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Lunes, 14 de Octubre del 2019
Domingo, 20 Octubre 2013

La burbuja cultural

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Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela

CLR/Antonio León Más Gómez.

Tras décadas de crecimiento, la dura recesión ha calado en el producto cultural. La subida del IVA, los recortes presupuestarios culturales en los diferentes niveles del organigrama del Estado y en grandes empresas que ejercían un amplio mecenazgo, junto a una alta tasa de paro y una rebaja en los salarios nos deparan un lamentable panorama: la desaparición de festivales, el cierre de salas de cine, la bajada en el número de espectadores, la inactividad de numerosas fundaciones… y, sobre todo la ausencia de iniciativas globales que tanto bien aportaría a una población tan baja de moral y de expectativas.

De entre todas las artes considero que es el teatro el que más nos podría ayudar para esta triste situación, porque el espectador se ve reflejado en esos personajes con sus historias, sus pasiones y soluciones en un mundo como el que vivimos, tan imaginario como real. Y de entre todos nuestros dramaturgos, los clásicos son quienes mejor nos harían comprender y redimir nuestros pecados y aligerarnos con una sonrisa de las difíciles circunstancias que atraviesa nuestro país. Desde los años noventa del pasado siglo el mercado del arte tuvo una fase expansiva en diversos aspectos debido a:

 

- La construcción de grandes recintos expositivos, auditorios, palacios y congresos…

 

- La inyección de grandes sumas de dinero público y privado para costear eventos efímeros, ampliaciones de instalaciones culturales, construcción de nuevos museos, bibliotecas...

 

- la aparición de un amplio elenco de artístas emergentes junto a la consolidación y reconocimiento de generaciones anteriores, la creación de grandes concursos y premios, el nacimiento de nuevas salas y galerías de arte, la realización de amplios cursos de formación, la apertura de nuevos centros públicos y privados de formación básica, media y alta, creación de nuevas salas de subastas…

 

En definitiva se produce una socialización del arte y consecuentemente el Estado, como garante constitucional, es nuestro primer mecenas habilitando las infraestructuras necesarias y los medios formativos para ello. De la misma forma que el modisto francés Pierre Cardin socializó la moda en los años 80 del pasado siglo con la creación del “prêt-á-porter” frente a la alta costura. Ahora, y a través de esta mencionada socialización, disponemos de magníficas instalaciones culturales y centros de formación, junto a una amplía base social que demanda productos culturales de calidad. Aunque creo que queda mucho camino por recorrer, también debemos asumir que esta política expansiva ha terminado dada la actual coyuntura económica y política cultural. Ahora nos encontramos ante la cruda realidad de asentar proyectos iniciados y redimensionar nuestras capacidades y necesidades. Quizás sea la etapa más difícil de sobrellevar ante la actual recesión económica, y consecuentemente social, que vivimos. Aunque el reto creo que es más de gestión e innovación, pues el cine, la música, las artes plásticas y escénicas han sufrido durísimos tiempos pasados. Imagínense en la etapa de la postguerra donde apenas existían orquestas, el papel estaba racionado, la censura actuaba sin piedad, la mayoría de nuestros intelectuales como la Generación del 27 y creadores estaban en el exilio. Y, sin embargo, las musas de las artes sobrevivieron, claro que a un alto precio.

 

Durante estos pasados años resultaba extraño comprender como entidades financieras, ahora nacionalizadas y otras rescatadas, junto a nuestras instituciones públicas, emprendían o financiaban grandes exposiciones temporales y faraónicos proyectos arquitectónicos sin una sólida justificación cultural como si de una “enfermedad caballeresca” de Alonso Quijano se tratara. Se ha contemplado al artista regional como un genio de las vanguardias, a una sencilla novela en un gran best seller…,e incluso a la reina de las fiestas como una “top model”. Todo era a lo grande independientemente de las necesidades, gustos, presupuestos, capacidades y localización. Cualquier fecha encajaba perfectamente para una gala, un concierto, una inauguración, una ampliación, una publicación, un desfile, un ágape…y una obra civil. Una pregunta de don Quijote al artilugio parlante (el mono adivino) del titiritero maese Pedro resume bien lo mencionado: “Dime tú, el que respondes, ¿fue verdad o fue sueño lo que yo cuento que me pasó en la cueva de Montesinos?”. Ahora, y fuera de la cueva, volvemos a ser cuerdos. Y aun más si releemos la biografía de nuestros escritores, compositores, pintores, escultores, diseñadores, actores…descubriendo “el divino fracaso” en que vivieron y las dificultades que atravesaron en un país tan despiadado con lo cultural unido a la actual política y económica.

 

Ya tenemos el tan deseado museo, teatro, sala de conciertos… pero ahora somos incapaces de crear o mantener una programación. Resulta que no disponemos de financiación. Hemos generado tales dinosaurios culturales que no podemos alimentarlos. Algunos de estos animales exigen un cuidado y atención especial que hace muy dificultosa su supervivencia.

 

En cuánto a la tasación de mucha obra artística, también se ha producido una burbuja. Muchos de los bienes artísticos tangibles que se ofrecían como un valor seguro, e incluso refugio ante crisis económicas, han visto caer su precio de manera progresiva durante estos cinco años. El mercado calentó los precios, bajo criterios variables y con poca transparencia e información al comprador, que ahora, en la mayoría de casos, ve como el mercado es muy selectivo y paga por debajo del precio origen generándole minusvalías. Si desde el inicio de la crisis hasta la fecha el precio medio de la vivienda ha bajado un 39%, ¿cómo no va a bajar el de una escultura, pintura, grabado, libro, sello? Aunque debo destacar que muchos artístas nacionales y piezas han mantenido sus precios y mercado. Lógicamente estos no tienen nada que ver con las constantes noticias que aparecen en los medios de comunicación mencionando nuevos récords en subastas de firmas internacionales con obras de Picasso, Renoir, Matisse… e incluso españoles como Sorolla, Chillida. Pero eso son otros circuitos.

 

Para finalizar, deseo comentar cómo numerosos orfeones y orquestas han desaparecido a consecuencia de la grave crisis que atravesamos. Algunos colectivos de intelectuales han criticado duramente la situación que esto supone, sabedores del gran retroceso cultural que implica, pues una orquesta necesita mucho tiempo para encajar y madurar sus miembros y repertorio. Ahora disponemos del auditorio o espacio para conciertos pero somos incapaces de subvencionar una orquesta. El mundo al revés. Sin embargo, al ver recientemente como en nuestra localidad un grupo de jóvenes se ha lanzado a la creación de una orquesta he sentido una gran sorpresa y satisfacción, pues ese entusiasmo emprendedor es revitalizante y nos enorgullece de nuestros jóvenes músicos. Adelante.

 

Antonio León Mas Gómez.-

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