Su fallecimiento ocurría el pasado sábado 26 de julio a los 95 años de vida dedicados a la docencia y a la protección de nuestras tradiciones locales. Conocí a Antonio Marín Oliver desde que era niño, Antonio, para otros D. Antonio, o simplemente y cariñosamente Antoñico Marín. Su vida ha estado vinculada a su gran pasión que era la docencia, él mismo decía: «si viviera tres vidas, tres vidas que hubiera sido maestro». La gran labor docente que realizó en el vecino pueblo de Calasparra así lo demuestra, o los años que estuvo en Cieza donde ya se jubiló impartiendo clases en el Colegio San Bartolomé-La Era o ya en el Colegio José Marín (El Fatego).
Mi apego a su figura y amistad arranca desde que yo era niño, aún sin ser profesor mio, influyó en mí a la hora de potenciar la defensa de nuestras tradiciones, el amor a nuestra semana santa, y a todas las tradiciones locales. Recuerdo cuando pasó por el Colegio San Bartolomé, dando clase de primaria, cuando estaba yo estudiando EGB en ese mismo colegio. De viaje de estudios nos fuimos a Valencia y él vino también como profesor. Recuerdo cuando nos hizo de guía por Valencia visitando a la «Geperudeta» y pudimos subir hasta su camarín o visitar la iglesia de los Santos Juanes donde se encontraba el antiguo retablo que había en nuestra Basílica de la Asunción.
Mis recuerdos de niño pasan por la entrañable amistad que teníamos y nuestro profundo respeto hacia nuestras tradiciones religiosas ciezanas. Persona de creencias religiosas muy profundas, su devoción hacia el Santísimo Cristo del Consuelo era infinita, como la de todo ciezano, siendo una de las pocas personas que lo ha vestido, lo ha adornado para sus procesiones y el ciezano día de la Cruz y siempre que besábamos al Cristo nos decía: «Besadlo siempre en sus manos, en sus pies, en el costado, pero nunca en su cara, ahí lo besó Judas».
Gran devoto de la Santísima Virgen, no ha habido imagen de la Virgen en Cieza que no haya vestido él. Vistió muchos años a la Patrona de Cieza, María Santísima del Buen Suceso, a él se debe que la imagen de la Virgen lleve el popular y bonito arco de flores que la enmarca. Ya en los años 60 del pasado siglo XX, la Patrona de Cieza ya bajaba de su eremitorio con su típico arco forrado de pino y romero de la Atalaya con dalias blancas y nardos, dejando un aroma serrano por donde pasaba la sagrada imagen. De su casa, debido a la buena costura de sus hermanas Pepita y Anita, salieron muchos mantos para la Excelsa Patrona de los ciezanos y por supuesto los «zapaticos del Niño».
Recuerdo en vísperas del ciezano Día de la Cruz ir a Calasparra con él a traernos «calas con sus hojas» para hacer los cuatro pomos que llevaba el Santo Cristo en sus andas ese día tan ciezano. Las flores que traíamos de Calasparra no le costaban nada, se las regalaban, pues la amistad con aquellos vecinos de Calasparra era muy profunda, de años impartiendo clases allí.
Su otra pasión, nunca mejor dicho, era nuestras tradiciones religiosas locales. Amaba nuestra semana santa, la tradición de nuestro Santísimo Cristo del Consuelo, y la tradición de nuestros Patronos. Recuerdo como en una de las peores crisis que padeció nuestra semana santa, allá por los años 70 del pasado siglo XX, Antonio Marín habló con un grupo de entonces estudiantes ciezanos capitaneados por José Gómez Rubio, su hermano Joaquín, Antonio Ruiz Lúcas, Ricardo Pérez Sánchez y muchos más, para que refundaran la Hermanda de Santa María Magdalena. Y así fue, aquellos jóvenes de entonces accedieron al encargo de Antonio Marín para que a María Magdalena no le faltara hermandad para procesionar y así ha sido por estos años hasta el día de hoy, ahí están todos y muchos más, al pie de «su Santa» y de su Cristo de la Sangre hasta la eternidad.
