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Una consejera convertida en comisaria política

A María Isabel Campuzano, ínclita consejera de educación del gobierno regional de Murcia, no se le acaba nunca el repertorio. Es capaz, sin esfuerzo aparente, de cometer las mayores tropelías contra la educación murciana día sí y día también, sin que se le caigan los anillos ni se le mude el semblante. La última, la del, según ella, “adoctrinamiento” de los libros de texto.

La consejera Campuzano, grandísima conocedora del sistema educativo murciano y del español, ha declarado que va a revisar (o más bien hacer revisar) todos los libros de texto para que no se cuele en ellos el adoctrinamiento que supura la nueva ley educativa. No ha explicado ni en qué consiste este adoctrinamiento (y eso que ella es una experta en el asunto de adoctrinar) ni si se van a revisar también los decenas o cientos de miles de apuntes propios con los que imparten docencia profesoras y profesores de nuestra Región. O es que tal vez no la consejera tenía ni idea de este nimio y pequeño detalle.

El caso es que esta perla de la consejera es solo una más de las muchas con las que ¿ha tenido a bien? obsequiarnos. Desde el minuto cero de su mandato Campuzano ha encadenado una metedura de pata tras otra, todas ellas hijas del desconocimiento supino de un sector (el educativo) del que es consejera. Su máxima es simple: privatizar, privatizar, privatizar. Con eso cree que lo arregla todo. Y así, por ejemplo, muchos centros educativos públicos de la Región de Murcia se encuentran económicamente hablando en quiebra técnica, al haber bajado las asignaciones de mantenimiento al tiempo que el gas, el gasoil y la electricidad multiplicaban por dos y hasta por tres sus precios. Y, por si fuera poco, obligándoles a pagar gastos que son de representación de la propia consejería sin avisar y en un ejercicio de gorronería presupuestaria y económico-administrativa que no tiene parangón.

Eso sí, al mismo tiempo sobran los fondos para aumentar exponencialmente los conciertos de Formación Profesional a centros privados que no cumplen ni de lejos los requisitos mínimos que la propia Consejería exige a los centros públicos. A los que, por cierto, y a pesar de su responsabilidad directa sobre ellos, mantiene con equipos obsoletos y con mínimo presupuesto para gastos fungibles, ese gasto con el que se dan las clases. A pesar de las reiteradas demandas de los centros y sus directores para que se modernice el equipamiento de algo que tiene, por definición, que estar tan al día como la Formación Profesional.

Pero, ¡no se vayan todavía!, ¡aún hay más! Y si no, que les pregunten a las decenas de miles de familias murcianas con hijas y/o hijos en 3º de ESO, para los que de un plumazo se ha eliminado la gratuidad de libros, salvo que se conformen con el cheque-libro (que cubren solo una fracción del coste real de los libros que necesitan) o los libros de los bancos de libros, que ya no están en vigor en muchos casos y que en otros se encuentran en pésimas condiciones de conservación tras tres años ininterrumpidos de uso. Eso sí, siempre en nombre de la libertad (o lo que entiende ella por libertad) y del rechazo al adoctrinamiento (siempre que no sea el suyo, por supuesto).

¿Más ejemplos? Pues, verbi gratia, la disminución del número de plazas de profesores de magisterio convocadas con la peregrina excusa de que un mayor número de plazas ofertadas podría hacer de “efecto llamada” para los opositores de otras regiones. Que en primer lugar, deben ser españoles de segunda y con menos derechos que los murcianos. Y en segundo lugar, tienen oposiciones el mismísimo día en sus regiones que en la nuestra (18 de junio).

Nuevos ejemplos: la consejera y sus técnicos quieren, literalmente, cargarse el Programa de Enseñanza Bilingüe en la Región de Murcia, eliminando en la práctica todos aquellos que no sean en inglés, incluidos los mixtos inglés-otro idioma. Y eso en una Región de Murcia cuyas exportaciones se envían mayoritariamente a Francia y países francófonos y Alemania. O sea, en la que a lo mejor es mucho más conveniente aprender alemán y francés. Pero no, a la consejera le suena el inglés, pero no el resto de las lenguas. Quizás las academias de inglés tengan algo/mucho que ver en esto.

Finalizando: la consejería de educación, desde que esta consejera tan idónea para el cargo tomó el mando, se encuentra en coma inducido con espasmos que no son otra cosa que las medidas auspiciadas (u ordenadas) por ella. O sea, sus ocurrencias. Esto se hunde, que diría un marinero, pero todavía no lo suficiente. De hecho Campuzano se salva por la absoluta necesidad que tiene el Partido Popular de su voto en el Parlamento Regional para seguir detentando el gobierno de la comunidad. Mientras tanto, y entre otras cosas, actúa como comisaria política al más puro estilo comunista soviético. Pero a cambio, cuando deje su escaño (que no renovará al haber sido expulsada de su partido) nos legará un erial educativo en una Región tan necesitada de un buen sistema formativo como la nuestra.

Y así nos irá.

PD: perdón por las muchísimas cosas que he olvidado (o eludido) citar sobre la actuación de la consejera.