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Viernes, 05 de Junio del 2020
Sábado, 01 Febrero 2020

El Viaje a Ninguna Parte. El Diálogo de la Lengua

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

La Lengua, en nuestro caso la Lengua Castellana, Español por antonomasia, nos constituye, nos identifica, y es precioso y preciso pilar de nuestro pensamiento, expresión de nuestra alma y herramienta para nuestra armónica y feliz instalación entre los otros, es decir, para la mejor relación social, que poco o nada tiene que ver con la mayor o menor presencia en las redes antisociales que Belcebú confunda, aniquile, y -si necesario fuere- extinga.

Enhorabuena antes de nada para la Real Academia Española de la Lengua, esa que, con un par, le ha dicho que nones a las pretensiones de la todopoderosa Carmen Calvo, vicepresidenta primera del tumultuario, bizarro, heterogéneo y casi multitudinario (arrabalero también) gobierno sanchista, sobre sus pretensiones de reelaborar el diccionario desde la perspectiva del llamado “lenguaje inclusivo”, del que me permito aportar, entrando en lingüística materia de hoy, un jugosísimo texto ilustrativo a modo y manera de ejemplo: “en castellano existen los participios activos o de presente. Así, el participio activo del verbo atacar es “atacante”, el de salir es “saliente”, el de cantar es “cantante” y el de existir “existente” ¿Cuál sería el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene identidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “ente”. Así, al que preside se le llama “presidente” y nunca presidenta, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción. De manera análoga se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente”, no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no “dirigenta”; “residente”, no “residenta”. Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son “periodistos”), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores). Les propongo que pasen el mensaje a sus amigos y conocidos en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no ignorantas semovientas, aunque ocupen carteras ministeriales, que alguna que otra hay). Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que incluso habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran el dentisto, el poeto, el sindicalisto (de estos conozco algunos, por cierto), el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡El machisto!.

 

Y siguiendo con el inefable, traído y llevado, manoseado y, al fin, ridículo, lenguaje inclusivo, aprecien ustedes la inobjetable (pero igualmente ridícula) escrupulosidad del deliberado, estomagante y cansino lenguaje inclusivo utilizado en la redacción del artículo 41 de la convocatoria del referéndum constitucional de 15 de Febrero de 1999 en Venezuela: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación, Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional, Ministros o Ministras, Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos; los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley”.

 

¡Dios santo! Por fin…Leído lo que antecede se entiende, ¿verdad?, que la Constitución venezolana sea muy larga, con 36.732 palabras frente a las 18.473 palabras que tiene la Constitución Española, que por cierto es a su vez la más larga de las de Europa Occidental. Pues aquí y ahora les anuncio que este, el de nuestra Lengua Castellana o Española, bajo el título genérico de la gran obra “El Diálogo de la Lengua”, de Juan de Valdés, será otro de los asuntos periódicamente recurrentes de estos artículos semanales con que me permito distraerlos a ustedes -o eso pretendo- cada siete días. Pero…¿es en serio? Miren, el Ministerio de Igual Dá es una cosa de relumbrón vacío y para cobrar un pastón a fin de mes, pero la igualdad real requiere trabajar seriamente para entender de dónde viene la discriminación, dónde se produce y cómo evitarla. Lo demás son proclamas panfletarias de chiste.¡Agur!

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