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Sabado, 26 de Setiembre del 2020
Sábado, 02 Mayo 2020

El Viaje a Ninguna Parte. “TRÍLOGO” (Conversación a tres desde mi celda)

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Hola, soy Berganza... Esta semana traigo hasta ustedes una perruna conversación a tres bandas entre mi habitual contertulio del guasaps, Cipión, y mi querido amigo, cancerbero o perro de Baskerville, Pedro Luis Almela, toda vez que en este caso la conversación gira en torno a mi artículo de la semana pasada, “La vida avisa...”, que en realidad era de autoría compartida con el perro de Baskerville, trasunto -si él quiere, y en homenaje a sus anglosajonas querencias- del citado Pedro Luis.

Para empezar les diré que la tentación de aprovechar una crisis, un conflicto o una guerra para limitar la libertad (que es lo que estamos sufriendo actualmente y no sólo por el arresto domiciliario, sino por asuntos si cabe de mayor enjundia y gravedad) es tan vieja como el mundo, además de que estoy cada vez más convencido de que el virus exportado al mundo desde Wuhan, en China, no es resultado de la evolución natural, sino consecuencia de la negligencia, de la imprevisión y hasta puede que (en el peor de los casos), de la perversidad y la malevolencia (dice el refranero castellano que pienses mal y acertarás), en lo que tiene todas las trazas de estar siendo un episodio, que seguramente no será el último, de una nueva guerra mundial, con inconfesables e inconfesados, pero existentes, intereses geopolíticos y económicos más que evidentes. Bill Gates decía recientemente en su blog que la situación que estamos viviendo “es como una guerra mundial, con la particularidad de que todos estamos del mismo lado”. Coincido en lo esencial pero discrepo en lo último, porque eso supondría que la humanidad entera está en guerra contra el virus cuando estoy convencido de que una parte importante de la humanidad lo está utilizando en beneficio de sus propios intereses, o sea que está usando al virus como aliado.

 

Me cuenta mi amigo Cipión, primero de mis lectores como yo lo soy suyo, que “la vida, o mejor dicho, nuestros pares, nos ponen a prueba una y otra vez, y ni aun los más poderosos escapan a su influjo. Decía el emperador Marco Aurelio, el hombre más poderoso de su tiempo, que podía contar con los dedos de una mano los días que había sido feliz durante su mandato. La riqueza material y el poder terrenal, continuamente amenazados por intrigas palaciegas o por amenazas venidas del exterior, no son las señas de identidad que caracterizan una vida plena (...) La vida, por definición, es insegura, y por eso los animales, que no nosotros, están siempre al acecho ante cualquier peligro, estado de alerta que desaparecería y sería su sentencia de muerte si estuvieran felices” (y distraídos, Cipión...añado yo).

 

Mientras haya humanos (si es que acaso fuera lícito otorgarles el derecho a usar este calificativo) cuya única meta en sus putas vidas sea trabajar para su empresa doce horas diarias, seis días a la semana, hasta morir, los que vivimos a este lado de occidente y amamos la vida tenemos un serio problema (...) Porque son esos los mismos que nos sacan de un apuro un domingo por la mañana, cuando todo está chapado y la parienta necesita la lejía de marras para poner su media docena de lavadoras; o cuando vas a morir a ellos para que te vendan un móvil con una calidad equiparable (o al menos eso te dicen ellos) al caro cacharro de la manzanita; o cuando entras en uno de sus oscuros locales para saborear uno de sus exóticos platos (porque somos tan gilipollas que a veces no valoramos nuestros más sanos menús de nuestra mundialmente reconocida comida mediterránea), que a saber de qué están hechos y que igual sales de allí con una cagalera de cojones o algo peor; o tantos miles y miles de productos que esos laboriosos seres exportan al mundo para que sus empresarios se enriquezcan y, por ende, su estado (que se define nada menos que comunista y capitalista a la vez-¿habrá acaso mayor perversión política?) se convierta en la primera potencia económica mundial. Cuando pase este confinamiento, te invito, querido Berganza, a que visites Venecia y contemples con tus propios ojos quiénes son los únicos que copan los viajes de todas las góndolas por sus canales (y te advierto ya de antemano que la tournée no es barata; para que un gondolero cantarín te sople cien pavos no tiene que esforzarse mucho). Como decía el genial Marcos Mundstock, orador y fundador de Les Luthiers y fallecido un 22 de abril de este aciago año de la pandemia, "lo importante es el dinero, la salud va y viene".¿O acaso nos es desconocida la guerra comercial (que así se llaman ahora a las modernas contiendas mundiales) que el pedante e irresponsable presidente yanqui libra desde hace más de tres años con el heredero de Mao Zedong a cuenta de la supremacía del puto 5G de los cojones, esa tecnología que promete revolucionar la "prima de la vida", esa pariente virtual que tan bien apuntaba tu amigo Almela? ¿O es que los "expertos" financieros no nos venían advirtiendo desde hace tiempo de que se avecinaba una nueva crisis, con países europeos estancados en su economía, cuando no en clara recesión? Y ahora resulta que, por nuestra mala cabeza, la vida es tan cruel con nosotros que nos condena a una pandemia originada por un murciélago infectado que se embauló un asiático. ¡Venga ya, hombre!. A otro hueso con ese perro. Y es que quizá haya una explicación más simple a este enigma. Guillermo de Ockham, un fraile franciscano que floreció en el siglo XIV, decía: "En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable". Y quizá la más presumible para desentrañar esta cuestión sea aquella que proviene de la interesada mano del hombre, y así, de paso, cargarle el muerto...a la vida. Un abrazo y paciencia desde tu trinchera, querido Berganza. Cipión el receloso.

