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Lunes, 14 de Octubre del 2019
Sábado, 14 Marzo 2015

El Viaje (final) a Ninguna Parte. Aquel lejanísimo Mayo del 68

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CLR/Bartolomé Marcos.

“Sed realistas...pedid lo imposible”. Ha pasado casi medio siglo de la Revolución obrero-estudiantil que desde las Universidades francesas de París y Nanterre, o la de Berkeley en California, pretendió transformar el mundo: fue el último baluarte de la utopía.

La capacidad de absorción de la sociedad burguesa – con sus pilares ideológico-políticos en la democracia formal pero mentirosa del neoliberalismo o de la socialdemocracia como camaleónicas caretas alternantes de la clase burguesa dominante- redujo a literatura y folklore lo que había querido ser un empeño noble de reedificar el mundo desde cero. Casi medio siglo después, la política sigue siendo el arte de lo posible, que en la práctica se convierte desgraciadamente en que casi nada es posible en lo que se refiere a instaurar un orden mundial, distinto al que sufrimos, que garantice libertad, paz y justicia para todos los seres humanos.

 

Claro que mucho antes de Mayo del 68, hace 2015 años, el primer cristiano ya murió por redimir al mundo, y el mundo parece seguir sin redención posible. Los amigos de la Semana Santa no se cansan de recordárnoslo cada año por estas fechas. Más folklore y más literatura, aunque de Interés Turístico Nacional, pero la redención no llega. Los jóvenes estudiantes y los obreros de Mayo del 68 proclamaron también aquello de “la imaginación al poder” y el poder no sabemos si tuvo imaginación, pero sí resortes y recursos como para reducir aquel movimiento revolucionario a pura imaginería: la de esas frases tan sugerentes, creadas por los ideólogos de la revolución del 68, convertidas en eslóganes publicitarios para vender Coca Cola o vaqueros.

 

El 68 acabó convertido en un estilo, pero no de vivir o actuar, sino de vestir o de hablar, válido solamente para adornarse las masas juveniles con la vitola, los clichés y la aureola romántica del revolucionarismo y así ligar más y mejor. De ser un instrumento de lucha, pasó a moda para el tonteo. Sed realistas, pedid lo imposible, y lo pidieron, pero imposible fue. Quiso ser una alternativa radical a la sociedad burguesa que entonces teníamos y medio siglo más tarde seguimos soportando, corregida y aumentada, esa misma sociedad burguesa, en la que ostentan y detentan el poder –sin imaginación- muchos de aquellos otrora combativos e ingenuos revolucionarios, que ya han dejado de serlo (combativos, ingenuos y revolucionarios).

 

De cualquier modo, hace casi 50 años se intentó, y ahora parece que podría volver a intentarse (se ha hablado incluso de “asaltar el cielo”) sirviéndose para ello de alternativas políticas que se postulan como radicalmente diferentes, aunque, frente al Mayo del 68, que implicaba un cambio de la sociedad de abajo a arriba, total, ahora no se busca realmente un cambio de sociedad, sino que la sociedad cambie para dar cabida a las aspiraciones de los que hasta el momento no han podido encontrar su lugarcito al sol que más calienta. No se pide lo imposible, sino sólo aquello a lo que se cree tener derecho y que se considera perfectamente posible o que al menos debiera serlo. Los más sólo piden un sueldecillo para poder consumir, o para poder sobrevivir, aunque para eso hay que conseguir en realidad lo imposible: la transformación de la sociedad.

 

Los que logran acceder al modesto y prosaico lugar al sol de un sueldecito más o menos seguro que dé para comer y para algunos pocos vicios, Internet y móvil incluidos, han cubierto las expectativas de su vida, y se dedicarán a perpetuar el sistema injusto que deja a muchos sin esa posibilidad. No estamos en el mejor de los mundos posibles, porque está claro que el nuestro es rematadamente malo, insolidario e injusto y no ha hecho sino empeorar en los últimos años. Por eso, las jóvenes generaciones- que perciben las incongruencias, los desajustes, y el radical desorden social de fondo del sistema que han heredado- deben recuperar la pulsión revolucionaria, la fiebre arrebatadora, imaginativa y contagiosa, del soñador utópico, la fuerza de futuro de las ideas nuevas y propias, la responsabilidad del compromiso y la denuncia, la generosidad de la entrega a la lucha por un objetivo común...

 

El Mayo francés del 68 (que no fue sólo francés), desde una perspectiva histórica, se saldó con un estrepitoso fracaso en cuanto al objetivo último de alcanzar una sociedad distinta y mejor. Pero tuvo repercusiones en todo el mundo y no fue en absoluto inútil. El sistema capitalista recibió un toque de atención, la casta política (que no es un invento de ahora) se dio por enterada y –por miedo a perderlo todo- se introdujeron retoques y reformas que le dieron apariencia humana a un sistema basado en el dinero, que tiene un pedrusco por corazón.

 

Si en Mayo del 2015 ocurre algo semejante, la mayoría podemos darnos con un canto en los dientes.

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