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Jueves, 30 de Junio del 2022
Tuesday, 30 March 2021

Ecos de Martes Santo

Nuestro Padre Jesús Nazareno durante el acto del Prendimiento Nuestro Padre Jesús Nazareno durante el acto del Prendimiento CLR

CLR/Antonio Camacho García.

En lo alto del campanario de la Basílica de la Asunción comienzan a sonar las campanas que marcan las nueve de la noche, y, sin embargo, la Plaza Mayor de nuestra Cieza rebosa silencio y tranquilidad. Qué extraño se nos hace verla así en un día como el de hoy.

Parado frente al portón de la Basílica, llegan a mis oídos esos Ecos de Martes Santos pasados. El redoblar de los tambores del Tercio Romano, nuestros queridos “Armaos”, callejeando por las calles de Cieza desde media tarde en busca del Redentor. Los acordes de la pieza que Antonio Salmerón compusiera para tan emblemático momento de la ciezana Semana Santa que atrae a curiosos y extraños hasta el corazón del pueblo; un pueblo que espera ansioso el oscurecer del añejo enclave para asistir, como cada año, al relato de El Prendimiento ciezano.

 

Muchos años han pasado desde que en Cieza comenzará a realizarse, y escenificarse, tan importante acontecimiento de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Desde el lejano siglo XVIII se ha mantenido vivo el dialogo que, extraído del Evangelio de San Juan, da cohesión y sentido al que hoy en día es uno de los momentos más importantes de la Semana de Pasión en la Perla del Segura.

 

Los Armaos cruzan la plaza, ya casi a oscuras, en su búsqueda del improvisado Huerto de los Olivos, aunque todavía es pronto para que lo encuentren. Los tambores comienzan a ser un lejano eco que se pierde por la Calle del Cid, el cornetín realiza el toque de atención bajo el pórtico del Templo y la Plaza Mayor enmudece.

 

“¡Oíd! ¡Oíd Todos! ¡Escuchad! ... ¡Pueblo de Cieza, acude al Prendimiento! ... ¡Venid todos al Prendimiento del Nazareno!”. Resuenan las voces de los narradores en toda la plaza. “¡Es la Convocatoria! … ¡Se nos convoca para el prendimiento de Jesús! … ¡Venid todos! … ¡Se ha convocado a todo el pueblo!”.

 

Por un breve instante, el silencio vuelve a reinar. Las melodías del Bach comienzan a sonar y, en la penumbra, desde la Calle Cartas el paso de La Santa Cena hace su entrada en la plaza. La Cofradía de Nuestra Señora de García y Esperanza, los Hijos de María, nos relatan el momento de la última cena de Jesús desde que, en 1981, el multitudinario paso, confeccionado por Antonio García Mengual, llegará a Cieza para completar la noche de Martes Santo. Las luces iluminan ahora al paso, instantes antes de que Jesús, en la voz del sacerdote, anuncie la traición: “En verdad os digo que uno de vosotros me entregará”. “¿Soy acaso yo, Rabí?” pregunta Judas. “Tú lo has dicho” responde Jesús.

 

De nuevo la música coral comienza a sonar, y la Cena empieza, sin prisa, a abandonar la Plaza Mayor al ritmo de un tambor sordo para dar paso al siguiente momento del relato. Instantes antes que un nuevo paso ocupe su lugar en el acto, Jesús realiza las, quizás, más tristes predicciones: “A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora … Todos os escandalizaréis de mí”. Pero Pedro irrumpe “Aunque todos se escandalicen de ti, yo, jamás me escandalizaré”. “En verdad te digo que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces” responde Jesús.

