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Lunes, 08 de Marzo del 2021
Viernes, 05 Febrero 2021

El Viaje (más Final aún…) a Ninguna Parte. El abuelo y su nieta (II)

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

(Escribí un artículo hace casi 14 años con este mismo título y entre paréntesis un (I). Ni que decir tiene que aunque la línea de redacción, la motivación y el sentimiento son los mismos, el contenido es radicalmente otro).

Stop. Halt. Arrêt…Yo soy el abuelo, autor de este artículo, y antes de seguir debo advertirles muy seria y severamente sobre que es muy probable que vaya a babear. No, probable, no; con su permiso, o sin él, es seguro que voy a babear, y, en estos tiempos de coronavirus (timovirus ya desatado, descontrolado, con el negocio a reventar -tests, mascarillas, vacunas, vademécum y la Biblia en verso- hasta que la avaricia rompa el saco, cada vez con menos miramientos y sin reparos o remilgo nulo o ninguno, a cara descubierta y sinvergüenza (lo empleo como adjetivo de cara)-, les advierto que la cosa puede ser grave por aquello de los contagios, que, según dicen, están disparados, y, a través de aerosoles y gotículas, incluso pueden llegarles vía anaeróbica y a través de mac-lujianas autopistas. Improbable lo del contagio hablando en serio, en serie o en sirio, (o, si quieren, en aranés) pero posible, ¿por qué no? Cosas más raras y difíciles se han oído, visto y dicho desde que empezó, hace ya un año, este “loquesea” de ridícula locura, hamletiana tragicomedia en tiempos oscuros, terribles, tremendos y, también, bastante esperpénticos. Así que este puede acabar siendo un artículo para leer con mascarilla, como mínimo, quirúrgica, vamos, con trapo sucio en nariz y boca, y que sea lo que Dios quiera. Allá ustedes… Oigan, y, antes de nada, una pregunta de un espectador desconcertado de la vida actual sobre la Tierra: ¿por qué han restablecido la normalidad de siempre así de bien en territorios como Australia y sin embargo estamos tan mal en Europa y en España? Pero…corramos un estúpido velo y vayamos con la nieta, que es hoy, aparte de mí, el tema.

 

Hace tiempo que decidí ocupar mi tiempo con la familia o con la gente común y corriente, la gente noble y sencilla, guapa, bondadosa y honesta, que en España, y en Cieza, o en esta renacida Siyasa, y yo creo que también en el mundo, es la especie de gente más frecuente y predominante entre las diferentes especies de gente que habitan el planeta. Pues, ella, mi nieta, Alba María Sánchez Marcos, concentra en su personita todos esos adjetivos encomiásticos que yo pudiera tener a mano y más aún los otros muchos con los que cuenta el rico y expresivo léxico de nuestra castellano-murciana Lengua Madre y que yo le aplicaría con gusto a esta nieta mía con carácter y criterio, ocasionalmente ceñuda y caprichosa, pero de entrañas limpias, claras y puras.

 

