Con la llegada del otoño, volvemos a entrevistar a un docente, pero, en este caso, un docente multidisciplinar que, desde pequeño, recorrió la naturaleza de la mano de su abuelo Mariano, de quien aprendió a cocinar el mejor arroz y conejo y gazpachos que sus amigos se llevan a la boca. Nuestro entrevistado no solo es un excelente cocinero para los amigos, sino que, cuando trabajaba de ingeniero, descubrió, entre charla y charla, que lo suyo era comunicar y educar. Bolivia cambió su vida de manera radical, y él, ahora, desde la inteligencia emocional, intenta cambiar la vida de los demás.
Mariano Ortiz es un torrente de pasión, ilusión y ganas por cambiar su entorno más próximo, bien desde el primer eslabón de la cadena, la escuela, o bien subido a las tablas de un teatro. Eso sí, los miércoles por la tarde no lo busquéis, son su día de relax. ¡Qué importante es parar y dedicarse tiempo a uno mismo! como hace Mariano Ortiz.
¿Qué niño fuiste?
Fui un niño feliz, feliz porque podía compartir mi vida, no solo con mis padres y mis hermanas, sino también con los abuelos. No todos los niños tienen la suerte de disfrutar de sus cuatro abuelos y algún bisabuelo. Ese disfrute de familia, ese poder convivir con todos ellos supuso para mí una experiencia muy enriquecedora de la que me siento muy agradecido.
Pepe Ortiz.
Me emociono simplemente escuchando su nombre, porque es mi hermano. Es mi tío de sangre, pero por la cercanía de edad; por las vivencias; por su manera de ser tan parecida a la mía, enérgico, pasional con lo que hacía y muchas más cosas. Pepe Ortiz es una persona de la que solo puedo tener gratitud por haberla conocido. La tristeza de haberlo perdido tan pronto está ahí, pero, con el paso del tiempo, he podido trabajar esa tristeza y transfórmala en gratitud por haber sido afortunado de disfrutar cuarenta y nueve años de su vida – se fue muy pronto- pero dejó una huella muy grande y muy emotiva. Todos los que hemos pasado por su vida llevamos parte de Pepe.
¿Cómo se inicia Mariano en el mundo cofrade?
Me inicio a través de amigos y familiares, como mi tío Pepe, que era un apasionado de sus cofradías; ‘La Samaritana’, ‘Los Hijos de María’ y la Virgen, que siempre ha sido su pasión. Eso se transmite. Yo tenía el mejor ejemplo en casa, tenía una persona que vivía con pasión y con sinceridad ese sentimiento cofrade, porque los que somos cofrades aquí en Cieza, sabemos que ser semanasantero es un sentimiento y no solo se trata de sacar santos a la calle, detrás de una cofradía hay mucho más. Yo llegué a ser cofrade primero por esa pasión que me transmitía mi tío y, segundo, porque me encontré con la gente apropiada en el camino, esa gente que me ha transmitido esa pasión y me ha permitido realizarme y encontrarle sentido a pertenecer a una cofradía. Una cofradía es mucho más que sacar santos a la calle, es vivir tu vida acorde a los valores cristianos y también hay una acción social, una ayuda a los demás que forma parte de mi sentido de vida.
Viste nacer a la Cofradía de Ánimas desde sus inicios ¿qué supone para ti la madrugada del Sábado Santo?
La madrugada del Sábado Santo, en la que se abre el portón de la Asunción y sale el Descenso de Cristo a los Infiernos, de la Cofradía de Ánimas, para mí supone un empezar de nuevo. Tal cual. Llego cansado, llego abatido después de una semana intensa, se pasa por la mente abandonar un año y descansar, pero, rápidamente, conectas y te preguntas ¿para qué salgo yo en esta procesión? ¿Para qué soy yo hermano de la Cofradía de Ánimas? Ahí, directamente, aparece la motivación y no concibo no estar ahí un año para acompañar al Cristo en su descenso a los Infiernos. Bajar y subir al Muro es simbólico para todos nosotros, pero es una metáfora de la vida. Bajar a lo más profundo para encontrar el impulso que se necesita para empezar de nuevo.
El Alto de Bolivia.
