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Miércoles, 23 de Setiembre del 2020
Sábado, 29 Agosto 2020

Ahora quiero, ahora no quiero

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Eso es lo que dicen algunas, la mayoría de las comunidades autónomas de este, nuestro país, cuando de enfrentarse a la pandemia se trata. Y resulta, la verdad, lamentable.

Llega la pandemia. El gobierno central toma algunas medidas aunque no son de su competencia, ya que son los gobiernos autonómicos quienes la tienen. Ante el desastre que se avecina y que efectivamente llega se decreta el estado de alarma y el confinamiento general. Se toman más medidas, muchas de ellas contradictorias, con constantes rectificaciones debidas al desconocimiento, a la falta de experiencia en asuntos tan graves como este y a los descubrimientos y recomendaciones de los científicos, que obligan muchas veces a cambiar de rumbo. El caso es que la curva empieza a ser doblegada e inmediatamente algunos partidos (con nulo conocimiento del ordenamiento jurídico español) y algunas comunidades (que después mostrarán su absoluta incapacidad) reclaman a voz en grito que se levante el estado de alarma y se elimine la “dictadura legal” que se está imponiendo y sean las comunidades autónomas quienes dirijan la lucha contra la pandemia. En resumen: que el gobierno central quite sus sucias manos de España (literalmente, que así lo he leído en algún medio) y les deje a ellos manejar la situación.

 

Dicho y hecho. El gobierno central levanta el estado de alarma y devuelve a las comunidades autónomas sus competencias en sanidad y orden público. Y todo parece de color de rosa, porque el impulso de la reducción de casos, contagios y muertes sigue por inercia. Al menos de momento, todo parece ir bien. Pero…

 

Pero ese impulso acaba por agotarse. Y empiezan a surgir rebrotes. Y la mayoría de las comunidades autónomas, muchas de las cuales acusaron al gobierno central de lentitud y a la vez de dejadez y exceso de celo, responden tarde y mal. Sus dirigentes, perdidos en las discusiones bizantinas y en la inacción de las que hacen perpetuamente gala, no tuvieron a bien tomar las medidas pertinentes no solo para evitar el aumento de contagios (esto es más responsabilidad de la ciudadanía que de los gobiernos), sino para prepararse para lo que podía llegar y, de hecho, ha llegado. Y más que llegará.

 

Ya hablé la semana pasada de la imprevisión y de las medidas chapuceras que los gobiernos autónomos están tomando o, directamente no tomando, para el reinicio de las actividades lectivas. Pero la cosa va mucho más allá. Faltan, por ejemplo, médicos. Faltan, por ejemplo, enfermeras. Las plantillas sanitarias siguen siendo las mismas o incluso menores que antes de la pandemia y están agotadas tras su lucha feroz contra la pandemia. Faltan recursos, con medicamentos como el Remdesivir agotados o incluso penuria (a estas alturas) de reactivos para la realización de pruebas PCR. Faltan rastreadores, los cuales deberían haber sido contratados en el momento justo de iniciarse la desescalada y aún hoy no lo han sido. Escasean incluso directrices claras y medidas contundentes para hacer frente a las actitudes incívicas que avivan la expansión de los contagios. No hay, en definitiva, una política estructurada y una previsión real asociada a la necesaria inversión para evitar lo que, desgraciadamente, ya ha sucedido: el regreso de la pandemia.

 

Y entonces quienes pidieron al estado central que dejara de controlar la lucha contra la pandemia, quienes exigieron que fueran las comunidades autónomas las encargadas de luchar contra la Covid-19 (curiosamente cuando ya estaba controlada), no tienen empacho en pedir ahora lo contrario: la implicación nuevamente del estado, del gobierno central, en una lucha que ellos han perdido, insisto, no solo por su incompetencia, sino también por la irresponsabilidad de una parte notable de la ciudadanía. En vista de lo cual uno, que es de dura mollera y aún más dura entendedera, se pregunta: cuando pedían que el estado se apartase, ¿lo hacían porque eran necesario o por interés partidista? Y cuando piden ahora que el estado vuelva a comprometerse y a liderar y dirigir la lucha contra la pandemia, ¿es porque resultaría beneficioso, es para tapar su propia incapacidad o incluso también por interés partidista?

 

Me temo que todos sabemos las respuestas. Y con ello se afianza la idea de que algunos políticos de nuestro país no solo no se preocupan demasiado por su propio pueblo y lo hacen mucho más por sus partidos o sus propios intereses, sino que además están incapacitados, por falta de formación, de liderazgo o simplemente de savoir faire (saber hacer) para guiar a sus ciudades, sus comunidades autónomas o su país por las procelosas y turbulentas aguas de la pandemia de Covid-19.

 

Así que cuando oigas decir “ahora quiero” y al poco tiempo “ahora no quiero” a algunos políticos, ya sabes de qué tipo de políticos se trata.

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