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Amparo, el Siyasa y el Santo Cristo

Hola, ¿Qué tal? Ha pasado mucho tiempo desde que nos leímos por última vez, pero todo sigue igual. Pasó Semana Santa, pero el sentimiento nunca desaparece; seguimos en primavera y los vencejos siguen bailando cada amanecer; el Paseo se llena cada tarde de jóvenes y mayores y los mejores atardeceres se siguen viendo en el Muro. No hay cambios a la vista, o quizás sí, pero no lo sé. Como ven, la vida sigue su camino en estas tierras de Consuelo, Siyasa y Amparo.

Es indiscutible que, a veces, el valor de una población se puede medir, perfectamente, a través de lo tangibles y lo intangible. Terminó Semana Santa hace ya algunas lunas, pero Cieza sigue siendo un punto al que mirar siempre, y no piensen ustedes que lo digo por cuestiones políticas, que para eso ya están otros, no. Yo hoy escribo sobre tres valores que, perfectamente, pueden resumir el cómo y el quienes somos los ciezanos. Casualmente, dos de esos valores, mejor dicho,  ¡baluartes! Cumplieron años el mismo día, mientras que el otro gran valor volvió a demostrar que Cieza nació para que Él viviera entre nosotros. No tengo la menor duda. 

Miren, en 1999 yo apenas contaba con siete años. En Europa una nueva moneda se instauraba y Michael Jordan dejaba la NBA. Hechos relevantes ¿verdad? Sí, sin lugar a dudas, pero, más importantes que eso, al menos para los ciezanos, fueron dos acontecimientos que, con el paso de los años, nos han permitido valorar la grandeza de sus llegadas. Por un lado, nacía la primera institución museística de Cieza, el MUSEO SIYASA, y, por otro, llegaba a la presidencia de la Cofradía de San Pedro una mujer (en aquellos años, la mujer todavía estaba relegada a un segundísimo plano en la Semana Santa de Cieza) Amparo García. Ayer dejó la presidencia de su cofradía. 25 años después, se va dejando un legado inmenso, tanto material como emocional. Todos conocen a Amparo. Todos han podido vivenciar su sencillez, su calma como ADN, su amor por lo suyo, su entrega y su lucha sin medida para que los sanpedristas pudieran lucir orgullosos el escudo de su cofradía. La Semana Santa de Cieza, indudablemente, creció porque, entre otras personas, Amparo estaba ahí para aportar su criterio y su, siempre acertado, punto de vista. Su serenidad ahora la disfrutarán en otros lares que, quizás, sacrificó por su Semana Santa. Se hace a un lado, pero su nombre ya está eternamente ligado a esta cofradía ciezana. Decía que Amparo llegó en el noventa y nueve, pero es que también llegó a nuestras vidas el Museo Siyasa. Unamuno habló de la Universidad de Salamanca como su templo y, salvando las distancias, el Siyasa es, sin temor al error, el templo de la cultura, la sabiduría y la museística en Cieza. El Siyasa, como casa de la cultura, como contenedor de lo efímero y lo que llega al alma, el arte, pero también como lugar de encuentro de tantos y tantos colectivos y personas que han añorado sus paredes como mejor muestrario para dar a conocer su trabajo.  Que el Siyasa cumpla muchos más años será una gran señal, eso sí, siempre con Joaquín Salmerón como su Alfonso X particular. Siempre velando por la cultura y por las artes frente a los que se empeñan en relegar el saber a un plano muy secundario.  Gracias, Joaquín, por tu trabajo y por mantener día a día el legado de Siyasa.

Por último, en el mismo fin de semana en el que el museo cumplía veinticinco años, Cieza volvió a demostrar que, podremos tener diferencias entre nosotros, podremos querernos más o menos, pero al Santo Cristo todo el mundo lo identifica y lo quiere como suyo. Hicimos de Abarán un trocito más de nuestra tierra, el Santo Cristo se volvió a erigir como estandarte de nuestra tierra y Abarán entendió que en la comarca solo hay un faro luminoso y, gracias a Dios, vive teniendo por frente al Segura y por protectores a sus hijos. Pasarán los siglos, pasarán los otoños, las primaveras, los inviernos y los veranos, pasaremos nosotros, pero el Santo Cristo siempre quedará como espejo de una sociedad que, allá donde vaya Él, ellos irán. 

Amparo, el Siyasa y el Santo Cristo. Cieza nunca pudo encontrar mejores baluartes que ellos. Sintámonos orgullosos de conocerlos, vivirlos y disfrutarlos. Eso solo lo tenemos aquí, en la mejor tierra del mundo.

Espero verles dentro de quince días, pero no se lo aseguro. Mientras sigo observando la vida.