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Jueves, 17 de Agosto del 2017
Domingo, 09 Abril 2017

"PAS" el salvador

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Uno ya tiene una edad. Ha visto muchas cosas y está de vuelta de otras muchas. Pero he de reconocer que esta semana el expresidente Pedro Antonio Sánchez me ha sorprendido.

De que Sánchez es un animal político no cabe duda. Durante diez años fue alcalde de su pueblo, Puerto Lumbreras, además de diputado regional. De hecho, abandonó la alcaldía para incorporarse como Consejero de Educación en el último gobierno de Valcárcel. Con 39 años ya era presidente de la Región de Murcia.

 

Pero esta completa y rápida carrera política, además de sus luces, tiene sus sombras. Las denuncias por corrupción le han llovido desde los más diversos sectores, librándose contra todo pronóstico de muchas de ellas. Pero su nombramiento como candidato a la Presidencia de la Región de Murcia cuando estaban en marcha varias investigaciones en las que aparecía su nombre fue mal recibido por muchos sectores de su partido en la Región, ante el peligro de que ocurriese lo que finalmente ocurrió: que fuese investigado (imputado) por varios presuntos delitos.

 

Y aquí empieza el espectáculo. Las imágenes de Sánchez con el ministro Catalá hablando de vaya usted a saber qué; las declaraciones del Presidente y de varios de sus consejeros en las que adelantaban datos secretos sobre el procedimiento judicial que no sólo no debían conocer, sino menos aún hacer públicos; las presiones a las fiscales de una de las causas desde la Fiscalía Anticorrupción del Estado y el propio Ministerio para sobreseer la causa, a pesar de los múltiples indicios existentes; los robos a fiscales y técnicos de Hacienda de documentos sobre éste y otros casos; la sustitución contra todo pronóstico del Fiscal Anticorrupción de Murcia; las presiones de su socio de gobierno, Ciudadanos, para que Sánchez cumpla con su compromiso de dimitir en caso de resultar investigado; la negativa de éste, inventándose nuevas y peregrinas figuras procesales apara justificarla; el nombramiento, bastante inoportuno, como presidente del Partido Popular de la Región de Murcia; el enrrocamiento en la poltrona; las imágenes que muestran al juez de la causa de cañas con altos responsables del Partido Popular de Murcia; las presiones desde la dirección nacional del Partido Popular, ante la pésima imagen que da Sánchez a su partido; la presentación de una moción de censura por la oposición en el parlamento de Cartagena; la atribución de cuatro nuevos delitos en los últimos días; todos ellos diversos capítulos de un proceso que fuerza finalmente, bajo las presiones y el control de la dirección nacional del partido, a la dimisión de Pedro Antonio Sánchez López como Presidente de la Región de Murcia.

 

Un proceso que, si se diera en cualquier otro país de nuestro entorno, no hubiera pasado de las primeras fases, y se hubiera saldado con la dimisión inmediata del afectado, para bien de su partido, de la Región y de su propia credibilidad política. Pero no: resistiendo hasta el final, sosteniéndola y no enmendándola, PAS hizo honor a la pésima visión que de la clase política en general tenemos los españoles y ni admitió ni dimitió. Hasta que finalmente le obligaron a hacerlo.

 

Y aquí viene lo mejor. En un alarde de cinismo sin medida, Sánchez se proclamaba a sí mismo víctima de una conspiración y declaraba sin empacho que él no había dimitido porque su partido fuera a perder el gobierno regional, ni porque le hubiera obligado su aliado, Ciudadanos, ni porque se lo hubieran ordenado desde Génova. No señor. Él había dimitido para salvarnos a todos los murcianos, a la entera Región de Murcia, del infierno de un gobierno tripartito que, según él, ya estaba poco menos que constituido. Con esas palabras. Murcia, y sólo Murcia, estaba en su cabeza y en su corazón cuando decidió por fin dejar el cargo. No sin antes, eso sí, llevar a Murcia a una crisis institucional sin precedentes, y tomar medidas de alcance a escondidas y casi con nocturnidad como la concertación de etapas educativas no obligatorias. Y sin olvidar tampoco que ni ha dejado su escaño como diputado regional (o sea, el aforamiento) ni la presidencia del Partido Popular Regional.

 

Pero eso sí, PAS nos ha salvado. Todos los ciudadanos de la Región de Murcia podemos respirar tranquilos, porque la salvación ha llegado gracias a su sacrificio. Ahora bien, deberíamos pensar con detenimiento de quién nos ha salvado el expresidente Sánchez con su dimisión: si de los diablos esos del tripartito… o de sí mismo.

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