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Ginesa Martínez Villa: ‘’Si volviese a nacer, volvería a ser maestra, con todo lo bueno y lo malo’’

Terminó el verano, el calor poco a poco se va disipando y, entre procesión y procesión, Cieza en la Red vuelve a dar voz a diferentes ciezanos que, pese a su labor, son desconocidos para el gran público. Hoy comenzamos con una mujer hermética y a la que le cuesta expresar sus sentimientos, en efecto, cuando se jubiló, la gente pensaba que iba a llorar, pero ni una lágrima. Accedió al cuerpo docente sin oposición, gracias a su currículum, el mismo que, posteriormente, le permitió dedicar 22 años de su vida a la gestión de, quizás, su segunda casa, el Gerónimo Belda. Nuestra entrevistada de este mes destaca por sus dotes de liderazgo y por romper barreras como mujer. Tiene dos pasiones, su familia y la Semana Santa, pero, sin lugar a dudas, Ginesa Martínez Villa morirá habiendo llevado por bandera dos cosas, ser docente y ser hija de la Maruja, la de los embutidos.

¿Qué niña fuiste?

Fui una niña de la época. Una niña que siempre jugaba en la calle a la comba, el cuartete o la bici, pero, además, era una niña que ayudaba mucho en casa.  En mi casa había un negocio y nosotros teníamos que ayudar. Lo primero era ayudar en casa a hacer las morcillas y las salchichas y, después, irnos a jugar. Llegaba la feria, mis amigas se subían por la mañana y nosotros, mis hermanos y yo, ayudábamos a mi padre y luego por la tarde nos íbamos a la feria como cualquier niña. En resumen, fui muy feliz  jugando en las calles de tierra. La bici era nuestro juguete favorito.  Siempre en la calle, pero primero, lo de casa.

¿Qué ausencia te duele o te ha dolido más? ¿Crees que la vida te ha golpeado con virulencia?

Vamos a ver, ausencias tengo dos muy recientes. La de mi madre y la de mi hermana. Son dos ausencias bastante importantes. Antes fueron las ausencias de mi suegro o la de mi padre, por supuesto, pero la vida me ha golpeado bastante con la pérdida de mi hermana.

¿Cuándo descubriste que había una futura docente en ti?

Siempre me han gustado los críos y enseñar. Al ser de enero, pasé de parvulitos a segundo, por lo que terminé muy pronto. Cuando acabé la educación secundaria yo tenía clarísimo que quería ser maestra, además, no se me pasó otra cosa por la cabeza, por eso me matriculé directamente en magisterio.

Aquellos inicios no tienen que ver nada con la actualidad ¿verdad?

No. Además, en mis inicios como docente no estuve parada en ningún momento. Terminé la carrera en junio, en septiembre comencé a dar clases de religión en el San José Obrero y, al año siguiente, comencé como maestra provisional, puesto que yo no hice oposición. Antes estaba el sistema de acceso directo al cuerpo, entonces el 10% de todos los que habíamos terminado en España sacábamos acceso directo. Yo estaba entre los 70 de 700 que éramos en total. Luego sí que es verdad que hice oposición para sacarme una segunda especialidad, pero ya era diferente. Ya estaba trabajando.

¿Es real esa percepción que tenemos del alumno como alguien cada vez más apático y pasivo?

Sí. El alumnado ha cambiado mucho, pero no solo el alumnado, también los padres. Las familias y las situaciones familiares han cambiado mucho, al cambiar la familia tanto, evidentemente, el niño también ha cambiado. Antes nosotros no teníamos nada, por lo que apreciábamos cualquier cosa, ahora, los niños lo tienen todo y, si en casa lo tienen todo, incluidos todos los medios digitales, cuando llegan al centro y no tienen los medios digitales, eso provoca que estén más pasivos. También hay otro factor determinante, el apoyo de los padres hacia los maestros. A veces no es el que necesitamos. Todos recordamos cuando éramos pequeños que, si no hacíamos algo bien, nuestros padres nos reñían, ahora no, ahora van y le riñen al maestro y nos dicen que por qué le levantamos la voz a su hijo, esto es una realidad que nos encontramos en los centros cada vez más. Yo empecé a trabajar en el año ochenta y tres y me jubilé en el dos mil veintitrés, han sido muchos años y he visto como se ha ido evolucionando, ni mejor, ni peor, diferente. Actualmente tenemos una promoción de cristal, a los niños no se les puede tocar, en el sentido de no levantarles la voz, que a lo mejor es verdad que sin darnos cuenta levantamos la voz, pero también es cierto que muchos valores se están perdiendo, valores como la responsabilidad, ayudar a los demás etc… Estos valores ahora mismo están desapareciendo.

Ginesa ¿Qué tienes claro?

Que si volviese a nacer sería maestra. Eso lo tengo clarísimo. Si volviese a nacer, volvería  a ser maestra, con todo lo bueno y lo malo. Eso lo tengo clarísimo. Además, volvería a la misma familia que tengo. Mi marido y mis hijas.

