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Cieza, hoy. Paco Marín y Antonio Jesús Piñera

Hay un cielo plomizo que anuncia el pleno otoño. He ido a trabajar escuchando a LA ROSALÍA. No sé cuántas entrevistas suyas llevo leídas o escuchadas, creo que tres. El País, LA REVUELTA y la de Francino. No me cansa. Siempre aprendo algo de ella. Recuerdo que en una hablaba que le gustaría no pensar tanto en el futuro y vivir más el presente. Todo va tan rápido que ya no tenemos tiempo ni de recordar a los muertos ni de sentir sus ausencias. ¡Qué pena!

Yo quiero frenar mi vida. Parar. Pensar. Respirar y no olvidar. Quiero recordar las cosas bonitas que puedo vivir, que viví y que, ojalá, viva. No me puedo quejar de mi vida, pero sí que, al mirar atrás, me da pena ver toda la gente que perdí. Quizás soy lo que soy por ellos y ellas. Por su legado y por sus infinitos regalos. De todos aprendí algo. De todos descubrí lo grande que es el ser humano y lo grande que es sentir que tienes gente de la que aprender y a la que reconocer como amigos.

Hace unos días cenaba pizza con salmón mientras veía en mi tablet un capítulo sobre Letur de la serie ‘’Beatus Illie’’. Hablaba Rozalén sobre su infancia, su tierra, su juventud y lo vivido con la DANA. Me emocionaba, ¿por qué? No lo sé, pero quizás puedo advertir que fue por mis recuerdos del Maestro Fernando y sus mañanas de Viernes Santo delante de su banda de Letur. Con claridad, con certeza y con paso definido recorrió durante muchísimos años las calles de nuestro pueblo. Me emocioné recordándolo, sí. Pero, seguro, también me emocionaré recordando a otros que se fueron. Obviamente, me emociono recordando a mi abuela, La Juana, pero hay veces que el recuerdo no genera emociones, sino agradecimientos. Agradecimiento por el legado que nos han dejado. Piñera y Paco Marín se fueron sin apenas tiempo para poder respirar entre una ausencia y otra. Ambos se podían considerar pilares necesarios de la Cieza del presente. Con ambos me unía una tremenda amistad. Siempre recordaré como Piñera me paraba por la calle y, con su voz tan radiofónica, me animaba a luchar por mis sueños, en aquellos momentos las oposiciones de Primaria. Admiraba de Piñera su sencillez y su manera de enseñar todo cuanto sabía, al igual que Paco Marín. ¡Qué voy a decir yo de Paco! Su pérdida nos ha dolido a todos los que somos Hijos de María, pero, cuando octubre terminaba, su Madre se lo llevó. De él heredamos una cofradía, un manto, millones de recuerdos y una devoción. Lo recuerdo siempre junto a su Virgen y su manto de flores, pero también lo recuerdo en su casa enseñándome sus revistas de ‘’EL BOLETÍN DE LAS COFRADÍAS’’ o la última vez que lo vi, en su patio de jazmines con un azulejo de su virgen. Ahí se puso punto y final a nuestra historia. Días después se fue al cielo. Sus partidas nos duelen, es inevitable, pero, en estos casos, siempre me quedará la certeza de que nuestra sociedad, nuestra Cieza, ha crecido gracias a su inmenso legado. Paco y Piñera nos dejaron un legado indescriptible. Las redes sociales son, a veces, contraproducentes, pero, sin embargo, en otras nos salvan y nos dan vida. Y nos salvan porque encontramos regalos inmensos como las miles de fotos que Piñera, a lo largo de su vida, fue dejando en sus perfiles de redes sociales. Semana Santa, FLORACIÓN, Navidad, Moros y Cristianos, Carnaval o el simple día a día. Siempre estaba ahí para llenar nuestra vida de belleza a través de un simple clic. ¡Hacía magia! Sus fotos eran puro lirismo y hoy, gracias a Dios, forman su legado en la red, permitiéndonos de esta manera recordar siempre al gran fotógrafo que fue y a la gran persona que llenó nuestra vida de luz y color como de luz y color es el legado que también Paco nos dejó, decenas de mantos que, año tras año, se alzaron como verdaderos altares efímeros cada noche de Jueves Santo. Altares efímeros que se convirtieron en la envidia de muchos y la admiración de tantas y tantas personas que, en las manos de Paco, reconocieron a un verdadero orfebre de la flor. Paco no solo fue flor, sino que también llenó nuestras vidas con su carácter afable, abierto, sencillo y humilde. Es en estas cualidades donde residía la grandeza de Paco. Su legado no es sino una Cieza mejor y un recuerdo impregnado de aromas y colores que, cada Jueves Santo, volverán a traernos a la memoria su figura, pero no solo cada Jueves Santo, sino que cada día de nuestras vidas seguiremos viendo a Piñera con su cámara y a Paco caminar por la Calle Angostos camino de su casa.

Antonio Jesús Piñera y Paco Marín nos dejaron un legado de incalculable valor. ¡Qué suerte la nuestra el poder disfrutarlo! Gracias por haberlo hecho posible. No os olvidaremos.

Os espero dentro de quince días, mientras sigo observando la vida.