Mi nieta es la única nieta que he tenido hasta la fecha, Alba María, aunque también tengo un nieto que se llama Ricardo, que otro día hablaré de él y de sus hazañas, que hoy no le toca a mi principito zumbón y valiente. Hoy es el día de mi princesa, la reina de mi corazón, y oráculo, inspiración y guía de mis afanes, además de mi vecina desde hace seis meses (vive al otro lado de una puerta blanca, como la mía, blanca, inmaculada y limpia como su corazón). Es la única que, por el momento, aguanta mis interminables (y supongo que espantosas, aunque a ella no se lo parezcan, o al menos eso me dice candorosamente) peroratas y disertaciones-elucubraciones de profe jubilado que aún busca audiencia. Y que, en ella, en Alba, sorprendentemente, la encuentra. Y, ¡oh maravilla de las maravillas!, audiencia… gustosa. ¡Jo! Es que estos profesores, jubilados o no, no tenemos remedio. Se nota siempre que somos o hemos sido profesores. Siempre dándole a la sin hueso. Pero no vayan a creerse ustedes que para cuestiones meramente baladíes o intrascendentes, no…últimamente hemos compartido sesudas conversaciones y reflexiones sobre la película “El Nombre de la Rosa”, que vimos juntos para cumplimentar un trabajo del Instituto, o para preparar un examen de morfología y semántica, que Alba ya estudia cosas de un cierto nivel. Por ejemplo, Alba sabe ya perfectamente que la palabreja “procrastinar” (que quizá usted, estimado lector no ha oído, leído o usado nunca) se refiere en castellano a la perniciosa y extendida costumbre de “dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”, o que “obsoleto” es algo “pasado de moda”, probablemente como su abuelo mismo, o que “trampantojo”, que es algo que anuncian como postre en muchos restaurantes, no es sino “una ilusión óptica”, o que la palabra “apocatástasis” se refiere a los desastres que acompañarán al fin del mundo, que inevitablemente llegará en algún momento y que debe estar relativamente cerca cuando los científicos del “reloj del fin del mundo” han situado las manecillas de la cuenta atrás a diez minutos de la medianoche del día final de los tiempos, que parece acercarse imparablemente, a velocidad creciente, en parte por nuestra propia inconsciencia ante un mundo que ni piensa ni tiene por qué pensar en nosotros. El otro día me quiso ella misma sorprender con la palabra “idiosincrasia” (“modo de ser característico de una persona o cosa y que la distingue de las demás”). Sorprenderme con algo así forma parte precisamente de la idiosincrasia de mi nieta, que está ya plenamente imbuida del amor por las palabras que le ha inoculado su abuelo antes que la vacuna de Bion Tech, Moderna o Astra Zeneca contra el coronavirus. Porque las palabras son un antídoto contra la estupidez, que es enfermedad más grave aún que la que actualmente preocupa al mundo. Para mí fue una feliz y grata sorpresa que Alba haya encauzado y asumido como costumbre propia la del amor por las palabras, que a su abuelo, en determinada ocasión, le salvaron la vida. Mi querida nieta, que ya va para guapísima y esplendorosa jovencita de acreditado y excelente cociente intelectual, cumplía 14 mavillosos añitos este 4 de Febrero. Sé que ella esperará otros regalos, y seguro que alguno que otro habrá. Sus padres, María Mercedes y Antonio Ricardo, sus abuelos Mari Carmen y Joaquín y su abuela Merche, además de tates y tatas, se encargarán de ello. El abuelo Bartolo, jubilado y pobrecico, le regala sólo las palabras, que tampoco son suyas, pero que lo son en tanto que bien comunal y mostrenco del que se sirve disponer a su libre albedrío. Me compensa saber que el de las palabras es un bien que ella valora y aprecia, y que algún día, como a mí, le puede hasta salvar la vida. Sé también que al menos va a haber dos personas, dos mujeres a las que quiero mucho, que me van a leer y me van a entender perfectamente, porque acaban de acceder a la condición biológica de la abuelez y de la bisabuelez y están babeando en estos momentos, como yo lo hago en estas líneas, contemplando arrobadas a su primer nieto y biznieto respectivamente, mientras duerme plácidamente, flotando sin agobio, tortura ni presión, en el piélago apacible de sus miradas amigas.

 

Alba no engaña. A Alba la miras y la adivinas…La miras y ves, en sus ojos, su corazón, y ves, en su corazón, que el mundo puede y debe ser un lugar de paz, concordia y armonía, y no de guerra, enfrentamiento y discordia. Sé que me pongo tierno y buenista, y que soy abuelo y babeo, pero no teman, que ahora viene lo recio: las “Albas” de este mundo, que son muchas, deben imponer su bonhomía en este puto mundo de mierda que -si nada ni nadie lo remedia- les vamos a dejar como infortunada y desgraciada herencia. Ya es jovencita de instituto y las servidumbres de la edad, de la etapa vital a la que está accediendo, el tirón salvaje y la inercia del rebaño mandan mucha romana, pesan lo suyo. Lastran. Pero me consta que Alba es una personita de criterio, que nunca se deja arrastrar, y mucho menos por la manada, y menos aún por la horda o la jauría…En esa resistencia de mantenerse firme en afirmar su personalidad siempre encontrará a su abuelo. Palabra de abuelo al que sólo le queda eso, la palabra. Lo juro.

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