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Las cifras económicas: la pesadilla de la oposición

Estamos en un régimen democrático. Esto significa, aunque les pese a algunos, que todo el mundo tiene derecho a opinar (a ser posible de forma fundamentada) y a votar a quien más confianza o simpatía política le merezca.

Esto, que nos parece a muchos una perogrullada, es en este mundo nuestro poco menos que un privilegio. Porque somos una minoría quienes lo poseemos, mientras que la mayoría de la población mundial tiene que contentarse (o aguantarse) con pseudodemocracias o criptodictaduras o, como es más habitual, dictaduras sin ambages y regímenes totalitarios o fundamentalistas. O todo ello a la vez.

Y estando en un régimen democrático como estamos, es lógica la lucha política entre las diversas opciones ideológicas para hacer valer sus ideas y alcanzar, a través de las urnas, el poder. Una lucha que, lamentablemente, suele hacerse las más de las veces a través de la crítica a los supuestos errores del adversario y, las menos, a través de las propuestas propias.

No creáis que esto es malo per se. Si quien ocupa el gobierno lo hace mal, es lógico y necesario que se le critique, y políticamente sano que se señalen los errores y se propongan soluciones alternativas. Ahora bien, ¿qué ocurre si las cifras, los datos, no dan margen a la crítica por ser en general positivos? Pues que para la oposición se hace difícil, literalmente, oponerse. Y ahí radica la cuestión de lo que estamos viviendo últimamente en España.

Porque en nuestro país la oposición está alcanzando límites insospechados en cuanto a la creación, cuando no invención, de una realidad ficticia a la que aferrarse para poder desgastar al gobierno. Dado que la auténtica realidad no da margen en muchos ámbitos para una crítica veraz y constructiva, hay que inventarse una nueva y muy negativa y hacer creer a la gente que es la auténtica. ¿Ejemplos? Muchos y todos los días.

Hablemos, por ejemplo, del mercado de trabajo. Una de los ámbitos en los que más habitualmente los partidos de la oposición (sea cual sea su signo político) más critican la actuación de los gobiernos de turno. Hace pocos días el actual líder de la oposición, Núñez Feijóo, no tenía empacho en declarar que España estaba en general en una situación terminal y que no sabía cómo el país aguantaba un día más el pésimo gobierno de la coalición de centro-izquierda. Dos días después se hacían públicas las cifras de la EPA (Encuesta de Población Activa) del segundo trimestre de 2022. Un trimestre marcado por la crisis desencadenada por la invasión rusa de Ucrania y el desencadenamiento a nivel mundial de una inflación galopante. Pues bien, la EPA ha ofrecido unos datos inapelables: el número de ocupados (personas trabajando) ha aumentado en 383.300 personas en el segundo trimestre en España y en 796.400 en el último año, alcanzándose los 20.468.000 de personas trabajando y bajando el número de desempleados de los tres millones, concretamente hasta los 2.914.400. Cifras desconocidas desde 2008, pero que se complementan positivamente con un auténtico boom de contratos indefinidos y una brutal caída de los temporales (gracias a la reforma laboral tan criticada por la posición), aunque la temporalidad siga siendo aún una lacra del mercado de trabajo en España. La respuesta de la oposición, incapaz de reconocer estos buenos datos económicos, ha sido simple: negarlos o afirmar que es el sector público el que ha hecho disminuir el desempleo. Sin embargo, la EPA es un indicador serio, al que la oposición ha recurrido cuando le ha convenido, mientras que la creación de empleo se ha repartido de forma absolutamente contraria a lo que esta afirma: 782.100 personas han encontrado trabajo en el sector privado y solo 14.300 en el público en el último año. El paro ha disminuido en 624.400 desempleados en el mismo periodo, aunque haya aumentado notablemente la población activa.

Más empleo, más estable y de mayor calidad. Cifras incontestables, pero muy negativas para la oposición (que no para el país), porque desmontan los mantras que sus líderes sueltan día sí, día también, de un país en ruina total y con las masas depauperadas al borde de la revolución. Cifras que se unen a muchos otros datos que difieren de forma considerable de lo que la oposición grita a los cuatro vientos.

Aunque recomiendo al personal, ese que está tan depauperado según dichos líderes, que se dé una vuelta por las zonas turísticas o por bares, restaurantes y demás locales de ocio en su localidad, y que vean por sí mismos lo mal que está el país. Simplemente por comparar.