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Lunes, 21 de Agosto del 2017
Sábado, 17 Junio 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Por qué España no se ha hundido todavía

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

España lleva muchos años al borde del abismo: el abismo de la disgregación, del enfrentamiento, de la discordia, y hasta de la desaparición, situación que más de una vez desasosiega e inquieta a los españoles y españolas sencillos.

Y ello por la acción de sus enemigos exteriores, básicamente guiados por la envidia sobre nuestro privilegiado emplazamiento físico en el planeta Tierra y nuestra gozosa y hedonista manera de entender la vida, y, sobre todo, por la acción o dejación de sus más numerosos aún enemigos interiores, los españoles de la vieja y de la nueva casta política de cada una de las 17 comunidades autónomas, regiones, nacionalidades, reinos de taifas sin rey, anacrónicos cantones, trasnochados villorrios tercermundistas o como demonios se las quiera llamar.

 

¿Qué nos ha pasado? ¿Qué nos está pasando? Hay que volver a sentirse orgulloso de ser gallego y español, vasco y español, catalán y español, valenciano, andaluz…murciano, ciezano…y español. Si esto era evidente hasta antesdeayer, ¿es que el corazón nos ha encogido tanto y se ha vuelto tan pequeñito que ya no le caben amores, chistes más o menos gruesos de familia y pasiones mil? La grandeza de este país que milagrosamente aún se sigue llamando España está en su historia común de muchos siglos, en su diversidad y en su alegría de vivir, sin parangón en ningún otro lugar del mundo. Y está sobre todo en la firme voluntad y el seguro compromiso ciudadano, en ningún caso escritos ni la una ni el otro, de millones de españoles y españolas de a pie, de Finisterre al Cabo de Gata, de los Pirineos a Punta Tarifa, de seguir manteniendo viva España (sí, con Manolo Escobar, nada de este país, ¡coño!, ¿es que no sabes cómo se llama?, sino España, mira, así, deletrea…E S P A Ñ A) minuto a minuto, día tras día, cotidianamente, golpe a golpe, verso a verso, en cada ciudad y en cada aldea, al margen de impostadas y vacías proclamas políticas postmodernas, eruditos a la violeta, pesebreros oportunistas de lo políticamente correcto, intelectuales de salón o vocingleros charlatanes de mercadillo semanal, que de todo eso y mucho más (hasta de “rufianes” y demás fauna infame, en la que destaca la especie de los tontos) se han llenado últimamente las tribunas políticas, las pajareras y los escaños del Congreso y del Senado. ¿Corruptos? Sí, también, pero eso ya lo sabíamos…desde los emperadores romanos y antes, pasando por Franco, la V República francesa y hasta l´ancien o le nouveau regime.

 

Italia, un país tan parecido al nuestro por historia, por geolocalización y por carácter (por cierto, cuna de Maquiavelo), hace mucho que aprendió la lección: pasar de la clase política. Asumirla, como un bien necesario o un mal inevitable, pero no dejar que condicionara su vida cotidiana, su filosofía de la vida, sus rutinas. En los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando diversas coyunturas imposibilitaban la formación de mayorías estables, los italianos y las italianas de cada pueblo, de cada ciudad y de cada cuesta, italianos de la intrahistoria, siguieron gozosamente viviendo y progresando al margen de las cuitas, tantas veces infumables, de sus bien alimentados y entretenidos próceres.

 

Los pueblos que habitan este privilegiadísimo enclave, pueblos sabios de dilatado recorrido histórico, fundidos desde hace más de 500 años en el crisol irrenunciable de lo español, hace tiempo que –tantas veces dolorosamente- aprendieron las lecciones de la vida, que no se escriben con letras de molde en ningún frontispicio, sino tras las modestas cortinas exteriores del umbral de los hogares y en el crudo lenguaje de la lucha por la vida. Españoles y españolas de la intrahistoria que no son difíciles de encontrar. De mi casa sale uno cada mañana para trabajar como maestro en El Albujón de Cartagena. Rigurosamente a las siete de la mañana de cada día para hacerse los 75 kilómetros de ida hasta la pequeña población cartagenera y volver cada día pasadas las cuatro de la tarde tras recorrer los 75 de vuelta. En coche propio y por él mismo costeado, sin subvenciones, sin ayudas, sin dietas y por escasamente 1.600 euros al mes netos que le paga el rácano patrón (la Consejería de Educación murciana) por su duro, abnegado y no siempre bien comprendido trabajo. Por cierto que la declaración de la renta le sale a pagar –eso encima- casi 700 euros. Españoles de la intrahistoria que me sigo cruzando cuando cada mañana, sobre las ocho y media, salgo de mi casa para iniciar mi caminata de seis, siete u ocho kilómetros por tierras bajas del Paseo de Ronda, Ribereño, Fatego, puente Alambre y primer camino de la Atalaya. Agricultores, jubilados, malpagados trabajadores por cuenta ajena, empleados y empleadillos apenas mileuristas, amas de casa que siguen fabricando las rutinas que hacen que España siga siendo España. Vivid tranquilos: con vosotros y vosotras queda España para otros 500 años. Los que somos estamos acostumbrados a vivir juntos. Los que queráis iros, ahí tenéis el Mare Nostrum: dad el salto cuando queráis…Ahora, eso sí, sin llevaros nada que no sea vuestro. Por cierto que Rafael Nadal se queda con nosotros.

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