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Domingo, 07 de Marzo del 2021
Viernes, 01 Enero 2021

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Vergonzoso

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Hola, soy Berganza, el del “Coloquio de los perros”, y vuelvo a hablar hoy con uno de mis perrunos contertulios guasaperos más o menos habituales, el incisivo perro de Baskerville, después de haberme parado unos instantes a saludar en la calle al alma mater de estos diálogos, el erudito y bien documentado Cipión, que iba, por cierto, con su nietecica sentada sobre sus hombros, a coscoletas, encantada y feliz de haberse conocido y más ancha que larga de poder cabalgar sobre las fuertes espaldas de su aún joven abuelo Cipión, que me ha comentado, de viva voz y sin intermediación tecnológica de ninguna clase, que había sacado a pasear a su nieta pequeña y que se le había ocurrido subir con ella hasta la estación del ferrocarril de Cieza, para revivir sensaciones de las que yo había intentado transmitir en alguno de los cinco relatos de mi “Noviembre dulce”, recientemente publicados aquí mismo, en una suerte de breves pliegos de cordel.

Cipión intentaba alcanzar el andén de la estación, a tiempo de ver llegar, parar y salir en dirección, en este caso a Cartagena, al segundo de los trenes Alvia de la mañana. Hemos intercambiado impresiones, nos hemos preguntado por la salud…bien, gracias…y hemos coincidido en que la llegada de las primeras vacunas contra la COVID 19 a España marcaba el principio del fin de este vergonzoso timovirus que -primero de muchos que vendrán- estamos aún padeciendo en España. Vergonzoso en su gestación, en su desarrollo y en sus epígonos, o sea, como solía decirse, antes del parto, en el parto y después del parto, la sinvergonzonería que no cesa. Oye…y con un par...Sin complejos de ninguna clase. Que se mueran los feos…Que ladran luego cabalgamos… Ahora llega el tiempo de explotar, comercialmente unos y políticamente otros, unas vacunas que seguramente ya existían antes de que se diera el pistoletazo de salida de una pandemia que empieza a oler demasiado a genocidio selectivo y eutanasia en masa. El perro de Baskerville se duele de que una de las cosas con las que ha arramblado la pandemia ha sido con la Navidad tal y como la conocíamos.

 

El perro de Baskerville se pone profundo y añade que…. entre los miedos, las prevenciones, los telediarios, la deificación de la ciencia (siempre subiendo dioses a los altares, ¡qué manía!..), los recelos, las ansias y ansiedades, las depresiones, las nostalgias, las ausencias, la rabia, la angustia, la tristeza, los encierros, los aplausos desde el balcón, el ulular de las sirenas, los rumores, la crispación social traída por la mucha incompetencia de tantos políticos de todo signo y condición, la distancia, el confinamiento...entre todas esas maldades que la plaga nos ha traído este año, al llegar estas fechas he notado además como otro retroceso del espíritu navideño que ya se empezó a sentir el año pasado y el anterior, y tal vez nos tendríamos que ir más y más atrás.

 

En esta Navidad triste de la ramplona y pedestre Nueva Normalidad se escuchan pocos villancicos, y esos pocos con escaso fuelle, sonando muy abonico, como para no molestar, como con desgana; los «belenes» pasean a hurtadillas sus imaginarias postales de un tiempo remoto (y de un mensaje aún por descubrir) por las crónicas de los medios televisivos... Los adornos luminosos que cuelgan con su luz fría sobre nuestras calles semidesiertas, igual podrían servir para una boda, que para un bautizo o para anunciar la feria anual, pongo por caso. El mito de la Noche Mágica se nos va diciembre tras diciembre entre aleluyas casi inaudibles mientras que de manera subrepticia, como andando de puntillas por el pasillo de los días pero firme en su decisión, un Nuevo Mundo (?) parece querer entrar apartando al viejo y caduco de los que ya peinamos canas, liquidando a su paso tradiciones que, dicha sea la verdad, ya pocos practican y menos entienden y que por lo que se ve, quedan más «cool» en los escaparates; aquel universo, matriz y paraíso de la felicidad de nuestra infancia que nos llenó de imágenes ilusionantes y que conocimos de zagales y luego de jóvenes y adultos, en su marcha al pasado desde este nuestro «prometedor» presente enmarcado en la Nueva Normalidad, es ya más espalda que rostro y presencia. Será mejor o será peor ese melón sin abrir del futuro que nos espera agazapado tras las puertas de este desgraciado 2020, eso ni lo sé yo ni a ciencia cierta lo sabe nadie; pero sí tengo la certeza de que en este «Nuevo Orden» que tal vez nos estén imponiendo, no se sabe bien quién o quiénes, la imaginación no tendrá un lugar preponderante tal como lo tuvo antaño, cuando los sueños estaban hechos de la materia intangible y etérea de las ilusiones y de la esencia controvertida y apasionante de las leyendas. Estaban allí, en nuestras cabecicas, donde surgían poderosos sin necesidad alguna de enchufarlos a la corriente eléctrica.

 

Sí, Cipión amigo. Ganan la ramplonería, la zafiedad, el oportunismo, la pura propaganda fácil para gentes de poco entendimiento, apoyada en presupuestos que generosamente pagamos todos. Imágenes que contrastan con las de países como Francia o Alemania, donde se ha dado protagonismo a la llegada de las vacunas sin colocarles ningún tipo de cartel o pegatina que relacione ese feliz advenimiento con la acción puntual del Gobierno. Aquí, en esta España suya que les importa un pimiento salvo para exprimir la teta exangüe, llama la atención la utilización del logo institucional por parte del Ejecutivo central ya que durante el pasado verano fueron los presidentes autonómicos madrileño y gallego los que recibieron fuertes críticas ante el uso de los emblemas autonómicos durante el reparto gratuito de mascarillas a los ciudadanos. Mientras, en esta aburridísima Nueva Normalidad, la impunidad y el auge de los imbéciles adquiere las trazas tenebrosas e inquietantes de un suicidio inexplicable. Esta misma semana, las Juventudes del PSOE de Madrid han organizado un acto, bajo el lema de “La menstruación es política”, en el que han promocionado la venta de un calendario de “arte menstrual”, con ilustraciones elaboradas a partir de sangre procedente de la regla de la propia dibujante. Si esto no es apoteosis de la imbecilidad y descerebrado epítome de la decadencia, que venga Dios y lo vea.

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