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Jueves, 24 de Octubre del 2019
Sábado, 08 Junio 2019

Veneno en los pulmones

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Parece que el villano tradicional de las enfermedades pulmonares (y de otras muchas), el tabaco, está perdiendo la exclusividad de su carácter diabólico para la salud humana.

Pero en realidad ya hace tiempo que su supremacía a la hora de envenenarnos mientras respiramos tuvo que ceder paso a otra caja de Pandora que lleva siglos destruyéndonos y a la que, hasta hace poco, no se le reconocía su maldad: me refiero a la contaminación atmosférica.

 

Hace ya casi 70 años la contaminación del aire era capaz de matar a decenas de miles de personas en poco tiempo, como sucedió con el smog de Londres de 1952. Pero al no tratarse de algo visible y al no poderse cuantificar el efecto sobre la salud humana de forma sencilla la población afectada no ha tomado realmente conciencia de la amenaza. Amenaza que también tiene mucho que ver con nuestra forma de vida y con los intereses de la gran industria.

 

¿Qué ocurre? Pues que nuestras actividades, desde las industriales hasta el transporte, la calefacción, la generación de energía o la agricultura, liberan al aire una enorme cantidad y variedad de subproductos. Muchos de ellos son inocuos, es cierto. Otros lo son mientras no alcancen proporciones apreciables, como es el caso del CO2, una de las mayores amenazas para el futuro de la humanidad. Otros, lisa y llanamente, son tóxicos; o venenosos, para ser más exactos. Mortales incluso. Y aun así seguimos emitiéndolos sin demasiado control. O sin control alguno.

 

El aire que respiramos en buena parte del planeta podría ser tildado con una palabra escatológica muy utilizada que sin duda imaginas, querida lectora y lector. Y no sólo en las grandes ciudades y en las zonas industriales. Incluso en zonas remotas del planeta encontramos en el aire partículas variadas de los diferentes venenos que se emiten en lugares muy alejados pero que acaban dando la vuelta al mundo y extendiéndose por toda la atmósfera. Una atmósfera cuya capacidad de absorción y recuperación esta cercana a colapsar, con las consecuencias que podemos imaginar para la vida en el planeta. Pero no creáis que las consecuencias de la contaminación en la actualidad son nimias, sino más bien todo lo contrario. Según los expertos la contaminación se lleva por delante más de un año de expectativa de vida a nivel mundial; es decir, que tú o yo vamos a vivir de media algo más de un año menos por culpa del aire que respiramos. Y eso a nivel planetario, porque en zonas concretas muy industrializadas, con grandes concentraciones de población o con uso intensivo de pesticidas y herbicidas, la merma en nuestra esperanza de vida es mucho mayor.

 

Pero no se trata sólo de vivir menos, sino incluso de morir. La contaminación es ya más nociva, como dijimos al principio, que el consumo de tabaco. Que nadie se confunda: el tabaco es veneno, causante por sí solo de millones de muertes en todo el planeta. Pero en muchos lugares ha sido superado por la contaminación atmosférica, que causa por ejemplo y de forma directa en España diez mil muertes directas al año (seis veces más que los muertos en accidentes de tráfico) y siete millones en todo el mundo. Además es responsable de numerosas enfermedades respiratorias o coronarias y del agravamiento de otras muchas, como es el caso de las alergias, así como de tumores varios y malformaciones y falta de desarrollo en el feto.

 

¿Fumas? Espero que no, aunque en realidad tampoco te librarás del peligro, porque el aire que respiras, el aire contaminado que llena tus pulmones, te causa los mismos (o peores) efectos que si lo hicieras y en cantidad. Y visto lo visto, ¿por qué no hacemos algo? Pues porque en la posible solución confluyen una serie de intereses muy difíciles de neutralizar. El primero, nuestra propia comodidad. Utilizamos en exceso el transporte privado y demasiado poco el público, lo que produce una enorme contaminación atmosférica. También empleamos sistemas de calefacción muy contaminantes que convierten nuestros hogares en trópicos en pleno invierno, sobrecontaminando con ello la atmósfera. Nos cuesta renunciar al consumo desmedido al que estamos acostumbrados y como consecuencia la contaminación de todo tipo, y no sólo la atmosféricas, no hace más que crecer.

 

Están además los intereses de la gran industria y de algunos estados que niegan sin pudor la contaminación y sus peligros para beneficiar a aquella. China y Estados Unidos, los principales contaminadores del planeta, son dos buenos ejemplos. El gobierno chino se cuida muy mucho de dar datos reales de la situación, pero los habitantes de sus zonas más contaminadas pierden cinco años de vida por el aire que respiran y se calcula que hasta 2030 un millón de personas morirán por efecto directo de la contaminación atmosférica en China. En Estados Unidos el gobierno de Trump niega directamente la contaminación y afirma sandeces como que existe un “carbón limpio”, no contaminante. Incluso en España tenemos a un candidato, posible alcalde de la capital del reino, que pretende eliminar las eficientes medidas anticontaminación tomadas por la corporación anterior. Además de algún partido político que niega el cambio climático, los efectos perniciosos de la contaminación atmosférica y muchas otras cosas más que, no lo dudéis, también les afectarán a ellos.

 

¿Qué podemos hacer? Pues empezar por nosotros mismos. Debemos utilizar menos el coche y más el transporte público, e incluso nuestras piernas; contaminaremos menos y nuestra salud mejorará. Debemos climatizar nuestros hogares de forma eficiente y responsable, sin excesos. También tenemos en nuestras manos otras soluciones, como por ejemplo no votar a partidos políticos que no se comprometan de forma efectiva con la protección del medio ambiente y la lucha contra la contaminación atmosférica, y viceversa. Igualmente podríamos influir mediante nuestro consumo en general: para empezar, consumiendo con más responsabilidad; después, eliminando de nuestro consumo los artículos más dañinos para el medio ambiente y el aire que respiramos. Y por último, no comprando artículos de compañías que destaquen por la contaminación que generen en sus procesos industriales.

 

Los estados, los políticos, deben asumir al fin el peligro que no para de aumentar y actuar en consecuencia, endureciendo la legislación medioambiental y castigando con dureza a los infractores. Las empresas contaminantes, que saben perfectamente lo que hacen pero miran hacia otro lado con el fin de maximizar los beneficios, deben ajustar sus procesos productivos al respeto al medio ambiente; además de evitar sanciones podrían incluso aumentar sus beneficios al atraer clientes gracias a su cuidado del entorno.

 

La cuestión es que hay que elegir y rápido. Rápido porque hace ya tiempo que el aire que respiramos supone un peligro para nuestra salud y no nos queda mucho tiempo para empezar a revertir la situación. Si no, dará igual que fumes o no. Porque tu vida correrá igualmente peligro.

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