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Lunes, 08 de Marzo del 2021
Viernes, 05 Febrero 2021

¿Se puede y se debe volver a la educación presencial?

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Empecemos por el principio, que es por donde se debe empezar. Y el principio de la actual situación escolar lo vivimos en septiembre, con la decisión política de iniciar el curso sin apenas saber cuáles serían las consecuencias.

Los responsables de dicha decisión, tanto a nivel regional como nacional, tuvieron mucha suerte. En primer lugar la segunda ola de la pandemia aún no se notaba demasiado, por lo que al menos al principio la situación parecía controlada. Y en segundo lugar la escuela se mostró como un lugar poco propicio para el contagio, por varios motivos: la menor concentración de personas por la semipresencialidad, las estrictas medidas de control impuestas dentro de los centros por las directivas y el profesorado de los mismos y la vigilancia continuada para el cumplimiento de dichas medidas; muy al contrario, por cierto, de lo que sucedía en nuestras calles y en muchos de nuestros hogares. De hecho los alumnos o los profesores podían acudir contagiados a los centros, pero ha sido muy difícil que dentro de ellos la infección se extienda.

 

Esta positiva constatación no es, ni muchísimo menos, un éxito de las autoridades, cuyas indicaciones y preparación para la vuelta a clase fueron, cuando menos, mínimas. Como ha ocurrido con la sanidad, ha sido el esfuerzo y el sacrificio de los trabajadores los que han hecho posible, sobre todo al principio, que las aulas sean más o menos seguras. No ha sido hasta bien entrado el curso que las administraciones han provisto de medios a los centros educativos parea garantizar mejor la seguridad sanitaria y para hacer frente a las necesidades técnicas de la enseñanza semipresencial. Pero ahora la situación se puede complicar.

 

Creo que no es necesario recordaros, querida lectora o querido lector, cuáles han sido las consecuencias de tomar decisiones precipitadas. El exceso de prisa por volver a la normalidad tras controlar (o semicontrolar) la primera ola de la pandemia abrió las puertas a la segunda, con miles de muertes. El absolutamente irresponsable, por no decir suicida, intento de salvar la navidad ha traído la tercera ola, con decenas de miles de muertos (que no lo olvide nadie) y una situación aún más peligrosa que la acaecida durante las dos primeras. Parece que las administraciones, supongo que por motivos meramente electorales, quieren aprovechar siempre la más mínima señal de mejora para relajar las medidas de control contra la pandemia. Pretenden así ganar, o no perder, votos, aunque ese rédito electoral tenga después las más trágicas consecuencias.

 

Pues bien, la cosa se complica. A la hora de escribir este artículo las cifras de la pandemia son un poco menos crueles que hace una semana, pero en nuestro país (y en otros también) las muertes se cuentan diariamente por centenares y los contagios, por decenas de miles. Y los políticos siguen actuando de una forma que clama al cielo. Así el movimiento para acabar con la semipresencialidad en la educación se va extendiendo entre una clase política que no solo da por descontada una mejora radical de las cifras de la pandemia, sino que planifica ya la vuelta a clase de todo el alumnado al completo en cuanto dichas cifras abran un resquicio. Pero como de costumbre a muchos políticos la realidad les importa poco, y menos aún la opinión de los expertos, siendo mucho más importante agradar al electorado que hacer frente a los problemas con eficacia, aunque sea a cambio de desastres como el que vivimos.

 

Como ejemplo, un botón: en la negociación entre Ciudadanos y Partido Popular de los presupuestos de la Región de Murcia para el ejercicio 2021 uno de los puntos estrella es la vuelta, lo más inmediata posible, a la educación presencial absoluta. No se trata de algo exclusivo de nuestra Región, sino que el movimiento a nivel nacional (que no internacional) está muy extendido. Naturalmente todos estos políticos tienen algo en común: su desconocimiento absoluto de la realidad educativa de España, con ratios disparadas y concentraciones de alumnado en aulas desconocidas en otros países de nuestro entorno. Y también parecen desconocer que el hecho de que la escuela española no se haya convertido en un foco de infección tiene mucho que ver con la semipresencialidad, que al reducir las concentraciones de personas en los centros educativos reduce también la posibilidad de contagio. Y fijaos que quienes se dedican (como yo mismo) a la enseñanza no solo añoran dar clase a todos sus alumnos a la vez, viéndoles las caras e interactuando realmente con ellos, sino que también trabajarían menos de ser así, ya que la semipresencialidad trae consigo un fuerte incremento de trabajo para el docente. Pero también, al igual que los científicos, ven imposible no ya solo guardar las distancias de seguridad en las aulas o los patios, sino que aseguran que dicha concentración aumentaría la carga viral circulante en un espacio cerrado, lo cual sería sin duda peligroso.

 

Como dicen muchos enseñantes, y también alumn@s y padres: resulta curioso que se prohíba a más de dos personas no convivientes reunirse, aunque sea al aire libre, y se permita sin embargo que al menos veintiuna (y si se cumple lo que denunciamos, más) se concentren durante horas en un espacio cerrado. Solo una cuestión, antes de acabar: por favor, señores políticos, hagan caso a quienes saben, aunque sea por una vez, y piensen en la gente, y no en los votos.

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