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Martes, 15 de Octubre del 2019
Sábado, 29 Junio 2019

Política patriotera...... o patrioteros políticos

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Queridos lectores y lectoras. ¿Sabéis cuál es la definición de patria? Pues la verdad es que existen muchas. Tantas como idiomas, y dentro de estos casi tantas como personas.

Pero fijémonos en los idiomas. En español la palabra patria viene del latín patres, padres. O sea, que su significado etimológico es aproximadamente “la tierra de los padres”, al igual que ocurre en francés con la palabra patrie. En inglés puede decirse de dos maneras: homeland (algo así como la tierra-hogar o tierra natal) y fatherland (la tierra de los padres, como en español y en francés). En alemán hay también varias formas de nombrar a la patria, como vaterland (también tierra de los padres) o heimat (tierra natal).

 

¿Y a qué viene todo esto? Pues a que estas definiciones quizá estén hoy en día un tanto desfasadas. Todas ellas vienen de tiempos pasados en los que las gentes no solo no salían jamás de sus países, ni siquiera de sus comarcas. De ahí que el país de sus padres fuese también el suyo, y después el de sus hijos. Pero hoy en día estas definiciones, estas etimologías, están bastante superadas por una realidad en la que una proporción notable de la población no solo viaja más allá de sus fronteras, sino que incluso vive y trabaja habitualmente fuera de ellas, naciendo allí sus hijos.

 

El concepto de patria es ahora más amplio. Patria es tu país, sí, pero es también un país al que no solo le debes cosas, sino que también te las debe él a ti: te debe bienestar, te debe protección, te debe el posibilitarte estar orgulloso de él; y tú a él, reciprocidad, respeto, dedicación, sacrificio incluso en momentos determinados. Es en definitiva un contrato social: la patria la forman los ciudadanos de un país, y ese país debe hacer todo lo que pueda por sus ciudadanos.

 

Pero hay hoy en día una vuelta a los viejos conceptos de patria que no solo no están en sintonía con el presente, sino que pretenden la vuelta a épocas que es mejor olvidar. Épocas en las que la relación patria-ciudadano era simplemente unidireccional, en las que había que sacrificarlo siempre todo por la patria, por la bandera, sin recibir nada a cambio. E, ineluctablemente, siempre en beneficio de unos cuantos que eran precisamente los que mandaban y dominaban en la patria y quienes, curiosamente, ganaban mucho dinero con el sacrificio de los demás.

 

Tenemos hoy en día en España muchos políticos de muy distinto signo que se han apuntado a esta moda neopatriotera de banderas, himnos y apelación constante a las vísceras. Son muchos los políticos que llaman a la unidad de destino y rechazan y vilipendian a quien no tenga ya no su misma patria, sino incluso su misma visión de la patria. Con declaraciones grandilocuentes y constantes insultos a los adversarios (convertidos para ellos en enemigos) intentan desatar la pasión de los ciudadanos y eliminar si pueden la racionalidad, la concordia, el pacto, el verdadero interés de la patria, que no es otro que el de sus ciudadanos.

 

Y el hecho es que bastante gente se deja engañar. El “nosotros contra ellos” funciona bien en tiempos convulsos como los nuestros. No hay más que ver la extensión del independentismo radical en Cataluña o de la extrema derecha (y el absoluto escoramiento hacia ella de la derecha tradicional) en nuestro país. Los políticos de algunos partidos españoles dejan un rastro de baba fácil de seguir cuando hablan de la patria (su patria) y acusan indignados a todos los demás de ser sus enemigos. Es curioso que nunca, nunca dicen en qué consiste su versión de la patria; se guardan muy bien de ello, porque si el pueblo conociese la verdad acerca de esa patria y a quién beneficiaria en exclusiva (a los de siempre, por cierto) casi con toda seguridad dejaría de apoyar a estas opciones.

 

De hecho en la política española está pasando una cosa muy curiosa: los partidos que más acusan a otros de malos patriotas, de querer destruir la patria, de pactar con quienes minan sus cimientos, no apoyan por ejemplo al partido ganador de las elecciones para que este no dependa de los independentistas a la hora de formar gobierno, obligando así a aquel a depender del apoyo (o de la abstención) precisamente de “los enemigos de España”. Es decir, su patriotismo se transforma en incongruente patrioterismo, ya que en la búsqueda de su propio beneficio político llegan a propiciar el mal a su querida patria. Otro tanto ocurre en el bando contrario, donde la sagrada patria catalana no es suficiente para unir a todos aquellos que quieren abandonar España y donde se miente de tal manera sobre el futuro a sus partidarios que, de verdad, hay que ser muy, muy crédulo para tragarse semejantes embustes.

 

Buena parte de los políticos españoles de alto nivel está demostrando que la verdadera patria, la integrada por los españoles a quienes su país les importa de verdad, a ellos les es no solo indiferente, sino que pasan por completo de ella. Y se hace cada día más claro que tras las soflamas, las banderas al viento y las expresiones transidas de amor a la patria se esconde el verdadero objetivo de sus políticas: garantizar a quienes dominan nuestra sociedad que su dominio sea total, diluyendo cualquier oposición en el sacrificio y el amor a “su” patria.

 

Que no a la nuestra.

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