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Lunes, 14 de Octubre del 2019
Viernes, 29 Enero 2016

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Nuevo Paseo Ribereño

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

En las últimas dos o tres semanas he orientado mis largas caminatas matinales por el entorno del río –sol, humo, niebla y mucho adiós fulano, zutano y matutano- para valorar las obras realizadas en el Paseo Ribereño por feliz iniciativa de Teodoro García Egea, nuestro Teodorico el Grande, aunque ha habido empeños incluso anteriores, como los del concejal de los ciudadanos de Cieza, José Luis Vergara Jiménez, pateándose peripatético el recorrido con cinta métrica en ristre, metido a agrimensor kafkiano, y tomando notas frenéticamente a pie de obra, sobre el terreno, que yo, este servidor, lo vide, (y doy fe de ello) cuando aún no se hablaba de ampliaciones.

La verdad es que el resultado, aun mejorable como todo en este mundo, está bien, incluso muy bien. Chapeau por una iniciativa que ha enriquecido significativamente, desde mi punto de vista, un patrimonio de inmenso valor –no sólo económico- para todos los ciezanos, como es el río Segura a su paso por Cieza y el correspondiente entorno en una extensión kilométrica más que apreciable. La actuación ha reparado, mejorado y ampliado el paseo ribereño existente y ha puesto en valor, con una finalidad orientada al disfrute ciudadano, una infraestructura natural y paisajística única, al menos en la Región de Murcia.

 

Sí que puede decirse (yo lo dije y lo escribí) que no habría hecho falta invertir más de cuatro millones de euros de dinero público (lo pague la administración que lo pague) para mantener en condiciones el Paseo Ribereño que ya existía (fruto de una feliz iniciativa en su día del alcalde Francisco López Lucas y de quien fuera primer concejal de Turismo en la Corporación ciezana, Alfonso Luis Castaño Penalva, ambos del P.P.), pero la verdad es que está resultando una obra hermosa que puede proporcionar durante muchos años extraordinarios servicios y satisfacciones a los ciudadanos de todas las edades y convertirse en un reclamo añadido para la potenciación de un turismo local y hasta foráneo de pretensiones quizá modestas pero nada desdeñables. Sí que podría haberse habilitado una vía peatonal un poco más amplia, más generosa, entre el Puente de Hierro y la Presa, pero, finalmente, no resulta tan angosta como parecía al principio y puede cumplir perfectamente su cometido de permitir el paseo tranquilo de grupos pequeños de personas. Sí que la eliminación del cañaveral parece muy lejos de ser definitiva, pero de momento permite ver el río. Sí que falta mucho tiempo para que el arbolado proporcione la fresca y agradable sombra que por estas latitudes agradecería el paseante, pero todo se andará, que a fin de cuentas de andar se trata.

 

El Paseo extiende su recorrido desde más arriba del citado paraje de la Presa hasta el puente del Argaz, discurriendo su trazado por ambas márgenes del río, salpicado más o menos equidistantemente por agradables “tropezones” o zonas de recreo y descanso que invitan al paseante a detenerse a contemplar el río o el paisaje desde las perspectivas novedosas que ofrecen las numerosas playas fluviales habilitadas (quizá con un exceso de piedra), puentes y pasarelas de madera, desde las más sencillas sobre el cauce o en la zona de la Presa, hasta el “monumental” puente próximo al Puente de Hierro, quizá pelín excesivo y pretencioso. Terrazas, miradores y soluciones parece que acertadas y consistentes para zonas delicadas como la de la curva previa al Puente del Argaz completan la que a mi juicio es una obra buena para el pueblo y no mala para su río, a la que ahora le espera el reto fundamental de su mantenimiento, porque si ése era el problema central del paseo ribereño existente hasta ahora, ese va a ser –corregido y muy, muy aumentado- el reto más importante del nuevo Paseo Ribereño ampliado. El domingo, 24 de Enero, por la tarde, la zona del río y su extraordinario Paseo Ribereño, aún sin completar las obras y sin inaugurar, eran un auténtico jubileo de ciezanos y ciezanas, ávidos de contemplar la actuación realizada en la zona. Un ameno y divertido enclave para el esparcimiento y el encuentro. En las caras se notaba satisfacción y, en muchas, hasta orgullo de que Cieza cuente con una infraestructura de estas características que –sin atacar el Medio Ambiente (creo) – lo pone al servicio del esparcimiento y el disfrute ciudadano. Unos kilómetros más arriba u otros más abajo, el río y su ribera ofrecen una cara más agreste y salvaje de la que también pueden disfrutar quienes lo prefieran así, pero –insisto- este es el río de la ciudad, el río en la ciudad y al servicio de los ciudadanos.

 

El miedo ahora, en un pueblo tan refinado y culto (la Atenas del Segura) pero también tan bruto, maleducado, sucio y montaraz como es Cieza, es el miedo a las hordas de los suevos (porque me sale de…), los vándalos (tan bárbaros como su nombre indica), los alanos que estos son los indígenas de las tribus de Abarán que cada fin de semana surcan el monte aupados sobre un ruido, y…¡acabáramos!, los ciezanos, probablemente la tribu más dañina, que ya han comenzado a romper y destrozar lo recién construido, instalado y colocado, en acciones puramente bárbaras y sin sentido, que, dirigidas por la irracionalidad más absurda, ningún beneficio reportan a los energúmenos que las perpetran (salvo el asqueroso refocile y el descerebrado y repugnante babeo de gusto) y por el contrario graves perjuicios ocasionan al bienestar y al patrimonio de la inmensa mayoría.

 

El nuevo Paseo Ribereño está bien. Bien debe seguir estando. Así que ¡¡¡ leña al mono!!!

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