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Martes, 20 de Abril del 2021
Sábado, 27 Febrero 2021

Un andero del Perdón en el cielo

Fundadores de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón Fundadores de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón

CLR/Manuel Eloy Semitiel López.

Hace unos días hemos conocido el fallecimiento de un buen ciezano, amante de nuestra Semana Santa de Cieza desde su más tierna infancia, primero con los Dormis, después y hasta nuestros días con su Santísimo Cristo del Perdón de Cieza. Me refiero al amigo Antonio Vicente Candel Giménez, el primer presidente de la Cofradía del Stmo. Cristo del Perdón de Cieza.

Sus comienzos empiezan en una vara de los Dormis junto a ciezanos que años más tarde fundarían la hermosa Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón en Cieza, todos amigos, como denominador común el amor eterno a nuestras procesiones, de engrandecerlas trabajando no figurando, sumar nunca restando, alentando siempre al hermanamiento sincero entre todos los semanasanteros ciezanos, nunca ser foco de discordia y desatino contra nadie.

 

Antonio Candel fue además de un gran ciezano, un verdadero enamorado de la Semana Santa de la ciudad que le vio nacer, Cieza. Andaban los años 70 del pasado siglo XX y un grupo de ciezanos tuvieron la feliz y bendita idea de fundar la Cofradía del Perdón en Cieza. Los primeros años (creo que los años 74 y 75 del pasado siglo), procesionaban al Cristo de Benedito en la noche del Miércoles Santo ciezano con las andas del Santísimo Cristo de la Agonía, que Pablo Galindo Tormo dejaba para tal fin, y bajo los auspicios de la Mayordomía del Stmo. Cristo Yacente de Cieza procesionaban con el Perdón el Miércoles Santo, y ya el Viernes Santo lo hacía con el Cristo Yacente.

 

En el año 1.976 el Cristo del Perdón estrenaba su propio trono, diseñado por Antonio Marín Oliver, el carpintero que lo realizó fue Paco Dato, gran maestro de la carpintería en Cieza y muy querido, hermano del Perdón también, y los faroles realizados en forja por el ciezano Emiliano Alfaro, gran amigo también.

 

Su primer presidente fue Antonio Vicente Candel Giménez, que junto a sus compañeros fundadores como Gregorio Lucas Martínez, Rodrigo Salmerón, Paco Moreno Argudo, Pache, José Gómez Bernal, Pascual "Pache", Jesús Egea, Jesús Sánchez Villa, y muchos más, fueron capaces de poner en la calle la hermosa talla del Stmo. Cristo del Perdón, con la ayuda de mi vecino de la Calle Larga Jesús Dato Villalba que fue de grandísima ayuda para estos planes.

 

La OJE fue también decisiva para el acompañamiento del Señor del Perdón dando escolta a su imagen y a la vez acompañamiento musical de gran calidad. Cieza cuenta desde entonces con una de las más bellas e impresionantes tallas que posee nuestra ciudad puesta en la calle de manera sublime, majestuosa, sencilla y a la vez regia, capaz de levantarte de tu silla a su paso, de ver la realidad de un hombre muerto colgado de un madero tal cual es, el horror del suplicio, de la misma muerte cruel y en cruz.

 

El patetismo de la misma imagen y su belleza no necesita más adornos, solo cuatro faroles que lo enmarcan sobre un monte de flor natural es su simple adorno, él no necesita más.

 

Pero debajo de las varas de sus andas habían amigos, mayores que yo, pero amigos, con el alma en su Cristo, con el deseo de pasearlo por nuestras calles orgullosos. Gregorio, mi vecino, gran vecino, persona muy inteligente, culto, amigo, semanasantero desde que nació como el resto de sus compañeros fundadores de esta cofradía, con Antonio Candel como primer presidente del Perdón, fueron capaces de dar también ilusión a nuestra Semana Mayor, en esos años también un grupo de amigos fundamos la Real Cofradía de los Hijos de María y se le dio a la Semana Santa una buena dosis de esperanza, de ilusión, de futuro, con respeto y mucho, mucho esfuerzo.

