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Jueves, 30 de Junio del 2022
Thursday, 01 April 2021

Lo ganado

Nuestra Señora de Gracia y Esperanza Nuestra Señora de Gracia y Esperanza José María Cámara

CLR/Antonio Morales.

Dicen de lo cofrades (tantas cosas dicen) que contamos el tiempo no por años sino por Semanas Santas vividas y dicha afirmación, dentro de los tópicos que siempre nos acompañan, adquiere verdadera dimensión en esta actualidad que nos atropella y confina, en esta maldita era del distanciamiento donde regulamos a través de leyes dónde, cómo y con quién nos podemos abrazar.

Hace pocos días cumplíamos un año de pandemia, pero para los cofrades, esta enfermedad nos ha arrebatado dos periodos de nuestra vida, dos años, dos sucesiones de emociones que conforme vamos creciendo y envejeciendo nos volvemos tan celosos de dejar atrás.

 

Dos ausencias en un año en el que hemos acumulado recuerdos, añoranzas, quejas, anhelos, frustraciones, tristeza y mucho, mucho sentimiento por todo aquello que amamos, aquello que en una gran parte nos identifica y nos ha unido con la mayoría de las personas que ya forman parte de nuestro universo.

 

Mucho se ha escrito de todo lo que a los cofrades nos ha removido por dentro la pérdida de lo que parecía seguro, nunca tantos han recurrido a la palabra escrita y hablada para completar y dar forma a ese vacío representado por una percha que sostiene una túnica quieta y solitaria en el mismo lugar en el que la dejamos hace ya dos Semanas Santas (dos en un año), esperando florecer y volver a cobrar una vida que tantos se han dejado por el camino.

 

Estamos en plena semana, en esa única del año en el que los días llevan apellido y hoy, que celebramos uno de los más ilustres, volvemos a buscar entre papel y archivos recuerdos que hagan renacer lo que por derecho nos tocaría disfrutar en este momento. Pero precisamente ahora es el momento ideal para reflexionar y valorar no ya todo lo que añoramos, sino, porque no, todo lo que este tiempo nos ha traído, todo lo que ha venido a reforzar lo que ya teníamos y que ahora, con la madurez que siempre otorga el paso del tiempo, somos capaces de valorar en su justa medida.

 

Porque en este tiempo hemos aprendido a estrenar nuevas miradas con las que buscar los ojos de nuestras imágenes veneradas, mientras descubríamos que todavía son capaces de despertar en nosotros sentimientos nuevos. Porque quizá nunca como hasta ahora hayamos hablado tanto con nuestros hermanos cofrades, buscando en la palabra del otro el acompañamiento y sostén con el que completar vacíos, así como que nunca como hasta ahora hemos sabido valorar en su justa medida el valor del abrazo fraternal y amigo, incluso un beso, convertido hoy en algo reprochable, mientras vamos acumulando las ganas de sacar afuera tanto amor almacenado.

 

Son muchos los que han vuelto a la Iglesia, reconfortándose en el silencio litúrgico con una esencia que el cofrade nunca debe de olvidar mientras soñamos con rezar allí donde nos enseñaron, en la calle revestida de túnicas. Nos hemos convencido que somos custodios de un tesoro único que va más allá de meras tradiciones festivas, para convertirse en escalofrío aterciopelado que nos hace temblar cuando nos asalta desarmados en la noche de los recuerdos.

 

El cofrade ciezano sueña con su Semana Santa todos los días del año, pero me atrevo a aventurar que nunca lo ha hecho con tanta intensidad y fuerza como lo ha hecho en este último, por eso me resisto a seguir envuelto en mantos de fría melancolía y me quedo con lo vivido y aprendido, me quedo con lo ganado.

 

Hemos vivido mucho y más todavía que nos queda por vivir, pero os puedo asegurar que nunca olvidaremos estas dos últimas primaveras fallidas y con el paso de los años muchos podremos afirmar… “pensé que solo te quería, pero esos dos años me demostraron que te necesitaba”.

 

Y mientas todo pasa y vemos que todo llega, buscad al Dios verdadero de la mejor forma que el Evangelio nos enseñó, a través de su madre, de la Virgen que hoy volvería a desplegar su manto de Esperanza por las calles de nuestra Cieza centenaria. Si hay una verdad absoluta es que Ella nunca nos falla.

 

Hace unos días les decía a mis hermanos en María, “Dicen que volverás, por supuesto que lo harás, por la sencilla razón de que nunca te fuiste” y así lo siento y así empiezo a disfrutarlo. Vivamos con intensidad cristiana el misterio del Triduo Pascual junto con nuestras devociones y sigamos disfrutando de la Cuaresma más larga de nuestras vidas, porque al final de todo, cuando menos nos lo esperemos, el angelote que llora a los pies de la Virgen de los Dolores se volverá a posar en el regazo de nuestra ansiosa espera para despertarnos de este largo sueño y anunciarnos que ha salido de nuevo el sol.

 

Sed felices. Fe, Salud y Esperanza

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