El Alto de Bolivia es una de las experiencias que ha marcado mi vida. Cuando yo entro a la Cofradía de Ánimas, una de las cosas que más me llama la atención es esa parte de voluntariado, de acción social, de ayuda a los demás. Cuando entro me encuentro con un proyecto con el que ya se colaboraba. Yo no elegí colaborar con ese proyecto. Ya estaba ahí. Formaba parte de la cofradía y, cuando conocí que era un proyecto educativo que atendía a niños de la calle en riesgo de exclusión social, pues, directamente, ese proyecto llamó todo mi atención y no me pensé ni dos veces el viajar ahí. Viajé junto a mi mujer, Pepa Santos, por aquel entonces ella solo era mi compañera de la Cofradía de Ánimas. Por eso, se lo debo todo a las Ánimas. Mi mujer, mis amigos, mi familia etc… Fuimos dispuestos a ofrecer y, nada más lejos de la realidad, porque no paramos de recibir. Fue una experiencia que nos transformó la vida y transformó mucho la perspectiva de vida que nosotros teníamos. Lo material pasa a un segundo plano y realmente lo enriquecedor en esta vida es ayudar a las personas y el poder sentirte parte de algo.
Un buen amigo tuyo te define como un ‘’hombre del Renacimiento’’ ¿A qué crees que se deben estas palabras?
Ese amigo mío sabe que pongo pasión a todo lo que me apetece hacer. Es verdad que tengo un abanico muy amplio de cosas. Me ilusiono muy fácilmente, y, no solo me ilusiono, sino que, además, me gusta llevar a cabo los proyectos, pero porque me gusta formarme, aprender, enriquecerme con otras personas y me gusta el contacto con la gente. De ahí que me guste cocinar, leer, escribir, viajar y, luego, también, el comunicar, que es lo que me ha llevado, aparte de ser docente, a esta nueva etapa en la que me encuentro ahora, donde, desde el voluntariado, intento ayudar a otras personas desde la promoción de la salud emocional.
Eres ingeniero, docente, conferenciante, pregonero y un poco artista. Ahora que ves en la calle obras como el ‘’Santo Entierro’’ o ‘’El Cristo de la Expiración. ¿Qué sientes al recordar cómo trabajaste codo con codo con Yuste Navarro en la realización de Santa María de Ánimas?
Hablar de Antonio Jesús es hablar de otro portento. ¡Este sí que es un hombre del Renacimiento! Tiene un don. Yo siempre digo que lo que él hace no puede ser humano. Eso es divino. Transformar la madera en un Cristo de la Expiración o un Santo Entierro eso es un don y solo lo puede hacer alguien como él, con una fe muy profunda y con una vida espiritual muy trabajada. Además, tiene una parte informal, una parte loca, muy divertida que, los que lo tenemos cerca, podemos compartirla y también es una gozada disfruta del humor, de las risas y, a veces, del desvarío más surrealista. En resumen, todo lo que tenga que ver con él a mí me hace sentirme muy orgulloso. Le deseo siempre lo mejor.
Un buen día decidiste adentrarte en el mundo de Goleman y Gadner y volverte conferenciante…
La verdad que el mundo de la salud emocional era un tema muy desconocido para mí y para mucha gente. Ahora está muy de moda con el tema de las redes sociales y los influencers que transmiten estos mensajes positivos, con los que hay que llevar cuidado también. Hay que animar a la gente a buscar su mejor versión y hay que hacerlo desde la precaución de que cada persona tiene sus circunstancias, tiene su vida, sus ritmos y no podemos pretender estar bien de un día para otro y estar siempre feliz. Eso sería profundamente agotador y muy frustrante, además de que no sería la realidad. Entonces, ¿por qué me intereso por este tema? Pues porque empiezo a formarme a nivel personal y veo que hay cosas en mí que no me hacen bien. Hasta que llegué a un punto en mi vida en el que decidí hacer las cosas de otra manera. Sentirme de otra manera. Ahí empiezo a formarme a nivel personal y descubro que, como seres humanos que somos, no educamos como queremos, sino como somos y que nos comportamos como hemos interpretado la vida y la realidad que tenemos.
¿Cómo se aprende a ser emocionalmente inteligente?
