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Martes, 18 de Diciembre del 2018
Domingo, 29 Julio 2018

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Mirar en perspectiva (III)

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CLR/Bartolomé Marcos.

Me dice mi querido amigo Pedro Luis Almela, en apresurado pero muy inspirado guasaps sobre mis vacacionales artículos de las últimas semanas, que está bien, que vale, pero que la próxima vez “me hablas –dice él con sus palabricas azules muy bien puestas unas detrás de otras- de La Manga, de mi novia resalá, de sus olas besando playas, de sus cielos azules abrazando sus dos mares, del perfil amable de su brisica, de sus birras frescas entre dos aguas, de sus amaneceres venturosos, de sus atardeceres placenteros a sol puesto, de su ancestral canción depositada pentagrama a pentagrama sobre sus arenas, del piropo continuo de sus pájaros hacia sus mujeres paseantes arriba y abajo luciendo pieles sabrosas, tan llenas de vida y de desesperanza (al menos para mí, o sea para él…dice).

Y continúa: “Recuérdanos a los ciezanos que vivimos en el barbecho eterno casi de este secarral sin historia ni cuento, sea o no chino, qué gozo se paladea cuando te tiendes bajo el oasis de la sombrilla mientras ves, oyes, palpas, el ir y venir de las olas a tus pies. Háblame del mar, marinero, que, al menos en el recuerdo, los que tenemos el barco varado en este desabrido puerto podamos (menos mal que dice “podamos” y no “podemos”) navegar, cuando cerramos los ojos del cuerpo y abrimos la luz de la imaginación, dándole al alma de la memoria timón seguro y velas con las que gobernar vientos”. Este Pedro Luis Almela (ya lo ven…) es un romántico recalcitrante, terne e incorregible, el último romántico quizá, centrado en esta etapa epigonal y postrera de su vida (aunque tiene una fortaleza psicofísica envidiable y no hay vendaval que lo derribe ni contratiempo que lo postre o arrodille), en el porvenir académico-profesional de su hija menor, la bella, inteligente y sensible dona Beatrice. Y digo yo que para qué le voy a hablar yo de todo eso a Pedro Luis Almela, si ya se encarga él de hacerlo más que menos y mejor que bien, y a lo peor eso no le importa ni un pimiento a nadie, ni un carajillo a ninguno. No obstante, al final de este articulito de verano, te hablaré del mar, marinero en tierra, no te preocupes; te hablaré de él.

 

Mientras Pedro Luis añora el mar, aunque sea pestilente y putrefacto, desde su secarral ciezano lleno de avispas que pueden ser asesinas, otros (mis antiguos compañeros de internado de huérfanos de ferroviarios de León), se quejan (es un decir) de la vida y de la crisis: “yo (dice uno de ellos), estoy sentado en un sofá que cuesta 3.500 euros, con el aparato de aire acondicionado que cuesta 2500 euros, a todo lo que da, y por si fuera poco, viendo una peli en una Smart TV de 70 pulgadas que cuesta 4.000 euros. Y estoy feliz y nada incómodo, ni siquiera con los empleados del Corte Inglés que me están mirando muy mal y quieren que salga de la tienda. Pero no voy a salir porque fuera hace un calor de cojones”.

 

El lunes, 23 de Julio, tuvimos una sesión de cine de verano, cine bajo las estrellas, en el multicines al aire libre de Cabo de Palos, con un programa doble que, a pesar de la rebaja del IVA cultural, sigue siendo caro: 6.50 € por persona, para dos proyecciones que revelaban bien a las claras lo que vengo manteniendo de que el cine ha muerto. Dos películas de mucho lanzamiento y propaganda, pero sin fuste, narrativa ni alma: “Mamma mía 2”, un musical desangelado, confuso y mal contado, que explota ad nauseam el éxito de la primera entrega, con un patético y desorientado plantel de consagrados actores y actrices y el redivivo, ridículo e inverosímil “King Kong” humano de “El rascacielos”, interminable sucesión de tiros y acción sin cuento (ni siquiera chino, aunque con muchos chinos dentro), cuya finalización – próximos ya a las dos de la madrugada- aplaudimos con fuerza y muchas ganas de irnos por fin a dormir.

 

Se me acaba el artículo, de modo y manera que para cumplir el encargo del amigo y ser además consecuente con mi comprometido cambio de punto de vista, mirada y perspectiva, allá que me he colocado, acodado en privilegiado y mareante mirador sobre el Mar Mayor, dando la espalda al monte-emblema de la especulación urbanística en La Manga del pestor o en el pestor de La Manga, antaño blanco arenal y ahora abigarrada y sucia colmena, para mirar de frente al mar abierto, al Mediterráneo de nuestra dilatada historia de muchos siglos y bastantes eras en comunidad indisoluble de hazañas, avatares e incidencias mil, polvo, sangre, sudor y lágrimas, que el “nazionalismo”, el primer gran enemigo de España, está empeñado en finiquitar, porque empeñado está en robarnos nuestra patria, nuestra libertad, nuestro bolsillo y nuestra historia. Y, ahora, sí, ahora, le hablaré a Pedro Luis Almela, y a todos ustedes, de su mar soñado, añorado y querido. Pero no lo haré solo. Lo haré con Manuel Machado, que nos dejó dicho así…

 

Era un suspiro lánguido y sonoro/

la voz del mar aquella tarde...(sí, les puedo jurar que lo era)

El día, no queriendo morir, con garras de oro

de los acantilados se prendía. (Una puesta de sol acojonante, de puta madre)

 

Pero su seno el mar alzó potente, (impresionaba, oigan)

y el sol, al fin, como en soberbio lecho,

hundió en las olas la dorada frente,

en una brasa cárdena deshecho. (estremecedor sol de sangre)

 

Para mi pobre cuerpo dolorido,

para mi triste alma lacerada,

para mi yerto corazón herido,

 

para mi amarga vida fatigada... (para los tuyos también, Pedro Luis)

¡el mar amado, el mar apetecido,

el mar, el mar y no pensar en nada!...(Eso… sobre todo).

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