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Domingo, 25 de Octubre del 2020
Viernes, 02 Octubre 2020

De Madrid al cielo (o al infierno) gracias a Díaz Ayuso

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Lo ha vuelto a hacer. Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a sorprender a propios y extraños haciendo lo impensable, por grotesco que parezca.

No es ella sola. La orden ha partido, sin duda, de Casado y de su jefe supremo, atrincherado tras las siglas FAES. Aunque lo sorprendente es que comunidades autónomas gobernadas por enemigos declarados de Casado dentro del PP como Galicia y Andalucía (léase Feijóo y Moreno Bonilla) se hayan sumado a la tragicomedia ayusiana, mientras que otras comunidades del partido conservador, como Castilla y León, han demostrado una mayor independencia y preocupación por sus ciudadanos.

 

Como sin duda sabes, querida lectora y querido lector, estoy hablando del voto en contra de Madrid, Galicia y Andalucía a las reglas generales que Ayuso había pactado previamente con el ministerio de sanidad para confinar poblaciones en España. Un voto en contra que han compartido con la tan odiada (por ellos) Cataluña, que en esta ocasión no les ha parecido tan odiosa.

 

Isabel Díaz Ayuso ha perdido por completo el norte. Si es que alguna vez lo ha tenido, lo cual dudo. No solo no sabe manejarse en la política del día a día, sino que es incapaz de tomar decisiones acertadas para enfrentarse a las grandes cuestiones. Y cuando los desastrosos efectos de sus desastrosas medidas (o de la igualmente desastrosa ausencia de las mismas) se hacen evidentes, la única reacción de la que es capaz la presidenta es denunciar la persecución política hacia su persona por parte del resto del mundo mundial: rojos, separatistas, obreros, gente humilde, nacionalistas y todos aquellos que no viven en el barrio de Salamanca. Aún resuenan en mis oídos sus apocalípticas advertencias, cuando la gente megafashion del citado barrio y de otros similares salió con sus modelitos a protestar contra el gobierno, asegurando que era tan solo el principio de la rebelión del país contra el mismo. Rebelión que continuamos esperando, aunque ahora lo que resuena en todos los oídos son las caceroladas de los barrios obreros de Madrid contra la demencial (o inexistente) actuación del gobierno regional.

 

Ayuso movería a la risa si no fuera porque su actuación (o la falta de ella) está poniendo en peligro la vida no solo de los madrileños, sino también del resto de los españoles. En este sentido es de elogiar la actitud prudente del gobierno de Castilla y León, que no se ha alineado con la suicida e irresponsable postura de Madrid, Cataluña, Murcia, Galicia y Andalucía y cuyos dirigentes, también del PP, tienen ciertamente un mayor compromiso personal y humano con sus votantes y con el resto de los habitantes de su comunidad. Algo que en nuestra Región, por cierto no, parece tener reflejo. Lamentablemente.

 

Pero Ayuso, a quien solo le importa ella misma y su corte (o más bien cohorte) de asesores aduladores, no da su brazo a torcer, cueste lo que cueste. Sabe, sin duda, que su carrera política está poco menos que acabada. Si no lo está del todo. Por eso ha dado rienda suelta a sus decisiones más descabelladas, mintiendo como acostumbra mediante la presentación de datos directamente inventados o absolutamente manipulados. Ayuso ya no es de fiar, si es que alguna vez lo fue. Lo sabe todo el mundo, incluido su propio partido. Y en su desorientación, su ceguera y su ensimismamiento, pone incluso en peligro la alianza con Ciudadanos que le mantiene en el poder dejando a su vicepresidente Aguado literalmente con el culo al aire tras llevar este las negociaciones y alcanzar un acuerdo con el ministerio de sanidad, y negarse ella a la mañana siguiente a cumplir lo pactado. Sabe Ayuso que bajo las alfombras de la política la moción de censura contra ella, en la que Ciudadanos sería pieza fundamental, se hace cada día más real, pero es incapaz de salvaguardar sus compromisos con el partido naranja porque le puede el pronto, porque es ella la que tiene que decir la última palabra y porque Casado le exige guerra. Y a ella no hace falta insistirle mucho para dar guerra. Y la da, incluso hasta a sus propios (y absolutamente necesarios) socios y aliados.

 

Y mientras tanto la situación en Madrid es ya desastrosa. Según todos los expertos las medidas tomadas o contempladas por el gobierno regional para atajar la segunda oleada de la pandemia son absolutamente insuficientes. Y dado el carácter irradiador de Madrid (y de Cataluña, no lo olvidemos) hacia el resto del país la situación no es que sea delicada, sino que se convierte en desastrosa a pasos agigantados. Incluso en la prensa internacional se hacen eco del descontrol de la situación en la capital y su comunidad autónoma. Pero los datos, los fríos datos que no mienten si no se los manipula, dicen que de los más de 11.000 casos positivos registrados en el país el martes 29 de septiembre (estoy escribiendo este artículo el miércoles 30), más del 43% se han producido en la Comunidad de Madrid, que sin embargo concentra tan solo a una séptima parte de la población.

 

Y esos datos, señora Ayuso, no se pueden refutar. Así que, por favor, apártese a un lado y deje que alguien más capacitado y con mayor compromiso y responsabilidad se haga cargo de su región. Porque si no va a hacer usted realidad el viejo slogan publicitario que rezaba “de Madrid al cielo”.

 

O al infierno, añado yo.

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