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Cieza, hoy. Las 4 Esquinas de nuestra vida

Abro la puerta. Lo esperado. A reventar. Se nota lo que pasa. Me dirijo a la barra metálica. Se acerca Elena, el retrato de Paco y la foto de los Beatles me miran atentamente:

-Elena: ¿Qué tiempo de espera estáis manejando?

-Una hora y media.

-Wuau.

-Ponte una Maxi de ternera. Total, es la última.

Así comenzó mi última noche en el 4 Esquinas. Sabía que iba a llegar el momento, que nos íbamos a despedir. Paco lo tenía claro un año antes: ‘’Cuando mi mujer se jubile, cierro’’ y así fue. 29 de junio. Una fecha para la historia de la Calle Angostos y del Casco Antiguo de Cieza. Aquella noche de un ya lejano mes de junio cerró la persiana por última vez algo más que un simple garito donde tomarte una cerveza con una hamburguesa de las que ahora llaman de autor. El 4 Esquinas ha supuesto uno de los puntos de encuentro más queridos y visitados por los ciezanos. El bajo de Paco tenía un algo que nos embelesaba, nos cautivaba y siempre nos hacía sentirnos en casa.

‘’ Por esas cervezas bien tiradas. Febrero 1982- junio 2025’’ se podía leer sobre una tarta de chocolate que se encontraba en una esquina del local. De fondo sonaba en Spotify ‘’This is David Gilmour’’ y la puerta era un constante abrir y cerrar hacia una fuente de recuerdos que se iba consumiendo según avanzaban las horas del día. Todo parecía como una película, gente grabando con sus móviles, camisetas donde se podía leer ‘’Esto empieza ahora’’ -¡qué cachondo, Paco- y la cerveza corriendo como si no hubiera un mañana. El 29 de junio pasará a la historia de la sociedad ciezana como el día en el que los ciezanos perdimos otra parte más de nuestra historia, y ya van unas cuantas en los últimos años. Con el cierre del 4 Esquinas se nos abre una herida que nunca podremos cerrar. Es evidente que los seres humanos nos olvidamos rápidamente de nuestro pasado, pero lo que es más evidente es que hay recuerdos que nunca se van de nosotros. El local de Paco fue una isla en un casco antiguo donde la oferta de restauración brilla por su ausencia, pero es que el bajo de Paco no era solamente un restaurante, era un punto de encuentro, el idílico punto y final tras cada procesión; la hamburguesa previa antes de cada reunión; el lugar en el que estirar las conversaciones hasta altas horas; la cueva en la que elucubrar historias y decisiones que cambiaron la historia de nuestra sociedad y, ¿por qué no? El lugar donde comenzar a escribir las historias más bonitas de nuestras vidas. Su cierre, inevitablemente, nos hiere como personas y como sociedad. La esquina del 4 Esquinas ya no será lo mismo cuando, al pasar, veamos todo bajado y ni un ápice de vida en el interior. Ahora ya solo nos queda navegar en nuestros recuerdos y, como dijo una compañera el día en el que se despedía del colegio en el que había trabajado sus últimos siete años de vida: “No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”. Sonriamos, porque haber podido disfrutar de las hamburguesas de Pascuala, la atención de Paco, el diseño de Pepe Lucas y el color de esas paredes amarillas, ha sido un auténtico regalo del destino y de nuestra querida tierra.

Gracias, 4 Esquinas, por hacernos los ciudadanos más felices del mundo. No nos olvidaremos jamás ni de tus cervezas ni de tus hamburguesas.

Os espero dentro de quince días, mientras sigo observando la vida.