 

El perro de Baskerville, atento siempre a la controversia, matiza así: "Sea el hombre la causa eficiente de la pandemia, sea el natural azar salido de la recombinación casi infinita de la vida, la cual indefectiblemente se ata a su fin (que no es otro que la muerte) al tiempo que se desata y aparta de todo convenio y acuerdo con los humanos y que se complica ella misma con su propia abundancia, el caso es que mientras se dilucida este misterio -del que saldremos con la misma cara de tontos abducidos que se nos quedó cuando nos contaron la mentira oficial del asesinato del presidente Kennedy- en el ínterin ya habrán vuelto las oscuras aves de rapiña, las de toda la vida, a «normalizarnos» la existencia con su doctrina del usar y tirar el gozo y el placer que ellos diseñan para nosotros; porque ellos (y nosotros) sabemos que el dinero va de nuestras frentes a sus manos, y que como quizá quiso decir el ilustre argentino recién difunto, la pena viene y va, de ti a mí; a ellos eso les afecta poco. Nosotros luego nos entretenemos contando muertos."

 

Atinado e inspirado como siempre, querido y admirado amigo que desde hoy accedes a perruna condición; también, algo fúnebre, pero en todo caso muy apropiado tu comentario para estos tiempos de olor a muerto flotando sinestésicamente en el ambiente. Por doquier. Por otra parte, en su desatinada línea adolescente, trivial y huera, inconsistente y patochera, la ministra de Igual Dá, Irenita Montero, madre de familia numerosa, que se despacha diciendo que la única salida a la crisis económica que nos ha traído el coronavirus será con “perspectiva de género”. Más rápidas que el rayo, las redes la fulminan con un “sí, de género...tonto”.

 

El Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad en el que llevamos trabajando desde el Gobierno de España hace aproximadamente un mes adquiere plena actualidad y ha sido aprobado en el Consejo de Ministros celebrado hoy mismo.

 

Y en esta unidad territorial será donde se producirá cada avance de fase en función de los criterios objetivos que definiré más adelante. Esta asimetría nos permite adaptarnos mejor a cada situación y cada lugar para avanzar hacia un destino final que es el de la Nueva Normalidad.

 

Lo que hemos conseguido, hay que reconocerlo, es enorme. Pero podemos perderlo si no sabemos cuidarlo entre todos y todas. El virus, hay que recordarlo, no se ha ido. El virus sigue ahí, al acecho y continuará hasta que dispongamos de una vacuna o una terapia efectiva. Y falta tiempo, desgraciadamente, para que eso llegue. Hemos de frenar cuestiones que tienen que ver con la impaciencia –que entiendo perfectamente- pero esa impaciencia debemos combatirla y frenarla con cautela y guiarnos siempre por lo que dicen los expertos. Con nuestro comportamiento podemos salvar vidas, podemos proteger nuestra vida y podemos volver a recuperar nuestro país. Ese es, en este momento, el mejor patriotismo.

 

Puedo asegurarles que tratamos de escuchar, de tomar decisiones y también de rectificar cuando es preciso pensando solo en la salud de los españoles y en el porvenir de nuestro país.

 

En estos días, no hay nadie que no piense en lo que hará cuando lleguemos al final de este descenso. En los reencuentros, en los viajes, en el renacer de planes y proyectos que quedaron aparcados.

 

Ese día, desgraciadamente, aún no ha llegado. Hoy nos toca entender cómo es el camino que nos lleva hasta allí. Comprender que no lo conseguiremos con nuestro caminar en solitario, sino mediante la seguridad que nos proporcionan los demás. Que no hay forma de descender solo.

 

Y, entre tanto, preparémonos todos y todas para la siguiente tarea que nos aguarda en las calles, en nuestros centros de trabajo: reconstruir unidos el tejido económico y la vitalidad social de España sin dejar a nadie atrás.

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