Con actitud y queriendo, eligiendo ser eso, porque se puede leer mucho, te puedes formar, puedes asistir a conferencias, ver vídeos de tik tok y puedes escuchar a Víctor Küppers o Santandreu, referentes de la inteligencia emocional, pero si ahí se queda cuando acaba el vídeo, el libro o la conferencia. Al terminar vuelves a tu vida, y tu vida sigue siendo la misma. Si tú no cambias nada, la vida no cambia. Requiere de compromiso y valentía, porque a veces no nos gusta reconocer que somos imperfectos, somos seres humanos perfectamente imperfectos y tenemos derecho a mejorar y podemos equivocarnos, podemos aprender y no pasa nada si metemos la pata y no sale algo como queremos o hemos fracasado, lo importante es saber que eso forma parte del camino, es un crecimiento y en la adversidad también se aprende. Si me he equivocado, tengo la opción de pedir perdón y, si no me ha salido algo como yo quería pues tengo la opción de saber que la próxima vez puedo mejorar. Todo esto también requiere de humildad.
¿Contenidos curriculares por encima de la formación personal o al revés?
Primero la persona. Primero ser y luego hacer. Esto lo tengo muy claro, porque cuando ponemos el foco en el hacer, nos estamos olvidando de ser y, entonces, si ponemos el foco en contenidos, acabar el curso leyendo tantas sílabas por minuto etc.. nos perdemos en el camino. Estamos poniendo el foco en algo que es importante, pero que no es vital y no estamos atendiendo a la otra parte, porque cuando un alumno se encuentra motivado y comprendido, lo demás viene solo. Un alumno motivado, querido y comprendido aprende solo. Primero el ser, primero atender a los alumnos. Tenemos delante personas, y, además, muy vulnerables, muy ingenuas y cada uno con una historia familiar y con su mochila.
¿Cómo afecta el uso de tecnología digital en el desarrollo emocional equilibrado de los niños y adolescentes?
Aquí tenemos una dicotomía, las nuevas tecnologías son buenas, nos ayudan, facilitan nuestra vida, nos ofrecen posibilidades infinitas, creatividad, pero no pueden reemplazar nunca a la persona, a la mente humana, a la creatividad humana. No nos pueden reemplazar nunca a nosotros, la tecnología está para complementarnos, es lo que yo creo. Yo no soy partidario de prohibir nunca, porque todo bien utilizado es bueno si viene a sumar, si viene a completar el proceso. Con las nuevas tecnologías se consiguen resultados muy buenos. Hay que limitar su uso, habitualmente me encuentro a jóvenes que se duermen en clase, con falta de atención, que reconocen que se acuestan a las tres de la mañana chateando y viendo series y lo hacen porque no pueden conciliar el sueño, han entrado en una dinámica que creen que es lo normal y como no pueden dormir recurren al móvil entrando en una espiral de dopamina, recompensa y gratificación instantánea continua que es lo que ofrecen los ‘likes’’, que no son capaces de desconectar y desvincular de su vida para poder centrarse en una rutina de su vida tan necesaria como el sueño. Cuando esta tecnología interfiere en la salud, es un problema.
¿Qué relación existe entre la capacidad de aprender y el estado emocional?
Una cosa viene unida a la otra, un alumno que se siente comprendido, que se siente aceptado, que siente que confían en él, es un alumno dispuesto a trabajar, dispuesto a darlo todo, dispuesto a esforzarse. Todo lo contrario nos lleva a la desmotivación, al abandono escolar; muchas veces creemos que detrás de un joven desmotivado hay un joven gandul, hay un joven que no quiere esforzarse. La juventud de hoy en día es maravillosa, es diferente, mucha gente se queja de los jóvenes de hoy en día, pero la juventud de hoy en día es maravillosa, es divertida, es ocurrente, es ingeniosa. A mí me encanta disfrutar el día a día con los adolescentes, pero no tienen nada que ver con los jóvenes de hace veinte años. Hay que adaptarse y aceptar el cambio y entenderles y para esto hay que saber también cómo se sienten.
Por último, ¿qué esperas de la vida?
Yo aspiro a vivir en paz. Estoy ahora mismo en un punto en el que, profesionalmente y personalmente, me encuentro muy realizado. El sentimiento y los problemas siempre están ahí. Quien no tenga problemas, tiene un problema. Todos tenemos problemas y los problemas son necesarios. Se aprenden de ellos y, a pesar de ellos, siempre digo que la vida es bella, como la película de Roberto Benigni. Por eso, lo que hay que hacer, es poner el foco en lo positivo, poner el foco en aquello que sí tenemos y no en lo que nos falta. A veces creemos que lo mejor está por venir y quizás lo mejor lo tenemos ya. Así qué, poniendo el foco en el presente, en lo que tenemos alrededor y en lo que hacemos, para mí es suficiente para sentirme satisfecho con lo que hago y en unos años vivir en paz.