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Lunes, 14 de Octubre del 2019
Viernes, 22 Enero 2016

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Más deben irse aún, muchos más…pero que muchos más...¡Pijo, dimitan todos!

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Después de Mas, que ya se ha ido (deseamos intensamente que para no volver jamás) , sobran todavía más.

Empezando por los primeros y principales, a saber: el impasible e inútil Don Tancredo, Rajoy I el Recortador, cuyo más sobresaliente mérito en sus cuatro años como presidente del Gobierno ha sido el de sentarse a verlas venir, y así nos ha venido, sin que nadie sepa cómo ha sido, una mejoría económica insuficiente, sesgada, inconsistente, parcial y en precario (como todo en España actualmente), servida en bandeja por los interesados mercachifles de los mercados, y que se puede esfumar en cuanto quieran tres o cuatro mangantes de los que se atreven, porque pueden, a baquetear al país de un lado a otro y hasta hundirlo si les da el antojo. Recuperación tan inconsistente e incierta que no ha servido ni para que el P.P. ganara las elecciones. Mala dosificación de los tiempos, amigos. A Rajoy lo pilló el tren y lo pisoteó el toro. También entre los logros de Rajoy I el Recortador (a los españoles no se les ha olvidado aún el salvaje paquete de reformas-recortes de Julio de 2012) haber confundido la pusilanimidad con la prudencia en un asunto tan grave como el egoísta e inadmisible órdago soberanista catalán, que no ha hecho sino crecer en sus cuatro años de muda actitud contemplativa, con decisiones de las que sus antagonistas aún están riéndose un día sí y otro también. Encima, este impresentable Don Tancredo al que ni siquiera valoran demasiado en su propio partido, va y pierde las elecciones (porque no las ganó y porque, aunque fue el que más votos tuvo, no fue suficiente como para poder garantizar un gobierno estable en España en una situación tan delicada como la que atravesamos). Lo dicho, Rajoy I el Recortador debe irse y su partido proponer nuevo candidato o candidata a la presidencia del Gobierno. Es el mejor servicio que Rajoy puede hacerle a España en la actual coyuntura-tesitura política.

 

Otro de los principales que también debe irse, cuanto antes mejor y cagando leches si hace falta, es el líder del segundo partido más votado (aunque mucho menos votado que cuando perdió también las elecciones, con Rubalcaba, en el 2011, es decir, más perdedor aún que entonces). Sí, Pedro Sánchez debería dimitir por no haber sabido concitar en su partido y en su persona el apoyo popular suficiente en sufragios para auparse a la presidencia del gobierno con estricta legitimidad democrática y sin tener que recurrir a la ingeniería postelectoral para ganar en contubernios y componendas de despacho lo que fue incapaz de alcanzar en las urnas. Este desnortado, acartonado y rancio mascarón de proa de trirreme romana, gladiador de barato péplum de los años sesenta vestido de Cortefiel, destinado ( él y todos los suyos) a ser pasto de las fieras, debería ir ya ensayando su saludo de despedida antes de haber llegado: “Ave, Pablo, morituri te salutant”.

 

Los terceros en discordia entre los principales, los del tal “Pablo” (Iglesias para más señas) que se presentaron como Podemos (...tomar el cielo por asalto, consigna de la nueva iglesia) y que quizá acaben pudiendo, andan por el momento, mientras que pueden o que no pueden, embriagados y mareados con el subidón (lógico con tanta marea) y transmiten la sensación de estar encantados de haberse conocido. Juegan como nadie a lo que para ellos es una profesión, el juego de la política, en el que se desenvuelven como peces en el agua, que por algo estudiaron para eso y ahora están en la fase de poner en práctica la teoría, habiendo contribuido de manera decisiva a configurar un circo parlamentario de gigantes, cabezudos, enanitos y cabezones que para sí lo quisiera Valle Inclán en sus esperpentos. En esa troupe de cabreados liliputienses se enrolan Alberto Garzón y lo que queda de Izquierda Unida, los nacionalistas vascos (¡madre mía!), los nacionalistas catalanes (¡madre mía!, la madre que los parió) y no sé si se me olvida alguno. Todos estos, desde luego, no se van a ir (tampoco los otros, desgraciadamente) y son los extras con los que cuenta Pedro Sánchez para intentar configurar su circense gobierno de España, que –si no diera miedo- sería para morirse de risa. Equilibrios en la cuerda floja tendría que hacer, lo que serviría para completar el espectáculo. Dicen, o eso le dijeron a la Bescansa cuando llevó a su hijo de seis meses al Congreso de los Diputados, que allí tienen guardería. Se me antoja que será insuficiente para tanta demanda.

 

Pues bien, todo nos lo podríamos ahorrar si hubiera nuevas elecciones y en un gesto generoso que la patria les agradecería, hicieran mutis por el foro y tomaran camino de Villadiego Don Tancredo y el gladiador romano Cortefiel, sustituidos respectivamente por Cristina Cifuentes, que volvió de la muerte salvada por un ángel para evitarle a España el abismo y Ángel Gabilondo, el anti-espectacular, reflexivo y prudente pensador que le puede evitar lo mismo a su histórico y honrado partido. De Ciudadanos, por el momento, no hablo, porque pasó su oportunidad. Pudo ser y no ha sido.

 

Insisto: Váyase, señor Sánchez. Váyase, señor Rajoy. España se lo agradecerá. Mucho.

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