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Sabado, 26 de Setiembre del 2020
Viernes, 10 Abril 2020

El Viaje a Ninguna Parte. La libertad (y II)

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Cuando el dictador, Franco (mucho antes de que Sánchez lo convirtiera en la maldición de Tutankhamon) se murió, en su cama, el 20 de Noviembre de 1975, en olor y loor de mutitudes, yo había cumplido los 25 años primeros de mi vida y había vivido bajo aquella dictadura “oprobiosa” un cuarto de siglo nada menos.

Casi todo estaba prohibido, pero nunca, nadie, me prohibió salir a la calle. Jamás sufrí privación tan radical, tan rigurosa, del bien preciado de la libertad, como la que me confina en arresto domiciliario en este Abril infausto de 2020 que nos han robado (Sabina dixit), por toda la cara y con mucho rostro, desgraciada circunstancia sobre la que hoy – como ya les anticipé la semana pasada - voy a dejar disertar de nuevo, de corrido y sin interrupciones, a un inspiradísimo Cipion el escéptico, que está, literalmente, “sembrao”…Véanlo, y fin por ahora, aunque el tema continuará, ¿o es que actualmente se habla de otra cosa? Sigue, Cipión, sigue, te escuchamos:

 

“Las pandemias son un recurso muy goloso para aquellos que van contra la globalización, contra la unión del mundo. Dice Snowden que los microbios, cuando se les anima a propagarse, no respetan clases étnicas, nacionales o fronteras religiosas, y que las únicas ventajas que tenemos sobre ellos, aunque son mucho más numerosos que nosotros, son nuestra inteligencia y la capacidad de cooperar. Ya. Sí, sí...Ya estamos viendo la lucidez de nuestro gobierno en gestionar esta crisis y la solidaridad que están mostrando con nosotros nuestros socios europeos en esta película de terror.

 

Pero, como digo, la tentación humana de usar un arma así es grande, aunque alguien pueda pensar que atenta contra los principios de la Naturaleza. «El científico se ha convertido, a ojos del pueblo, en el mago a quien obedecen las fuerzas de la naturaleza. Pero este poder solo puede llevar a algo bueno si a la vez es un sacerdote y si actúa solamente como ordena la divinidad o el destino», decía Werner Karl Heisenberg, físico alemán al que se le atribuye la paternidad de una bomba atómica alemana que afortunadamente nunca llegó a tiempo de fabricarse ni a manos de Hitler.

 

Este virus tiene un carácter fuertemente antrópico, pues comparte la idea militar de tirar de los recursos humanos, la paralización de toda actividad del enemigo y la dependencia económica de él, algo inusual en los designios de la Madre Naturaleza. Federico Steinberg, un experto economista no gubernamental afirma que "no sabemos cómo se comporta el virus ni conocemos la efectividad real de las medidas de cuarentena; es caminar entre la niebla sin saber si la salida está lejos o no, es lo que los economistas llamamos incertidumbre radical; lo que parece claro es que esta pandemia va a llevar al mundo a un periodo de desglobalización en el que se van a hacer mayores controles sobre los viajes, menos libertad para las personas y un menor comercio internacional". El economista ha subrayado también que se trata de una situación "muy compleja", que si no está bien gestionada puede poner "en jaque" el futuro de la Unión Europea. España está siendo duramente castigada por esta lacra, y no porque la ciencia no pueda explicarlo, como reconoce el gangoso portavoz del gobierno, ni porque tengamos una especial predisposición genética a palmarla ante este bicho (nosotros, paradójicamente, que somos los segundos con mayor longevidad del mundo), sino que por ahorrarse unos dineros o por meter la cabeza en el hoyo esperando que esto pasara pronto, el Gobierno no ha tenido nunca una trazabilidad real del desarrollo de la pandemia en nuestro país, al no hacer un muestreo masivo de test desde el inicio, como sí han hecho países como Corea o Alemania. Si la mortalidad de este bicho es solo de un 1%, entonces en España hay diez veces más infectados de los que nos cuenta el Gobierno a través de su canoso experto televisivo (que con la misma naturalidad y rictus con que nos decía hace tres semanas que lavándonos las manos el asunto estaba controlado, ahora nos consuela con eso de que la mayor esperanza que tenemos es llegar a ese famoso pico de los cojones, aunque para ello tenga que anunciar, impasible y fríamente, cada día, una cifra de muertos obscena a todas luces). A la sociedad en general se la ha privado también, además, de la libertad de despedir a sus seres queridos y darles sepultura.

 

Es duro reconocerlo, pero sí, Cipión: varios miles de españoles están muriendo como perros, solos, en esta maldita crisis del año bisiesto. Estamos haciendo verdad -incrementada-, la contenida en el famoso verso de Gustavo Adolfo Bécquer: “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”, verso al que habría que añadir “¡Y qué solo se muere uno!” ¡Qué desolación tan grande y qué pena tan negra!

 

Nunca hasta ahora había visto un servidor a tantas mascotas sacar a pasear a sus dueños a la calle, lo que demuestra que más allá del drama de la muerte de un ser querido, lo que angustia a las gentes es su preciada pérdida de libertad. Estas medidas de confinamiento en modo alguno han sido novedosas en la historia del ser humano. El "Diario del año de la peste", de Daniel Defoe (publicado en 1722), señalaba que en Londres todos los sospechosos de tener contacto con un apestado eran encerrados en sus hogares. Y había guardias fuera de la casa para asegurarse de que no violaran esas restricciones. Las libertades de las personas, al igual que ahora, se vieron gravemente afectadas por la enfermedad.

 

A pesar de provenir de un loco encantador, quiero terminar este conversación contigo de hoy con el extraordinario alegato que el Caballero de los Leones dirigía a su escudero Panza:"La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres". Un abrazo querido Berganza. Cipión el libre...pensador.

 

Pues será lo único que te quede libre, amigo Cipión, el pensamiento, porque, en todo lo demás, cautivos seguimos. Sin embargo, no debemos perder la esperanza de que superemos también esta crisis, aunque, eso sí, cuando vuelva a florecer la vida, que el milagro de la recuperación se produzca desde la libertad y el talento, no desde la imposición y la zafiedad intelectual. Que así sea…

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