 

Con el paso de los años, ya en los 80 del pasado siglo XX, presidí las cofradías de la Stma. Virgen de los Dolores y María Santísima de la Soledad, además de ser el secretario de la JHP con Pepe Motos de presidente; y personalmente me encargaba de los arreglos florales de las dos cofradías igual que el hermano del Perdón Jesús Egea se encargaba del arreglo floral del Cristo del Perdón. Todos los años en la tarde del Miércoles Santo ciezano, las dos cofradías nos hacíamos una ofrenda de flores a nuestros respectivos titulares, los de la Dolorosa llevábamos un ramo de flores al Cristo del Perdón y ellos a nuestra hermosa Virgen e incluso alguna vez regalábamos lentisco que traíamos para nuestra Virgen para arreglar también el monte del Señor del Perdón. Un año, un Martes Santo a eso de las 8 de la tarde, estando toda la directiva de la Cofradía de la Virgen de los Dolores y yo preparando la procesión del día siguiente, recuerdo que se nos acerca el "Cabo Vázquez", capitán de los Armaos de Cieza, faltaba tan solo una hora para que diera comienzo el Prendimiento y me dice lo siguiente: "Manolo, me faltan nueve componentes para sacar el Tercio y no los veo que vengan y mira la hora que es, quiero que salgáis vosotros completando ese grupo de Armaos". Nos miramos unos a otros todos los miembros de la directiva de la Virgen de los Dolores, se hizo un silencio sepulcral y.... sin que nadie se opusiera nos encaminamos al salón donde se vestían los Armaos y esa noche nadie faltó en el Tercio Romano, iba al completo, íbamos con el grupo de las espadas, y los Armaos salieron al Prendimiento al completo como no podía ser menos.

 

En aquel grupo de directivos estábamos Jesús Giménez Pérez(Susi), José García Vázquez(recientemente fallecido), Juan Marín, Jesús Velasco(Chus), Miguel Cascales Tarazona, exconcejal de Deportes del Ayuntamiento de Murcia y exdiputado regional, y como capitán del grupo enrolamos a Antonio Vicente Candel Giménez, siendo para nosotros la primera vez que vestíamos un traje de "armao" y recuerdo por toda la carrera de aquella noche la sorpresa que se llevaron novias, familias, amigos y hasta hubo una panadería, la de Félix en la Calle Cadenas, que a nuestro paso nos obsequiaron con una llanda de empanadillas recién salidas del horno que no comimos en la procesión, si no que después volvimos para no dejar ni una. Fue la primera vez en mi vida que me vestía de "armao" y no la última.

 

Pocos son ya los fundadores vivos que quedan de la Cofradía del Stmo. Cristo del Perdón, pero los recuerdos me salen a flote cuando vienen momentos tan duros como éstos. Falta ya Gregorio Lucas Martínez, o Pepe Gómez Bernal, o Pache, ahora Candel, su primer presidente, recuerdos de mi juventud levantando la entonces maltrecha Semana Santa, esos recuerdos no se olvidan jamás, y esas anécdotas tampoco.

 

Antonio Vicente Candel ya goza de la Semana Santa en el cielo, allí verá las que sacaremos aquí en Cieza, y junto al Cristo del Perdón en lo más alto del cielo, junto a sus hermanos fundadores observarán año tras año nuestra Semana Santa ciezana, la de ellos, la nuestra, que es eterna, que es la más bella Semana Santa que hay bajo las estrellas sin desmerecer a ninguna, y cuando el trono del Cristo del Perdón salga a nuestras calles, a sus pies siempre llevará a sus anderos, a sus fundadores, arrimando el hombro, en silencio, con honor, con respeto, con amor y mucho cariño, el mismo cariño y respeto que os ha recibido en el cielo el SEÑOR DEL PERDÓN, un abrazo para siempre amigo Candel, amigo Gregorio, amigo Pache. Sabed que el Cristo del Perdón se queda en buenas manos, valientes, descansad en paz.

 

Para finalizar escribo la famosa poesía de León Felipe, que cuando se encontraba gravemente enfermo, y exiliado en México, su sobrino, el torero Carlos Arruza, le trajo una cruz bellísima de filigranas y de oro, una joya de orfebrería cara. La intención era buena, pero León Felipe pidió cambiar esa cruz por otra más sencilla, de madera, de cuya elaboración se encargó un vecino carpintero que tenía, la petición al vecino carpintero se la hizo a modo de poesía, que dedico desde estas líneas a todos los que callada y altruistamente, en silencio, han trabajado y trabajan en pro de la Semana Santa de Cieza, por ellos:

 

"Hazme una cruz sencilla carpintero,

más sencilla, más sencilla, más sencilla,

sin barroquismos,

sin añadidos ni ornamentos,

que se vean desnudos los maderos,

desnudos y decididamente rectos.

Los brazos en abrazo hacia la tierra,

el mástil disparándose a los cielos.

Que no haya un solo adorno

que distraiga este gesto,

este equilibrio humano

de los dos mandamientos.

Sencilla, sencilla, más sencilla carpintero

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