Además de docente, en 2006, fuiste pregonera de la Semana Santa de Cieza, después presidenta de los Hijos de María y, en dos periodos diferentes, directiva de la Junta de Hermandades Pasionarias ¿crees que has abierto camino a otras mujeres?

A ver, la mujer siempre ha estado ahí, lo que pasa que, a veces, no ha estado tan visible, pero sí. Como presidenta de los Hijos de María también fui una de las primeras, pero es que en mi casa siempre hemos sido semanasanteros desde abajo. Mi abuela, por ejemplo, siempre estaba pendiente de que mi abuelo llegara a tiempo o mi madre siempre pendiente de nosotros. En resumidas cuentas, las mujeres siempre hemos estado ahí, pero de cara al público, pues si se ha abierto camino y, cada vez más, se va abriendo camino. Cada vez más mujeres estamos en los cargos de responsabilidad.

¿A quién le estás agradecida?

A la vida, a pesar de los golpes duros que me ha dado, y a la familia que tengo. Estoy muy agradecida.

Durante todos esos años hay alguien que siempre ha permanecido a tu lado como tu escudero. Te hablo de Eusebio.

Fíjate, nosotros somos tan diferentes que por eso nos llevamos tan bien. Siempre se dice que los polos opuestos se contradicen. Así, tenemos muchas pasiones juntas, pero nuestra forma de ser es muy opuesta, por eso, quizás, estamos juntos desde el año 85. La verdad es que hemos estado ahí, con nuestros mejores y peores momentos, pero siempre juntos. Siempre apoyándonos, aunque seamos distintos. Él en sus cosas y yo en las mías, sumándole mis hijas, mis dos escuderas pequeñas.

Pese a esas múltiples facetas que nombramos anteriormente, la docencia te ha robado el corazón. Cuéntanos alguna anécdota o recuerdo que tengas presente con especial cariño de tu etapa como docente.

Recuerdos muchos. Tengo buenos, menos buenos y de todos. En general, cuando voy por la calle y personas ya con cuarenta y tantos años se tiran a darme un beso y me dicen ‘seño’, eso me llena. Hace poco hemos hecho una cena de alumnos, que hacía mucho tiempo que no nos veíamos, y el ver como ellos me recuerdan a mí, eso me abre el corazón. Que me recuerden como la maestra con la que siempre hacían los trabajos o  las excursiones fue como dar paso a una serie de novedades, porque antes este tipo de actividades, como salir de excursión o hacer manualidades, no se hacían en los centros, se hacía la costura y poco más; recuerdo que los críos decían ‘a mí, mi señorita me ha enseñado a coser’. Todos los niños y niñas de mi clase cosían y eso ellos lo recuerdan como algo positivo.

¿Echas de menos el día a día en el colegio?

Se echa en falta el día a día, pero también es verdad que tengo esa paz y ese sosiego que me permiten poder dedicarme a todo aquello que no he podido antes, además, puedo hacer las cosas con más tranquilidad. Tengo claro que es una etapa buena y que tengo que vivirla, pero sí que lo echo en falta. Por ejemplo, esta mañana eran la una y he subido por los alrededores del Gerónimo Belda, claro, todos los críos llamándome ‘seño’, porque los críos a los que yo he dado clases me llaman seño, para los demás soy La Ginesa o la jefa.  Cuando los veo por la calle  y me llaman así, se me abre el corazón. Me ha gustado ser muy rígida en mis cosas, me ha gustado que todo vaya muy bien, pero a la vez yo me he sentado a un alumno en el despacho, frente a frente, y le he dicho lo que tenía que decirle y el crío se ha ido dándome un beso, porque le he sabido dar una de cal y otra de arena, entonces, todo eso lo echo en falta, pero, como gracias a Dios ha sido en Cieza, y los tengo aquí, pues para un ratico los tengo.

¿A qué dedica Ginesa su tiempo una vez que se ha jubilado?

Hasta hace poco, la mayor parte del tiempo, por desgracia, lo he dedicado a organizar las cosas de mi hermana tras su fallecimiento. Por otro lado, también lo dedico a la Semana Santa. Cuando yo digo que sí a algo, me pringo muchísimo. En la Junta de Hermandades Pasionarias, por ejemplo, hago mucho trabajo del que no se ve, al igual que mis compañeros. Al tener más tiempo libre que ellos, pues puedo hacer más que ellos. Ahora mismo, con el tema de la Virgen del Buen Suceso Coronada, preparo las tarjas, las medallas, los paños del altar etc… Por último, también me gustan mucho las manualidades y coser.

Para finalizar, ¿qué esperas de la vida?

Espero de la vida que me siga regalando momentos juntos a los míos; que sigamos tan unidos como lo estamos actualmente y que mis amigos siempre estén a mi lado y que no pierda ninguno, al contrario, que vaya sumando amigos.