 

La oscuridad vuelve a reinar, La Oración del Huerto comienza su incursión en la plaza, en la que, a pesar de la acusada penumbra, todas las miradas se fijan en el vaivén de la olivera que culmina el grupo. El flamante paso de la Cofradía de “Los Dormis”, protagoniza la siguiente escena, mientras la imagen del Señor, orante y temeroso, roba las miradas de cuantos allí se encuentran. Viva imagen de la obra del insigne escultor Salzillo que Sánchez Lozano supo copiar con maestría para la Semana Santa ciezana. “Abba, Padre, todo te es posible, aleja de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad, sino la que tú quieres”.

 

El siguiente paso en tomar parte en el acto, no es otro que El Prendimiento, aunque más popularmente conocido como “El Beso de Judas”. Se fragua la traición, y treinta monedas de plata marcan el devenir del Redentor. “¡Vamos a prender a ese Jesús el nazareno! … ¡Vayamos todos juntos! … ¡Judas, tu delante, que lo conoces!”. Pero Judas les había dado una señal: “A quien yo besare, ese es, prendedle y llevadlo a buen recaudo”. “Con un beso entregas al hijo del hombre” dice Jesús al recibir el beso de la traición.

 

Entonces, el paso que José Lozano Roca talló con la más viva imagen de Salzillo, abandona la plaza, y la corneta vuelve a realizar el toque de atención. Las miradas ahora se centran en el sacerdote, llega uno de los momentos claves del acto. El predicador se deja llevar por su fe en Cristo y transmite a todos los asistentes lo que emana de su interior. Es el Sermón del Prendimiento. Son palabras que siempre calan en el interior de quien las escucha, palabras que te invitan a la reflexión y a valorar más tú fe en Cristo.

 

La voz del sacerdote se apaga, el público aplaude y, de nuevo, la corneta irrumpe en escena. Da el toque de órdenes, y comienzan a sonar. Los tambores irrumpen a paso ordinario desde la estrechez de la Calle de la Hoz, el Tercio Romano comienza a invadir la plaza al son de su música, por fin han encontrado el Huerto de los Olivos ciezano. A oscuras, apenas iluminados por las antorchas que porta la primera de sus escuadras, avanzan con paso desafiante hasta el pórtico del templo donde, tranquilo y compasivo, los espera Jesús tras las puertas.

 

Ha llegado el momento cumbre, las luces iluminan la plaza y Jesús se adelanta de nuevo, para preguntar “¿A quién buscáis?”. “¡A Jesús el Nazareno!” responde acto seguido el capitán del tercio. “¡Yo soy!” afirma el sacerdote por Jesús, y el cabo de tambores comienza a redoblar. Las luces se apagan, las puertas se abren en un abrir y cerrar de ojos, y de la oscuridad aparece, iluminado sobre su trono, Jesús Nazareno, quien avanza levemente hasta colocarse justo bajo el arco del portón de la iglesia. El tambor deja de redoblar y el Tercio cae rendido de rodillas ante la imagen del Nazareno. El Tercio vuelve en pie y el dialogo se repite “¿A quién buscáis? … ¡A Jesús el Nazareno!” a lo que ahora añade Jesús “Ya os he dicho que soy yo”. El tambor redobla de nuevo, y el tercio vuelve a tocar el suelo con la rodilla. “¿Para qué lo queréis? … ¡Para prenderlo! … ¡Aquí me tenéis! Haced de mí lo que queráis”. Tras el último dialogo ente Jesús y el capitán, los tambores comienzan a sonar de nuevo, ahora sin descanso. Las tropas se preparan, pues han encontrado a Jesús Nazareno, y se lo llevan escoltado, un año más, pues Jesús ha comenzado su camino hacia la cruz.

 

El eco de los tambores se disuelve en mis oídos y la plaza vuelve a quedarse vacía ante mis ojos. La tranquilidad y el silencio siguen reinando, y el anhelo de esos días futuros en los que poder volver a vivir “El Prendimiento ciezano” crecen en mí. Pero de lo que no tengo dudas, es que, en mi memoria, ayer, hoy, mañana y siempre, será Semana Santa ciezana.

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