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Miércoles, 21 de Noviembre del 2018
Viernes, 02 Noviembre 2018

¿Quién no quiere que suba el salario mínimo?

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Esto es ya indignante. Luego se quejan del auge de los populismos y de la desafección de la gente hacia el sistema sociopolítico. Y la culpa la tienen ellos. Única y exclusivamente ellos.

¿Qué de qué hablo? Pues de las campañas continuadas y muy bien orquestadas que los poderes económicos y sus defensores mediáticos desencadenan inmediatamente cuando se plantean mejoras para las clases medias y bajas. Ahora se trata del salario mínimo, que el gobierno quiere subir desde los ridículos 735,90€ mensuales de 2018 hasta los 900€ al mes. Esta subida no afectaría a muchos trabajadores directamente, algo más de medio millón. Pero sí que lo haría indirectamente a través del correspondiente aumento de las bases de cotización o de los empleados que trabajan menos de una jornada diaria pero cuyos sueldos se calculan en muchas ocasiones a partir del SMI.

 

Se trata, en resumen, de un modesto intento de mejorar por ley lo que parece ser que no hay forma de que mejoren de motu proprio los empleadores, a pesar de las recomendaciones que muchas instituciones económicas hacen para que se aumenten los salarios si no se quiere volver a una crisis igual o peor que la que estamos pasando.

 

Y digo estamos pasando porque hasta el momento los trabajadores no hemos notado ninguna mejora con respecto a lo más duro de la crisis. Los aumentos de salarios han sido irrisorios, cuando no negativos; es decir, muchos sueldos siguen bajando a pesar de que se grita a pleno pulmón que hemos dejado atrás la crisis. Por el contrario los beneficios empresariales aumentan sin cesar, en buena medida gracias a la bajada de los sueldos, y las empresas sí que se han recuperado, gracias además a que pagan muchos menos impuestos que antes. En definitiva, que los beneficios de la salida de la crisis se los llevan unos pocos, pero lo mayoría ni los olemos.

 

Y claro, pasa lo que pasa. La gente está harta: harta de sueldos de miseria (casi la mitad de los trabajadores españoles cobra menos de mil euros al mes), harta de trabajar ocho y diez horas diarias aunque sólo le paguen por cuatro, harta de encadenar contrato tras contrato a veces de pocas horas, harta de volver a casa tras una dura jornada de trabajo y constatar que con su sueldo no puede ni dar de comer a su familia… Y harta de ver cómo los ricos son cada día más ricos, cómo el lujo es cada día más descarado y prepotente, cómo la brecha entre ricos y pobres se parece ya más al Cañón del Colorado que a una pequeña grieta. Además algunos de los partidos políticos tradicionales apoyan sin ambages a las clases poderosas y otros no se atreven a hacer grandes cambios por lo que aquellas puedan decir o pensar. Y por si fuera poco instituciones como el Banco de España o CEOE advierten del “peligro” que según ellas supone la subida del SMI para el empleo y las empresas (en especial para estas últimas, claro está) y de las malas reacciones de “los mercados” a estas propuestas. Eso sí, cuando el gobierno de turno redujo de forma drástica los impuestos a las empresas ni los mercados, ni la CEOE ni el Banco de España dijeron nada del tremendo daño que esto iba a suponer para las arcas del estado ni de los recortes de servicios básicos que se impondrían por este motivo.

 

Ya lo hemos dicho: la gente está harta y cuando encima se le dice: “mira, la cosa va bien, pero nosotros nos quedamos los beneficios y no hay nada para ti”, pues entonces la gente se desconecta del sistema. Porque el sistema no le da nada, más bien le quita lo poco que tiene. Y entonces aparecen los aprovechados de turno que pescan en el río revuelto de la decepción y la necesidad de la mayor parte de la ciudadanía lanzando mensajes inverosímiles y que sólo pueden creerse quienes los están pasando realmente mal. Y viendo lo que ocurre los de siempre, los que todo lo tienen y los que mandan, demasiadas veces siervos de aquellos, se rasgan las vestiduras y apelan a la democracia, al estado de derecho, a la convivencia y a la responsabilidad… eso sí, todo ello para que lo cumplan o apliquen los demás, nunca ellos.

 

Pues en esas estamos. La poco atrevida subida del salario mínimo es criticada por los de siempre. La verdad es que no puedo ni imaginar a qué esperan las empresas para trasladar al menos una pequeña parte de sus beneficios a sus trabajadores. Me temo que en realidad no piensan hacerlo nunca, más bien lo contrario: lo que pretenden es bajar aún más los salarios y aprovechar cuantas crisis y coyunturas desfavorables se presenten para cargar sus efectos sobre los empleados y bajarles, aún más, los sueldos.

 

Por eso no deberían sorprenderse cuando pasen ciertas cosas que sin duda pasarán.

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