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Martes, 20 de Abril del 2021
Sábado, 06 Marzo 2021

Familia poco ejemplar

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Este mundo de hoy en día es muy perverso. Con todas estas redes sociales, foros, cámaras en los teléfonos, háckers y demás, no hay quien guarde un secreto.

Y eso que para muchos y muchas lo de guardar secretos es no solo recomendable, sino absolutamente necesario. Y claro, en nuestro mundo interconectado cuesta muchísimo sustraer a la mirada del respetable aquello que no queremos que los demás sepan.

 

A ver… Puede que a los demás les importe un comino conocer secretos de quien carece de fama y renombre. Si yo, por ejemplo, fuese víctima de un hácker que quisiera ganarse un dinero con mis historias más inconfesables, pues me temo que el pobre debería buscarse otro trabajo. Pero si quien es descubierto con las manos en la masa no solo es conocido, sino que resulta que pertenece a la dinastía reinante en España, pues la cosa cambia. Y he aquí que ante nuestros incrédulos ojos desfilan, un día sí y otro también, las poco edificantes hazañas de algunos miembros (o exmiembros) de la familia real española.

 

Lo cual, por cierto, en España no constituye una novedad. Y si no, basta echar un vistazo a la hemeroteca o a los libros de historia: desde Felipe V, el primer Borbón, hasta Juan Carlos I, el último antes del rey actual, prácticamente todos y cada uno de los diez reyes de la dinastía que han reinado y precedido a Felipe VI han ofrecido al respetable motivos para la crítica y el cotilleo, al igual que sus familiares y allegados. La diferencia con otros tiempos radica no solo en la inmediatez, gracias a los modernos canales de comunicación, sino también en la extensión, en el conocimiento generalizado que de estos dimes y diretes tenemos el público en general.

 

Y sobre todo de un tiempo a esta parte, parece que detrás de cada esquina, cada palmera y cada recepción de hotel del mundo hay un paparazzi o un periodista de periódico serio o una amante despechada que inmortalizan el momento de dudoso comportamiento de los actuales miembros (y exmiembros) de la familia real. Que las hijas del rey emérito van a ver a su padre y de paso se vacunan (o son vacunadas, vaya a usted a saber) contra la Covid-19 sin que por edad les toque, pues allí que está el ojo indiscreto que lo graba y lo hace público. Que el rey emérito pasa su pseudoexilio en una modesta casita de 30.000€ de alquiler al mes, nadie sabe cómo pero nos enteramos casi antes que él. Que el yerno convicto falta un día a sus deberes en la asistencia social con los que salda sus cuentas con la justicia y con su tercer grado, a los cinco minutos lo podemos ver en un programa de sociedad. Vamos, que así es imposible vivir tranquilo para algunos miembros (o exmiembros) de la familia real.

 

Pero lo malo, en realidad, no es que tengan sus secretos y sus vicios inconfesables. Los españoles hemos pasado, tradicionalmente, por encima y de puntillas sobre los dudosos enjuagues de cama y extramatrimoniales que, admitámoslo, son muy habituales no solo en las casas reales, sino en toda la sociedad. Lo malo es que cada vez se hace más evidente que no solo se trata de líos amorosos o de pasión por las fiestas poco recomendables, sino que la mayor parte de estos comportamientos reprochables en quienes precisamente deberían dar ejemplo son de una naturaleza muy distinta.

 

Y tiene demasiado que ver con actividades no ya poco morales, sino en demasiadas ocasiones ilegales. Y también con el abuso de una posición predominante que, en una familia (o exfamilia) real, destruye por completo su credibilidad y la creencia que muchos ciudadanos tienen de que estas personas que constituyen la primera familia de España deben ser un ejemplo a seguir. Y lo peor es que lo hacen despreciando (no cabe otra interpretación) a un pueblo que hasta ahora siempre les había apoyado y, todo hay que decirlo, sostenido económicamente.

 

Ya sé que muchas personas que lean esto pensarán que soy un furibundo antimonárquico o un extremista republicano. Creedme: no soy ni una cosa ni otra. Pero lo que sí soy es un ciudadano español que siente vergüenza ajena por muchos de los chanchullos y escándalos de los que nos enteramos y, además, vergüenza propia de que se nos trate a los españoles como si viviéramos a finales del siglo XIX, y no del XXI. Porque ya no somos súbditos, sino ciudadanos libres. Y el ciudadano libre se guía por la ejemplaridad de quien nos gobierna y nos representa, y si lo que vemos es todo lo contrario exigimos explicaciones y responsabilidades.

 

¿Sabéis cuál es la impresión que saco de todo esto? Pues que el principal enemigo de la monarquía en España es, precisamente buena parte de la familia (o exfamilia) real española.

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