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Martes, 26 de Enero del 2021
Viernes, 27 Noviembre 2020

Hay quien niega la violencia de género

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

“La violencia no tiene género”. Ayer, 24 de noviembre, antes de escribir esta columna, mi hijo me mostraba un tweet que se estaba haciendo viral y que decía ni más ni menos que eso: “La violencia no tiene género”.

Lo que yo me pregunto es si muchos de quienes lanzan y comparten esa frase y otras similares tienen madres, esposas, hermanas o hijas. Y si las tienen, no comprendo cómo pueden decir o pensar cosas como esas.

 

Que la violencia no tiene género, que es un asunto intrafamiliar, es una falsedad absoluta. Una mentira burdamente apuntalada con unas estadísticas que, lisa y llanamente, no existen, y que según sus inventores demuestran que mueren tantos o casi tantos varones como mujeres por violencia debida a su género. Y como creo que muchas de las gentes que piensan así y distorsionan a sabiendas la realidad son como mínimo lo suficientemente inteligentes para saber lo que hacen, eso me lleva a sospechar sobre las verdaderas intenciones de quienes niegan la violencia de género. O sobre sus motivos ocultos.

 

En el momento de escribir esta columna habían sido asesinadas en España, en lo que llevamos de este infausto 2020, 42 mujeres. Cuarenta y dos personas de distintas condiciones sociales, económicas, culturales, incluso familiares. Con prácticamente solo dos cosas en común: el ser mujeres y el haber sido víctimas de hombres. Las estadísticas muestran la condición femenina como principal nexo de unión entre las víctimas, además de que sus verdugos son hombres. Y no se trata de una lacra privativa de nuestro país, ya que las cifras relativas y absolutas son incluso mayores en nuestro entorno. Por cada diez mujeres muertas por un hombre hay solamente un hombre asesinado por una mujer, por lo que llamar violencia intrafamiliar al asesinato de mujeres por sus parejas, exparejas, padres o hermanos es como llamar riachuelo al Amazonas o brisa a un huracán. Es, ni más ni menos, intentar esconder (yo diría justificar) una vergüenza social y nacional contra la que se debe luchar, y no intentar taparla.

 

Y vuelvo al principio. ¿Por qué se quiere camuflar esta violencia? ¿Cuál es el motivo que mueve a mucha gente a echar arena sobre la sangre de las víctimas e intentar minimizar sus muertes haciendo creer a los demás que son solo una parte del problema? Puedo aventurar algunos. Por ejemplo, el ultraconservadurismo que no soporta que la mujer sea, cada día más, una persona, con sus derechos y deberes iguales a los de los varones. Muy al contrario, para este tipo de personas y este sistema de creencias la mujer es un individuo de segunda categoría, inferior al hombre y poco menos que una propiedad de este. Por tanto negar la especificidad del problema que les afecta es negar su propia individualidad como seres humanos, incluso negar que se les mata porque son mujeres. Y así se intenta mantenerlas como seres subordinados y dependientes, como personas de segunda categoría en suma.

 

La otra razón por la que se niega la evidencia es muy simple: el cálculo electoral. En España existe un machismo subyacente de amplias proporciones. Muchos lo niegan, pero en el fondo (más bien cerca de la superficie) sus convicciones siguen creyendo en la superioridad del hombre sobre la mujer. Y les disgusta profundamente la lucha por la igualdad entre sexos y las cotas alcanzadas por la mujer en esta lucha. Les molesta incluso pensar que la mujer, en algún momento, alcance esa ansiada igualdad con el hombre. Y ese machismo es aprovechado por ciertos grupos políticos que lo fomentan incluso y que apelan al “agravio” de estos hombres que ven en peligro su supremacía, muchos de los cuales les darán sus votos. Una muy peligrosa manera, a mi modo de ver, de pescar votos de unos hombres cuyo sistema de creencias, muy ligado al ultraconservadurismo, se cae a pedazos ante el cambio social que avanza imparable y que muchas veces les deja en evidencia.

 

Habría una tercera razón más subjetiva y que tiene una componente de temor, de miedo, para muchos hombres: miedo a que se descubra que muchas mujeres son iguales, o mejores, que ellos; miedo a perder esa superioridad que creen tener sobre las mujeres y que es absolutamente falsa, basada tan solo en la convención social de un machismo soterrado que aún perdura entre nosotros; miedo, en fin, a perder una posición de prominencia que no se han ganado y que, desde luego, poco duraría en una sociedad sin machismo.

 

Y en el caso de las mujeres que niegan la existencia de la violencia de género, no puedo por menos que mostrar mi más profunda perplejidad e incomprensión. No lo entiendo, lisa y llanamente. Todo el mundo tiene derecho a sus propias opiniones y valores, pero no entiendo cómo alguien puede rechazar que exista una amenaza contra su propio género tan evidente que es muy difícil desviar la vista hacia otro lado para no darse por enteradas de la realidad. Máxime cuando ellas mismas, en cualquier momento, pueden ser las próximas víctimas de la violencia de género.

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