Recuerdo como también los hermanos fundadores del Stmo. Cristo del Perdón pidieron ayuda a Antonio Marín para que les diseñara el trono de su Cristo y así fue, también les diseñó el estandarte. O el «paño o mandilón» que regalaron tanto él como sus hermanas a la Santa Verónica, realizando la pintura María -Jesús Castañeda. Restauraciones de toneletes antiguos de nuestro Santo Cristo por parte de sus hermanas Anita y Pepita, el manto que lleva la Virgen del Amor Hermoso el Domingo de Resurrección lo hicieron ellas, o el manto blanco que tiene Santa María Salomé también fue realizado en su casa por sus hermanas.
Cuando fui yo presidente de la Cofradía de María Santísima de la Soledad, siempre me decía:»…cómo te gusta que lleve las manos la Virgen, Manolo?»; yo le contestaba que juntas, con el corazón en sus manos, no abiertas, y así se hacía.
Era asiduo colaborador de la revista «El anda», con sus artículos, componente de la Comisión de Arte de la JHP desde su implantación hasta el año 2.005. Cuando se restauró nuestra Basílica de la Asunción, no tardó en colaborar en todo lo que se le pedía, cuando se repusieron las vidrieras que están en la nave central, no tardó en sufragar de su bolsillo dos de ellas, junto a otras familias y ciezanos/as como María Gómez o la familia Moreno Gómez.
Gran apasionado de las novenas de nuestro Santísimo Cristo del Consuelo, cantando en el coro y potenciando el mismo. Recuerdo cuando el sacerdote y capellán de las Clarisas D. José Lozano Herrero me entregó una partitura que compuso el maestro D. Antonio León Piñera para el Santo Cristo, la aprendí ensayándola en su casa, en un piano que tenía, con el maestro Rodolfo, que traíamos de la vecina población de Blanca, donde era su organista y director de la Banda Municipal de Música. La plegaria siempre que pude la cantaba yo en los novenarios del Cristo del Consuelo.
Solo puedo decir GRACIAS ANTONIO, por todo lo que has infundido a tus alumnos, por tu excelente docencia. GRACIAS ANTONIO, por tu pasión por nuestras tradiciones, tu amor a nuestra semana santa, tu desvelo por nuestra Patrona, tu devoción eterna a nuestro Santísimo Cristo del Consuelo, tus artículos, tu amistad, tu sonrisa al cruzarte con alguien. Algunas veces decías: «Más vale ser boca de ratón que cola de león», para servir con humildad sin vanidad alguna, para ayudar sin medallero alguno, para estar ahí cuando la semana santa nos ha necesitado, sin hacer ruido, solo ayudar y ayudar para que nunca se pierdan nuestras tradiciones locales, y sentir solo la satisfacción eterna de haber recogido muchas cosas maltrechas y llevarlas a buen puerto, recuperándolas para los ciezanos.
Siempre te recordaremos Antonio, a ti y a tus hermanas. El último día que te vi por las calles ciezanas fue el pasado Día de la Cruz, viendo al Santo Cristo al que tanto querías y has preparado para ese ciezano día.
Termino con la letra de aquella plegaria que ensayamos en tu casa con el maestro Rodolfo y que dice así:
Vivo Señor tan solo para amarte,
y en ti mi corazón cifra su anhelo,
y no deja mi mente de adorarte
porque eres de las almas el consuelo.
Es mi paz, mi contento y mi alegría
y el dulce encanto de la vida mía,
pues siempre que a tus plantas he llegado,
buscando que me amaras me has curado,
todo dolor, todo dolor.
Al exhalar mi aliento postrimero,
prendiéndome la muerte con sus lazos,
a mi lado Santo Cristo verte quiero,
para morir tranquilo entre tus brazos.
Y al dejar esta vida de dolores,
me darás de tu pecho los amores,
cogido de tu mano al áureo Cielo,
me lleves Santo Cristo del Consuelo.
Por tu pasión, ven junto a mí,
Santo Cristo del Consuelo.
Descanse en paz, Antonio Marín Oliver, un gran docente y un gran ciezano. Vida eterna para él.