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Jueves, 24 de Octubre del 2019
Sábado, 18 Mayo 2019

Promesas electorales: a por quienes ensucian nuestras calles

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Esta temporada electoral me está matando. Y digo temporada porque ya ni recuerdo cuándo empezó la campaña perpetua. Aunque creo que acabará pronto.

Estamos en campaña, en campañas, una tras otra, sin solución de continuidad. Los partidos intentan por todos los medios captar nuestro voto y para ello prometen lo que haga falta. Eso sí, casi siempre cosas buenas, porque pocos entre ellos se atreven a decir la verdad cuando es necesario.

 

Y si no me creéis, queridas y queridos lectores, os voy a poner un ejemplo de lo más manido: el de la suciedad en nuestras calles. Casi todos los partidos que por el momento forman parte de la oposición utilizan la cochambre viaria como arma arrojadiza contra los que componen el gobierno municipal, prometiendo que ellos lo arreglarán. Cosa que se ha hecho por cierto en Cieza desde que inició su andadura el actual sistema democrático. Lo curioso del caso es que cuando quien desde la oposición acusaba de desidia en la limpieza al contrincante ocupa finalmente el gobierno, las tornas cambian. Nadie hasta ahora, a pesar de las solemnes promesas y compromisos, ha solucionado el problema, eterno por lo que veo. Porque el problema de la limpieza en Cieza no radica en la falta de medios y de voluntad, como con un poco de honestidad política deberían admitir (y me consta que lo hacen en privado) los grupos políticos ciezanos. El problema está en la propia ciudadanía de Cieza.

 

No es la primera vez que trato el tema, ni siquiera la segunda. Pero uno acaba asqueado a veces cuando recorre las calles de Cieza esquivando basuras y excrementos, teniendo en ocasiones que desviarse y bajarse de la acera por la basura que la gente deposita incluso en papeleras por no andar diez metros hasta el contenedor. Muchas veces he hablado con mis vecinos y amigos sobre el tema y en la mayoría de las ocasiones, por no decir siempre, coincidimos: esto no lo arregla ningún partido político a no ser que reconozca (lo cual puede hacerle perder muchos votos) la realidad del problema, que no es otro que el incivismo de la gente. Y naturalmente, que actúe en consecuencia.

 

Paseemos por Cieza. A las nueve de la mañana la ciudad, o al menos la inmensa mayoría de esta, se encuentra en perfecto estado de revista. Las máquinas y los operarios han terminado sus labores de limpieza y da gusto ver las calles limpias. Y no me refiero sólo a la actualidad, al actual equipo de gobierno; hace cinco años, hace diez, hace quince, pasaba lo mismo. Pero llega el mediodía y buena parte de Cieza está hecha un estercolero. Parece el escenario de una de esas películas apocalípticas donde los papeles y los restos de todo tipo se mueven mecidos por el viento sin que haya humanos para recogerlos. Lo malo es que en nuestro caso son precisamente los humanos de nuestro pueblo (o sus mascotas por el descuido y la desidia de sus dueños) quienes dejan las calles hechas un vertedero. Y ni faltan papeleras ni contenedores ni el servicio de limpieza es insuficiente. Es buena parte de los habitantes de Cieza la que la deja, con perdón, hecha una mierda.

 

Por tanto habría que coger el toro por los cuernos y reconocer la verdad. Y actuar en consecuencia. Y sin buenismos. Las campañas de sensibilización que se han desarrollado por parte de los diferentes partidos que han ocupado el gobierno municipal han tenido un efecto temporal limitado y después se han olvidado. La educación cívica que en los centros escolares se da a niños y jóvenes es en demasiadas ocasiones ridiculizada por los padres, cuando no contradicha directamente. Buena parte de la ciudad cree que las aceras y las calzadas son una papelera, quejándose curiosamente de que hay pocas de estas. Una lástima que no viajen a países o incluso ciudades con mayor civismo que la nuestra y no puedan ver las escasas papeleras que hay en sus calles, porque la gente más cívica guarda y transporta su basura hasta que encuentra un lugar adecuado o si no se la lleva a su casa y lo deposita en su cubo.

 

Disgresiones aparte, hay que hacer cumplir la ley. Y la ley dice que no se puede arrojar basura a las calles, ni dejar en ellas las deposiciones de nuestras mascotas. Y si no se cumple la norma, hay previstas unas sanciones en ella. Y deben aplicarse, porque las sanciones no sólo tienen carácter punitivo, sino que también constituyen un elemento educativo que convence al infractor (aunque sea por las malas) de que no debe volver a infringir la norma. De hecho hace unos años ya se desarrolló una campaña rigurosa contra quienes dejaban los excrementos de sus perros en las calles, sumamente efectiva. Lo malo es que duró poco porque había miedo al coste electoral de la medida, y todo volvió a su estado (cochambroso) habitual. Si se asumiese la responsabilidad y se mantuviese el rigor de forma indefinida os aseguro que nuestras calles, nuestra ciudad, estarían más limpias, mucho más limpias. Y Cieza tendría mucho mejor aspecto. Y no lo digo yo, sino mucha gente que vive en la ciudad y que está harta de su suciedad.

 

Como dijo un político ciezano en una mesa redonda hace unos días: “todos sabemos que la suciedad de Cieza en realidad es culpa de los vecinos, seamos realistas y hagamos lo que hay que hacer”. Sólo le faltó decir qué es lo que hay que hacer. Pero no hace falta: ya lo hemos dicho nosotros.

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