La llegada de las altas temperaturas influye sobre la incidencia de la salmonelosis, causada por la bacteria de la salmonella, ya que encuentra su temperatura de crecimiento óptima entre los 35 y los 37 grados centígrados.
Por ello, en verano es todavía más importante realizar la compra de alimentos en establecimientos de confianza, además de vigilar su buena conservación en los frigoríficos y extremar la higiene personal y del espacio donde se manipulan los alimentos.
Ante el inicio de la temporada estival, la Consejería de Salud ofrece una serie de recomendaciones que debe seguir la población general para evitar casos de salmonelosis, entre las que destaca una correcta higiene de manos antes, durante y después de la preparación de alimentos.
Todos los alimentos de origen animal, especialmente carnes y productos a base de huevo, deben cocinarse adecuadamente.
Los alimentos preparados que no vayan a consumirse de inmediato deben refrigerarse entre 0 y 4 grados centígrados. Además, se recomienda evitar el uso de los mismos instrumentos, como cuchillos y tablas de cortar, para alimentos crudos y los que ya están cocinados, así como evitar que los alimentos crudos y los cocinados entren en contacto.
También se aconseja abstenerse del consumo de huevos crudos o poco cocidos y, en su lugar, usar derivados de huevo pasteurizados para recetas que impliquen huevo crudo, como algunas salsas.
Lavarse las manos minuciosamente después del contacto con animales, especialmente aquellos de alto riesgo como aves de corral, reptiles y anfibios es otra medida que hay que respetar.
La salmonelosis se caracteriza por la aparición repentina de diarrea, dolor abdominal, fiebre, náuseas y otros síntomas gastrointestinales, que pueden prolongarse durante varios días. Aunque habitualmente la enfermedad se resuelve sin incidencias, la diarrea puede producir una deshidratación grave, especialmente en lactantes y personas mayores frágiles.
Esta bacteria causa un gran número de brotes relacionados con restaurantes y otros establecimientos de hostelería, así como en hogares privados. El contagio se produce normalmente por alimentos contaminados en origen, típicamente huevos, aunque pueden ser otros alimentos de origen animal, como carne, que son tratados o cocinados inadecuadamente. También es posible la contaminación por manipuladores de alimentos que resultan portadores asintomáticos y no realizan una higiene de manos apropiada.
El contacto directo con animales puede ser otra fuente de infección: entre los más frecuentes se encuentran las tortugas y otros reptiles, los polluelos, patos y otras aves de corral domésticas, y las ranas.