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Domingo, 07 de Marzo del 2021
Sábado, 07 Noviembre 2020

El Viaje (Final) a Ninguna Parte …Las fotos del milagro. De Lourdes a Australia, pasando por Cieza (y II)

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CLR/Bartolomé Marcos.

Completo esta semana la transcripción de la emocionada y emocionante, intensa carta, que una familia australiana ha remitido al ciezano Fernando Galindo Tormo, agradeciéndole la - para ellos- importante y preciosa contribución de su trabajo como diligente e inspirado fotógrafo-testigo de la realidad, en la milagrosa sanación experimentada en Lourdes por Juliana, una de las integrantes de la familia, aquejada de un gravísimo problema articular que la mantenía prácticamente paralítica y postrada en una silla de ruedas.

La carta cuya primera parte transcribía la semana pasada, continuaba así:

 

Cuando las voluntarias me llevaron al borde de la piscina, noté una estatua de María colocada contra la pared al fondo e Inmediatamente le abrí mi corazón pidiéndole ayuda. Le pedí a María que si me podría calentar el agua. Cuando las voluntarias me metieron en el baño el agua estaba tibia. Me emocioné mucho y comencé a llorar. Cuando mi hija me sacó del área de las piscinas en la silla de ruedas, notó que mi pie ya no estaba morado, sino que estaba rosado.

 

Empecé a sentir una sensación en mi pie; sentí como si agua fría fluyera por la parte superior de mi pie. Le pregunté a mi madre y a mi hija si mi pie estaba mojado, pero me dijeron que estaba seco. Incluso la herida que estaba abierta en mi pierna, que no había sanado durante varios años, se cerró unos días después y se curó permanentemente desapareciendo todos los rastros del síndrome del túnel carpiano.

 

Al día siguiente (lunes 20 de octubre del 2008), fui a la procesión con el Santísimo Sacramento y a la Bendición que había en la Basílica. Le recé a Jesús pidiéndole: "si es tu santa voluntad, ¿podrías curarme tanto espiritual como físicamente, para que pueda ser una madre para mi hija de la manera que siempre he querido ser"?

 

Cuando el sacerdote levantó a Jesús en la custodia durante la Bendición, sentí un dolor insoportable desde la cintura hasta los dedos de los pies en ambas piernas. Sentí como si me estuvieran electrocutando. Era un dolor tan intenso, además de mi dolor habitual, que quería gritar, pero agarré los brazos de la silla de ruedas con fuerza y guardé silencio. Cuando el sacerdote colocó a Jesús en el altar, el dolor comenzó a desaparecer, desde mi cintura hasta mis piernas, parte por parte. En ese momento, supe que algo había sucedido, pero todavía tenía dolor; sin embargo, notaba mi pierna derecha excepcionalmente ligera. Sentí en mi corazón que Jesús me estaba llamando para ir inmediatamente a la Gruta a rezar el rosario en el lugar donde María se había aparecido a Santa Bernardita.

 

Me acompañaron a la Gruta mi madre, mi hija y Paul. Mientras rezamos el Rosario, experimenté un momento místico con Nuestra Señora. Aunque el sol brillaba en mi mejilla derecha, vi una pequeña luz en el cielo directamente frente a mí. Tuve una profunda sensación de que María estaba detrás de esa luz y escuché una voz interior en mi corazón que me decía: "Julie, no te preocupes, todo estará bien. ¡Sólo confía!" En ese instante experimenté el amor incondicional y abrumador de María, ¡como nunca antes! Entonces pude confiar en ella y amarla. Esta fue realmente una experiencia de su amor maternal, que nunca me ha dejado desde ese día hasta ahora.

 

Curiosamente, sólo entonces el Señor permitió que se completara mi curación física que comenzó durante la bendición Eucarística. Mis dedos de los pies, que habían estado tan torcidos, se estiraron y se movieron. El dolor en mi pierna y en mi pie desaparecieron por completo e incluso podía tocar mi pierna sin sentir dolor. Esto había sido imposible durante los últimos ocho años y medio. Le dije a mi madre: creo que puedo levantarme, creo que puedo caminar. ¡Sentía que me deslizaba sobre una nube!

 

El único problema era que mi pierna temblaba pues los músculos aún estaban débiles al no haberlos usado después de tantos años, ¡pero no tenía ningún dolor! Cuando volví a casa, estuve en fisioterapia por seis semanas y luego pude caminar sin ayuda. Desde entonces, no tengo ninguna limitación ni secuela alguna debida a mi enfermedad.

 

Jesús y María me bendijeron con un hermoso regalo que nunca hubiera imaginado: el haber conocido a mi esposo Paul, y la forma en que Jesús y María se organizaron para que Paul estuviera en Lourdes y fuera testigo de mi milagro. Nos casamos en el 2011 y ahora vivimos en Sydney. En la carta que nos enviaste en el 2009, le mencionaste a Paul que estabas "impresionado por la actitud y la fe de tu esposa". Tu comentario resultó ser una especie de profecía, porque en ese momento, ¡no estábamos casados!

 

Fernando:

 

Paul y yo quedamos asombrados cuando nos enviaste el CD de las fotos. La foto que nos impactó más fue la foto en blanco y negro que nos hiciste rezando el Santo Rosario. No teníamos idea de que estabas tomando esa foto. La tuviste que haber tomado con un teleobjetivo porque no te vimos. ¡Lo verdaderamente milagroso de esa foto fue que la tomaste exactamente en el mismo momento en que yo estaba teniendo mi experiencia mística con el amor de María! Ni siquiera mi familia sabía que estaba teniendo ese momento especial con María, ¡pero tú tomaste esa foto exactamente en ese preciso momento! Creemos que Dios te envió a capturar este momento especial junto con las otras fotos que tomaste, ¡para que nunca lo olvidemos! Tenemos la foto ampliada y montada en nuestra pared y cada vez que comparto mi testimonio en parroquias y grupos en Australia, siempre la muestro y cuento sobre "el fotógrafo español". Mucha gente me ha comentado al respecto. ¡Sin ti, no tendríamos este tesoro!¡Gracias, Fernando, por estar tan abierto a la inspiración del Espíritu Santo!

 

Juliana and Paul Elarde

 

El milagro existe si uno está convencido de que existe. Este sencillo relato de humanidad, felicidad y fe, que nos llega desde lejanas tierras en los límites del confín del mundo, demuestra una vez más que la fe mueve montañas. La que ilustra esta segunda parte del relato es “la foto del milagro”, en Lourdes, de Fernando Galindo, tras la sorprendente sanación de Juliana, que aparece aquí con su madre y con quien es su marido desde 2011, Paul Elarde.

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