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Miércoles, 23 de Setiembre del 2020
Viernes, 04 Septiembre 2020

Conspiranoias: inventarse la realidad

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Imagina la escena: en un oscuro y súper lujoso salón varias personas hablan en voz queda, decidiendo los destinos del mundo. Una de ellas propone controlar a toda la humanidad para eliminar el riesgo de que alguien se rebele contra ellos, los dueños del planeta. A otra se le ocurre que se podría hacer a través de un “chis” que se implantaría a cada persona que habita en la Tierra.

Otro de los oscuros y tenebrosos personajes pregunta cómo podría hacerse eso, y alguien responde que a través de una inyección. Pero, ¿cómo se podría poner una inyección a todos y cada uno de los seres humanos de este, nuestro planeta? Y es entonces cuando un hombre alto y delgado, con gafas y aspecto de no haber roto nunca un plato en su vida tiene una genial idea: hagámosles enfermar e inventemos una vacuna. Con la vacuna les inyectaremos también el “chis” y nos haremos ¡los dueños del planeta!

 

Pocos meses después en una ciudad china, en Wuhan, miles de personas empiezan a enfermar de una especie de gripe súper contagiosa. El gobierno chino reacciona tarde y mal y la enfermedad, la Covid-19, se extiende por todo el mundo. Las grandes empresas farmacéuticas se ponen manos a la obra para encontrar una vacuna en un tiempo récord, aunque en realidad ya la tenían desde antes de que se declarase la pandemia. Y en cada dosis de la vacuna y gracias a la nanotecnología ultrasecreta controlada por los dueños de las grandes multinacionales, un “chis” espera a ser introducido en un inocente humano que no imagina la que se le viene encima.

 

Este podría ser el argumento de una película de serie z, de las que rellenan la parrilla televisiva las tardes de fin de semana. Pero, aunque parezca increíble, hay millones de personas que creen que la verdad de la pandemia es ni más ni menos que esta: una conspiración para dominar el planeta por parte de quienes, por otra parte, ya lo dominan realmente.

 

No digo yo que muchas veces la realidad no sea la que se nos presenta ante nuestros ojos. Ni tampoco soy tan ingenuo como para pensar que los grandes poderes de nuestro mundo no intentan controlar aún más a quienes lo poblamos. Pero hay ocasiones, de hecho la mayoría, en las que la razón y la ciencia nos dan más información que cualquier teoría absurda inventada por personajes cuya formación y conocimientos no superan, las más de las veces, a las de un niño de ocho años.

 

Zapatero a tus zapatos. O habla de algo cuando sepas de ese algo. Como dice el dicho, no hay peor tonto que el que se cree listo. Y visto lo visto el porcentaje de gente en este mundo que se cree listo y es todo lo contrario crece de forma exponencial. Y así cuando un tonto o tonta (o listillo o listilla) elabora una complicadísima teoría conspirativa para explicar cualquier suceso, una legión de “enteraos” le sigue a pie juntillas, en especial si el inventor o defensor de la teoría es algún famoso o famosillo que pretende, sobre todo, ganar o recuperar popularidad. Y mirad, están en su perfecto derecho. Cada uno puede creer lo que le venga en gana. Y dado el nivel cultural del que hacemos gala, no me extraña que multitudes considerables sigan a estos “espabilaos”. Repito, no es ilegal mantener estas creencias, por poco fundamentadas que estén.

 

Lo malo es cuando a través de ellas y de su puesta en práctica estos conspiranóicos acaban perjudicando gravemente a los demás. E incluso a sí mismos. Porque, hablando de la actual pandemia, quienes se niegan hoy en día a llevar mascarilla o a tomar precauciones y guardar distancia social en nombre de sus creencias se contagian y nos contagian a los demás la enfermedad, como ha podido verse en algunas manifestaciones recientes tanto en España como en otros países. Y cuando esté disponible la vacuna y se opongan a su administración se convertirán en vectores de la pandemia e impedirán su control efectivo e incluso su erradicación, como se está demostrando con otras enfermedades y el movimiento antivacunas. Como se ha demostrado con la inmensa mayoría de las teorías conspirativas o negacionistas, ridículas las más de las veces y absolutamente contrarias a la razón y la ciencia. Y ellos tendrán derecho a creer lo que creen, pero yo también tengo derecho a no enfermar y a no poner en peligro mi vida, y más aun por su actitud irresponsable e irracional.

 

En fin, que la realidad tiene muchas aristas, muchas visiones, pero suele ser solo una la verdadera. Aunque el mundo sea plano, aunque las vacunas no funcionen, aunque nunca hayamos llegado a la Luna y además nos quieran inocular un “chis” para controlarnos. Aunque algunos quieran inventarse la realidad por el motivo que sea.

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