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Carta de ajuste. ¿Existió ‘El hombre de la máscara de hierro’?

Aprovechando que en el mes de febrero se celebra el carnaval, he decidido indagar sobre una de las historias protagonizada por una de las máscaras que, sin ser festiva, sí es la que más ha llamado siempre mi atención. Se trata de ‘El hombre de la máscara de hierro’.

La información llegó a mí por primera vez en forma de película en 1998, cuando se estrenó en los cines el filme dirigido por Randall Wallace y protagonizado por un jovencísimo Leonardo DiCaprio en la piel de Luis XIV, rey de Francia. El director estadounidense, que en 1995 guionizó la oscarizada ‘Braveheart’, llevó a la gran pantalla la leyenda de la que ya se había hecho eco Voltaire y que popularizó Alejandro Dumas. En ella, los mosqueteros intentan rescatar a un misterioso prisionero, encarcelado en la Bastilla, y cuyo rostro permanece oculto tras una máscara. Con un elenco digno de admirar, los actores Jeremy Irons, John Malkovich, Gérard Depardieu y Gabriel Byrne, dan vida a la guardia real que protege a Luis XIV. –“¡Uno para todos y todos para uno!”-. Y así, recordando los tiempos de gloria, unos retirados mosqueteros intentan cambiar la historia de Francia suplantando la identidad del Rey Sol por un supuesto hermano gemelo que ha permanecido preso durante años con el rostro cubierto. Pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Existió de verdad el prisionero 64389000?

La novela de Alejandro Dumas toma como referencia la leyenda popular francesa que surge en el siglo XVII, cuando Luis XIV mandó a encarcelar a un misterioso personaje en el verano de 1669. De la historia hablaría Voltaire en 1751 tras escucharla de otros encarcelados con los que compartió celda en la Bastilla, mientras cumplía condena por sus sátiras contra el poder y la nobleza. En 1847, Dumas inmortalizó la historia del preso sin rostro al que alimentaba un sordomudo. De él se sabe lo que recogen las cartas que su carcelero, el antiguo mosquetero y gobernador de la Bastilla, Bènigne d’Auvergne de Saint-Mars, intercambió con sus superiores en París. Que existió, sí, pero ningún documento oficial parece afirmar que se tratase del gemelo de Luis XIV. En la correspondencia, Saint-Mars habla de un prisionero que porta una máscara de terciopelo al que se refiere como Eustache Dauger, del que tiene orden expresa de no revelar su identidad y al que debe matar si decide descubrirse el rostro. ¡Normal que con tanto interés y misterio, Voltarie imaginase que era alguien importante, autor de algún delito atroz! ¿Y qué te puede hacer más culpable en la Francia del XVII que tener la misma cara que el rey?

A lo largo de los años, numerosos historiadores han intentado ponerle nombre a este peculiar personaje, del que se sabe murió en la Bastilla el 19 de noviembre de 1703, y del que quemaron sus pertenencias y rasgaron las paredes de su celda tras el sepelio para evitar que apareciera algún nombre escrito ahí.

Más de medio centenar de identidades se le han atribuido al “hombre de la máscara de hierro”. Desde un amante de la reina madre -y posible padre biológico del monarca- hasta el joven Luis de Bordón, el hijo del Rey Sol que fue desterrado de la corte por sus escándalos sexuales. Otras teorías apuntan a un hermano bastardo de Luis XIV, o al duque de Beaufort, un primo del rey que conspiró contra él y al que se dio muerto en combate pero cuyo cuerpo nunca llegó a aparecer. Hay incluso teorías que dicen que se trató del mismísimo D’Artagnan, una idea impulsada por el historiador Roger MacDonald, quien cree que el famoso prisionero fue el antiguo mosquetero, dado por muerto y encarcelado en la Bastilla por ser conocedor de demasiados secretos de Estado.

Y así han pasado los años y aún no tenemos solución, pero ¿quién quiere tenerla? Seguramente es más sensato seguir dejando en el anonimato la identidad del misterioso personaje que estuvo en fortaleza francesa y qué seguirá dándonos historias y versiones en la literatura y en el cine bajo el nombre de “El hombre de la máscara de hierro”.