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Domingo, 25 de Octubre del 2020
Sábado, 10 Octubre 2020

El Viaje a Ninguna Parte. Maneras de apaciguar el alma en tiempo de tinieblas

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Así apacigua su alma, y, de paso, la nuestra, mi querido amigo del alma (precisamente) Pedro Luis Almela (que, si se descuida lleva el alma en su apellido), frecuentando la web de “El Espejo Gótico” y sus fantasmagóricos personajes: “como cada mañana, ella lloró frente al espejo del baño, con el cepillo de dientes rosa colgando de la comisura de la boca. Durante unos años su problema pareció resuelto; el de todos, en realidad.

Ella no lo sabía, desde luego. Ni siquiera lo sospechaba. Ahí estaba la genialidad del sistema, su articulación perfecta, sofisticada, sin fisuras que le permitieran al usuario el más ínfimo punto de apoyo para la deducción. Nadie podía sospechar nada porque para sospechar hay que recordar; y eso es precisamente lo que se pierde cuando uno decide borrar su memoria. El Borrado Selectivo de Memoria incluía toda clase de posibilidades, desde episodios traumáticos a desengaños amorosos, pasando por una larga lista de hechos desgraciados como fallecimientos, fracasos, frustraciones, duelos. El procedimiento era muy sencillo: uno seleccionaba el recuerdo que deseaba extirpar, la Empresa lo registraba, lo aislaba, y acto seguido lo borraba. El paquete básico incluía el borrado adicional de recuerdos asociados, de tal modo que si uno deseaba borrar el recuerdo de su expareja, por ejemplo, la Empresa arrancaba de raíz cualquier registro marginal de esa relación, como canciones de amor, lugares, sabores, fragancias.

 

Este sistema gestó un mundo que sólo miraba hacia el futuro, una sociedad constituida por sujetos que no estaban condicionados por su pasado, por sus elecciones, por sus infortunios. El avance fue tan espectacular que en pocos años nadie era capaz de compartir una mísera anécdota desafortunada.

 

El único efecto adverso del sistema fue lo que los científicos denominaron EGLI, o Epidemia Global de Llantos Inexplicables.

 

Buena parte de la población convivió con la crisis durante toda su vida; otros, en cambio, recurrieron a la Empresa para borrar el recuerdo de llantos proscritos, indescifrables. Los resultados, sin embargo, fueron desalentadores. El llanto siempre regresaba.

 

Ella no lo sabía, desde luego. Nadie lo sabía. En cualquier caso, le parecía absurdo tener que recurrir a un médico por un asunto tan ridículo como llorar hasta desmayarse cada vez que intentaba tirar a la basura un viejo cepillo de dientes azul, que ni siquiera recordaba haber comprado.

 

Y es que el dolor, la angustia y el llanto siempre sobrenadan, flotan, regurgitan con toda su acidez y virulencia, sin Alzheimer piadoso que evitarlo pueda.

 

Así apacigua la suya mi antiguo compañero de infortunio en el colegio de Huérfanos de Ferroviarios de León, maquinista de trenes, filósofo amateur entre copas y genial pirado de la vida, natural del malagueño Rincón de la Victoria, Antonio Linares Ramos, cuya afección, a priori, parece más grave que la de Pedro Luis, y que me comenta que Juan Manuel de Prada ha escrito sendos artículos sobre eutanasia y suicidios, en los que viene a decir que aunque se permita la primera y ocurran los segundos, ambos son algo antinatural, ya que es raro, salvo casos muy excepcionales, que ningún ser vivo se prive a sí mismo de la vida. Antonio Linares, que demuestra frecuentemente una lucidez próxima a la locura (valga el oxímoron), ensarta una perorata surrealista de las suyas, en la que manifiesta que se puede tener casa, hijos, dinero, incluso gafas, enfermedades y dientes postizos…pero cuando dices mi cuerpo es mío, ¿quién lo dice?¿lo dice tu cuerpo? Suena raro, ¿verdad?... El cuerpo diciéndose a si mismo:"tú eres mío y hago contigo lo que quiero". Al dinero si...se le puede decir; y al coche; pero ¿qué cuerpo le habla a su cuerpo como si fuera una propiedad ajena al cuerpo? ¡Ah, sí, ya caigo: ¡la mente! Claro, la mente. La mente le dice al cuerpo: "… estoy harta de tí y te voy a matar". Va y lo mata y la mente se queda tranquila y descansada tan a gusto habiéndose quitado de en medio ese cuerpo tan latoso. Claro que aún no he hablado con ninguna mente que me diga lo a gusto que vive ahora...Que sí. Que la gente se mata. Hasta yo lo habré pensado alguna vez. Pero esto no va de eso, va de si es natural matarse o no. Yo me quedo en que ya veremos qué hago cuando me duela lo bastante la vida como para pensar en cortar con ella. Mientras, sigo mi lucha contra los vectores, sí, sí, han leído bien, los vectores, asunto que vengo posponiendo desde hace 33 años. En física, se llama vector a un segmento de recta en el espacio que parte de un punto hacia otro, es decir, que tiene dirección y sentido. Terrible, ¿verdad? Tan real como omnipotente. Un ejemplo de VECTOR sería el de los ñúes que cruzan el río Mara, en África. Da igual los miles que se ahoguen o se coman los cocodrilos; al año siguiente serán otra vez millón y medio. Mil más, mil menos. Sabido es que los héroes son anécdotas que no influyen NUNCA en los resultados finales. Las guerras las ganan la cantidad de hombres y de material. Ejemplo de cantidad y material: Vietnam del Norte, más hombres, armas chinas y más selva. Así que por un lado están los vectores, y, por otro, estamos los individuos, que aunque viajamos en los vectores y dependemos de su suerte global…(Hiroshima, huracán Katrina en Nueva Orleans, el gordo de Navidad en tu bar)…tenemos cierta libertad, como quien viaja en un tren y va de un lado a otro. Ese individuo, digamos, inventa un artefacto que aumenta el poder del VECTOR que lo use y, esa es otra, lo puede usar un vector distinto.

 

No le daré más vueltas. Creo que el tema de los vectores va a quedar siempre pendiente de concluir. Excepciones a los vectores, Grecia, Roma y España. Piensen…

 

Piensen, sí. Quizá sean cosas del confinamiento que vino y que nunca se ha ido del todo. No vamos camino de una nueva normalidad, no, vamos camino de una vida peor. Lo cierto es que la normalidad no ha llegado ni se la espera en los próximos meses. Todo lo que nos sucede desde que supimos del confinamiento resulta nuevo para nosotros: no salir a la calle, teletrabajar, ir enmascarados… Y no queremos, ni por asomo, que esto se convierta en normal. Sobrecoge ver el poder que tienen sobre nosotros ciertas personas disparatadas, pues un imbécil con poder es algo terrible. Y digo yo: ¿por qué le tocó a España esta izquierda estrambótica, descolgada de otra era, caída entre La Raya y los Pirineos como una peste medieval? ¿Por qué?...digo yo…¿por qué?

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