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Carta de ajuste. De calles y teatros II. El Teatro Borrás

Si algo me gusta a mí admirar son los teatros, esos edificios construidos para representar espectáculos escénicos que nos han acompañado desde la más remota antigüedad. Primero formados al aire libre a los pies de las colinas, más tarde convertidos en construcciones de piedra, las posteriores representaciones dentro de las Iglesias, las plazas y calles convertidas en escenarios, los corrales de comedia, los primeros espacios cerrados destinados solo a la nobleza y la corte, la consolidación del edificio que imitaba el modelo italiano y que aún conservamos hoy… Y así hasta construirse y asentarse en casi todos los pueblos y ciudades. Porque, quien tiene un teatro, tiene un tesoro.

A lo largo de la historia Cieza también ha presenciado la incorporación y evolución de estos edificios, desde el ‘Teatro-Circo Juliá’ y el ‘Teatro Galindo’, a la llegada más tarde del ‘Borrás’ y el ‘Capitol’. Y como los dos primeros fueron protagonistas en uno de los artículos del verano, será -si me lo permiten- con el Teatro Borrás con el que inauguremos la temporada de otoño de esta sección.

Distintas fuentes de mediados del siglo XX citan que en 1909 había en Cieza un local llamado ‘Salón Azul’, el primero del municipio destinado al cine, y en cuyos cimientos se levantaría años después el añorado Teatro Borrás, cuyo propietario fue Gerónimo Salmerón Gómez, un conocido artesano que -en palabras de Antonio Ballesteros Baldrich- “estuvo encargado de la herrería y la forja del Mercado de Abastos”. Y fue ahí, en el antiguo ‘Salón Azul’, donde echó raíces este teatro, un lugar que -sin una fecha exacta de inauguración- ya estaba en pie en 1920, pues hay documentación suficiente para asegurar que por aquél entonces ya se representaban en él distintas actuaciones, y que se alternaba el cine y el teatro, por lo que el público igual podía contemplar al tenor Marcos Redondo en 1933, como disfrutar en 1932 de la película ‘Drácula’, en su versión mexicana.

Su nombre se debió, parecer ser, a la presencia que tuvo en nuestra ciudad el actor catalán Enrique Borrás, quien actuó en Cieza en 1923 y que seguramente era -o sería- admirado por tantos ciezanos, entre ellos -imaginamos- el citado dueño del teatro. Y así bautizó al edificio (ubicado en nuestro maravilloso Paseo) tan llamativo y famoso por su calidad arquitectónica y su monumental fachada, cuya creación siempre estuvo asociada al arquitecto hellinero D. Justo Millán, conocido por ser el diseñador del Teatro Romea, la Plaza de Toros de Murcia o el Palacio Provincial de Albacete. Sin embargo no hay documentación que asegure este hecho, pues el edificio fue derribado antes de tener datos registrados.

El Teatro Borrás estuvo en pie, majestuoso y portentoso, durante unos cincuenta años sin saber con exactitud ni la fecha de su nacimiento ni la de su desaparición, aunque se cree que abrió sus puertas alrededor de 1917 y que su demolición tuvo lugar en 1965. A partir de ese momento se quedó un solar vacío en el que posteriormente se levantó un alto edificio de diez plantas que nada hace sospechar que una vez hubo ahí un teatro. Y es que la evolución y el desarrollo tiene estos cambios, pero eso no nos puede hacer olvidar la historia que hubo detrás. Por suerte para nosotros nos queda la voz y la memoria de aquellos que fueron testigos de otros tiempos y que hacen bien en contar e inmortalizar, en fotos y papel, la esencia de lo que un día fuimos.

A ellos, gracias.