas más interesantes. Ya, a nivel de jurado, no sé qué tal van. Había uno que tenía cierto nivel, que era el de Los Albares. Ese sí que atraía a gente de fuera y todo.

 

¿Podría elegir entre fotografía y pintura?

Prefiero la pintura, es como más relajante, la vives más. La fotografía es como muy rápida. Últimamente estoy haciendo caza fotográfica. Tengo un blog, fotofaunacieza, en la que pongo las imágenes que saco. La caza fotográfica es otra opción para los que nos gusta el campo y la naturaleza. Yo fui cazador, pero renegué de la caza hace mucho tiempo, pero con la facilidad que te dan estas cámaras de ahora… puedes sacar cualquier cosa. La pena es que no soy muy ducho en informática y, al redimensionar las fotos, perdí las originales, así que estoy empezando casi de cero.

 

Siempre pintura, entonces

Sí, es como más relajante. Aquí al lado tengo mi estudio. Yo pongo mi vaso de whisky, mi música y puedo tirarme unas cuantas horas. Deambulas en el cuadro, te pierdes.

 

¿Cuál es el cuadro que falta por hacer?

Faltan pocos. Lo tengo casi todo y en casi todas las técnicas: lápiz, carbón, pastel, incluso serigrafías. Y he tocado desnudos, retratos, bodegón… Quizá me faltaría profundizar en nocturnos. Es muy interesante, es increíble lo que hay que hacer para convertir la pintura, que es color, en noche. En el nocturno influyen una serie de cosas que yo tengo que descubrir y, cuando lo hago, es cuando realmente disfruto.

 

Contando las especificaciones de la obra con la que posa, Pascual Lucas sigue desbrozando parte a parte su sensibilidad artística. Cieza, su mayor escenario de pruebas, desea con fervor que este hombre sencillo recoja sus pinceles y marche allá, a los campos, a seguir escribiendo, pintando, la ciudad y su entorno.

 

Nota: Puede ver la obra de caza fotográfica de Lucas Motellón pinchando aquí y la obra pictórica pinchando aquí.

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