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Viernes, 19 de Octubre del 2018
Sábado, 24 Febrero 2018

¡Cuidado con el jubilado!

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

¡Por fin lo han hecho! ¡Al fin se han decidido! Hartos ya de continuados palos a sus pensiones, cansados de ser tomados por tontos, preocupados porque cada día les es más difícil llegar a fin de mes o alimentar a sus familias sin recursos, los jubilados se han alzado y han dicho ¡basta!

Y ojo, señores políticos y del gobierno: mucho cuidado con el jubilado. Lo primero: nuestros abuelos no son tontos. Más bien todo lo contrario, aunque alguna ministra intente por todos los medios hacerles creer que el mundo es maravilloso y sus pensiones no hacen sino subir y subir. Téngase en cuenta que nuestras abuelas y abuelos rastrean cuan escáneres humanos tiendas, mercados, supermercados e hipermercados, un día sí y otro también, a la búsqueda de los precios más bajos y las mejores ofertas, y conocen la evolución del IPC mejor que el Instituto Nacional de Estadística, y saben perfectamente que puede que el IPC haya subido un 1,5%, pero el precio de las patatas o el del aceite lo ha hecho un 10%, y eso sí que les afecta. Por no hablar de la subida bestial de la electricidad o del gas que les obliga a no poner la calefacción en invierno y pasar frío y penalidades. Vamos, que lo empiezan a tener claro nuestros jubilados.

 

Segunda cuestión: la campaña de acoso y derribo del gobierno a las pensiones públicas empieza a tener poco efecto entre nuestros jubilados. O más bien tiene el efecto contrario al que buscan quienes han ideado y lanzado esta campaña. Porque nuestros abuelos y abuelas saben más de lo que muchos de estos elementos creen. Y saben que en Francia o en Alemania, países más envejecidos que el nuestro, las pensiones se pagan religiosamente y nadie las pone en duda, mientras que aquí es el propio gobierno quien siembra el temor sobre su futuro con un solo objetivo final: disminuir los impuestos a los que tienen más, llevándose las pensiones públicas por delante si es necesario. ¡Ah!, y de paso desviar todo el dinero posible de los españoles a los planes privados de pensiones y a los fondos de inversión, también privados y dirigidos por las mismas personas a las que mima y protege nuestro gobierno. Porque nuestros abuelos saben ya que el sistema público de pensiones es perfectamente sostenible, e incluso mejorable, siempre que exista la voluntad real de hacerlo. Y claro, como nuestros jubilados ya lo saben, por eso salen a la calle.

 

Y protestan, ¡vaya si protestan! Y de paso causan un terremoto político que se intenta minimizar y silenciar pero que se nota en las caras y declaraciones, o más bien en la ausencia de éstas, de quienes nos gobiernan. Porque precisamente ellos se constituyeron en su momento en paladines del mantenimiento de las pensiones, a cuya creación por cierto no habían contribuido en lo más mínimo y menos aún a su mejora. Y gracias a este voto de la tercera edad, habitualmente conservador y convencido de que quienes nos gobiernan iban a cumplir su palabra, han podido seguir en el gobierno. Y si un buen día, casi sin preaviso, miles de jubilados se lanzan a la calle y demuestran que están hartos de que se les tome por tontos y se les maltrate con tanto descaro, pues el susto resulta monumental.

 

Porque, y aquí vamos con la tercera cuestión, los jubilados españoles, todos ellos con derecho a voto, son nada menos que ocho millones y medio. Y, señoras y señores políticos del gobierno, la oposición, el sistema y el antisistema, entérense ustedes de esto: en una democracia lo que da la victoria a un partido es tener más votos que los demás. Y créanme ustedes si les digo que si un grupo político se enemista con este sector de la sociedad lo va a tener no sólo crudo, sino megacrudo para llegar al gobierno. Máxime teniendo en cuenta que nuestros mayores no son ya los seres pasivos y flemáticos que solían ser, sino que se han transformado en personas activas y conscientes de la situación que atraviesan y de los derechos que les asisten. Porque todos, tanto los eméritos como los activos, todos tenemos derecho a una jubilación tranquila y una pensión digna con la que pasar los últimos y merecidos años de descanso tras toda una vida de trabajo y esfuerzo.

 

Así que, señoras y señores políticos, ¡cuidado con el jubilado! Que si no, puede que en las próximas elecciones algunos se lleven una gran y desagradable sorpresa.

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