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Lunes, 17 de Junio del 2019
Sábado, 02 Febrero 2019

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. “Un mal español”, de Federico de Arce, o “La escritura fracturada”

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CLR/Bartolomé Marcos.

Hace apenas un ratico tenía más o menos tu edad actual, Federico, o sea 50 años, medio siglo.

A esa edad (y hace ya diecisiete años) otro antiguo alumno mío, Rafael Salmerón Pinar, me brindó la oportunidad de pregonar la Semana Santa de Cieza desde el ambón de la Basílica de la Asunción. Urbi et orbe, y, para mí –todo es relativo en este mundo de fuegos fatuos por doquier- la más alta ocasión que vieron los tiempos. Fuiste alumno mío pero ya te has hecho un hombre, casi maduro (aunque afortunadamente no te pareces a él…) Naciste en el 68 del siglo pasado (efeméride que por mor de las bibliotecas, hemerotecas, sonotecas y videotecas se ha convertido en hito, quicio –y desquicie- referencia de culto y nombre propio), y eso era presagio quizá de posteriores e intensas inquietudes político-poéticas, como así ha sido, aunque no se te conocen cargos, ni siquiera encargos, y has sabido mantener incólume tu hermosa equidistancia y libérrima independencia resistiendo seguramente insidiosos y hasta sibilinos cantos de sirena. Eres, en sentido estricto, un chico del 68.

 

Si entendemos los cien años, el siglo, como el tope generoso, pero más o menos prudente o razonable al que puede aspirar la vida del hombre sobre la Tierra –previsión quizá optimista en exceso, aunque tú disfrutas de excelente salud, ganas y alegría de vivir-, esta última obra tuya que lleva por displicente y provocador título el de “Un mal español”, se produce a la altura del clásico “a mitad del camino de nuestra vida”, del divino Dante en su divina Comedia. Y algo de su inferno tiene también esta obra de Federico…un infierno que, por cierto, él, por edad (es todavía un joven niño grande) apenas tuvo ocasión de vivir y/o sufrir directa y vivencialmente, pero que conoce bien por aprehensión e impregnación intelectual deliberadamente buscada y comprometida, como revela la publicación del libro del que aquí y ahora hablamos, un texto vivo y palpitante, apabullante, sin concesiones, directo y vigoroso, fuerte, de escritura intencional y deliberadamente fracturada, quebrada y rota como España misma, que a Federico de Arce también le duele –seguro- detrás de su apariencia indiferente de alto, recio, robusto e impávido samurai.

 

Hace apenas un ratico, tenía tu edad actual, Federico, y héteme aquí prácticamente llegado, sin comerlo ni beberlo, al calamitoso, desvaído y triste arrabal de senectud. A mí, como a ti, también me duele España, /esta salvaje selva, áspera y fuerte/ que me vuelve el temor al pensamiento/. Mas el tiempo, que nos traspasa sin sentir pero sin cesar, y que nos hace repetir la misma tonta y trágica historia, nos sepultará a todos en el olvido, más pronto que tarde, por muchas leyes de la memoria que intenten evitarlo, de manera que, si bien pensamos, habríamos de dar lo non venido por pasado. La tuya es una causa sin causa, pero preocupada, comprometida y densa, que acaba trascendiéndose a sí misma para construir –rompiendo- un relato asfixiante, a ratos áspero y desconcertante, a ratos irritante (¿por qué este muchacho, rebelde e inclasificable, que da clases en un antiguo matadero, no pone alguna coma, algún punto, una mayúscula de vez en cuando?) …pero siempre hermoso. Por cierto que de eso nos damos cuenta sólo al final. Al llegar a la última página y cerrar el libro, escrito con prosodia no tanto fracturada cuanto incluso conminuta porque el estropicio es descomunal y mayúsculo, y eso que mayúsculas no hay ninguna en esta historia de una guerra civil que empezó con el carlismo y que –y esto es lo terrible- “nunca ha acabado”…Que está hecha con material de derribo y con sangre, sudor y lágrimas. Para llorar de risa, o para reírse después de tanto llorar.

 

Pedro Luis Almela, que ha leído el libro porque yo se lo dejé, dice de “Un mal español”, tras haberlo leído: “quizá al leer tanto horror como destila el libro, nos vacunamos de alguna forma contra las innumerables y terroríficas caras del odio más salvaje. Y eso que sólo se habla aquí del horror “azul”, porque del terror “rojo” apenas dice nada. España, con qué mala follá te engendró tu padre y en qué mala hora te parió tu madre. No me gusta el formato, pero aún así su lectura es hipnotizante…” “Un mal español”, de Federico de Arce Ramos…poesía a pesar de todo.

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