El verano es un buen momento para viajar, conocer nuevas ciudades, descubrir otras culturas y sus costumbres, hacer muchas fotografías, saborear nueva gastronomía… pero también es tiempo de frenar, descansar, pasear en calma por el pueblo y andar por las calles que nos han visto crecer y así romper -por qué no- con la reciente y estridente moda que han incorporado los últimos milenials y miembros de la Generación Z, de viajar cada poco a algún lugar exótico y estrujarlo “como si fuéramos a morir mañana”. Claro que me produce envidia, y también sorpresa, la facilidad que tienen los chavales que aún no han cumplido los treinta de estar un mínimo de dos veces al año en un punto recóndito del mundo que yo jamás llegaré a ver. ¿Cómo lo hacen? Pues no lo se. Y no creo que ya descubra el secreto. Tampoco lo quiero. Así que abandonada a la certeza de que este verano no luciría palmito por Tailandia ni Egipto, ideé el plan de caminar -cuando la temperatura lo permitiera- por las calles de Cieza y descubrir, y recordar, todos los tesoros que otros siglos escondieron.
Por elegir, elegí empezar por los puntos de la localidad en los que antes hubo un teatro. Son cuatro. El primero de ellos me llevó hasta el Camino de Murcia, vía que en el siglo XIX albergó el ‘Teatro-Circo Juliá’. Los primeros documentos de los que se tiene constancia están fechados a 3 de agosto de 1888, cuando D. Antonio Juliá Molina solicitó a la alcaldía la apertura de un local ubicado en esa calle -entonces llamada ‘Avenida de la Libertad’- para representaciones y espectáculos. Y así, el 29 de agosto de ese año, los ciezanos dieron por inaugurado su primer teatro cuyo telón fue decorado por el pintor local Mariano López Molina, y que dio la bienvenida a la cultura teatral con la representación de la zarzuela ‘El Relámpago’. Pero la fatalidad y el destino hicieron arder el edificio y el 29 de agosto de 1893, cinco años después de su apertura, acabó convertido en cenizas.
El segundo de estos espacios del que pudimos disfrutar fue el ‘Teatro Galindo’, que nacido por la afición taurina, se inauguró como Plaza de Toros el 24 de agosto de 1891. Ubicado al final del Paseo, su propietario D. Antonio Galindo Flores incorporó en 1897 un escenario con la finalidad de poder realizar otro tipo de actividades, y el 28 de agosto de ese año subió el telón con la zarzuela ‘El tambor de granaderos’ de La Compañía de Pablo López. La aceptación fue tal que el público pidió cada vez más este tipo de representaciones y D. Antonio Galindo acabó convirtiendo la primaria Plaza de Toros en un teatro, oficialmente inaugurado el 22 de agosto de 1903. Noventa y dos años estuvo este edificio prestando servicio a los ciezanos como espacio para el espectáculo y la cultura. También le abrió los brazos al cine, y aunque no tenemos constancia oficial de cuando empezaron a emitirse las primeras películas, sabemos -por un artículo de Félix Pérez Templado publicado en el Programa de la Feria de 1959- que el Teatro Galindo proyectó una vez ‘Sansón y Dalila’. Sin saber con exactitud cuál de las versiones fue, Antonio Ballesteros Baldrich cita en un artículo de la revista ‘Andelma’ (2021) que podría tratarse “de la primera versión cinematográfica de este tema bíblico, realizada en 1922 en Austria y dirigida por Alexandre Korda”. Menos famosa que la estrenada en 1949 del director Cecil B. DeMille y protagonizada por Victor Mature, en el papel de Sansón, y Hedy Lamar, como Dalila. Finalmente este teatro bajó el telón para siempre en 1983, propiciado por la aparición de nuevos y modernos aparatos audiovisuales que promovieron el cierre de muchos de estos locales.
Y como la vida es eso, etapas con sus principios y finales, podemos hablar de dos teatros más: el también desaparecido ‘Borrás’; y el eterno ‘Capitol’, el único que todavía sigue en pie, con más o menos parecido a su versión original. Pero como esta cita ya ha llegado a su fin, hablaremos de ellos en otra ocasión.