Según se dice en la relación de 1.579 (Relaciones Topográficas), mandada a hacer por el rey de España Felipe II, esta iglesia ya estaba edificada en Cieza en el 1.477, misma localización que el actual eremitorio del Santo Patrono de Cieza. Dicha ermita estaba localizada en el espacio comprendido entre la Fortaleza y la actual plaza mayor de Cieza. De aquella Fortaleza existen restos de la pared que da a poniente, en las casas adyacentes al eremitorio del Santo, restos de la antigua fortaleza y cómo se construyó, argamasa que utilizaban los ciezanos de aquella época tan negra para las gentes de Cieza.
La ermita se tuvo que reedificar en varias ocasiones debido a las incursiones del rey moro de Granada e incluso por estar totalmente abandonada, según se dice en un escrito histórico particular de mediados del siglo XVI. En este escrito, se nos dice que los ciezanos que hagan de este lugar corral de sus rebaños serán excomulgados. Una de las reconstrucciones se hizo en el siglo XVI ya que el día 9 de diciembre de 1.541 Calos I de España y V del Sacro Imperio Germánico pernoctó esa misma noche en la Villa de Cieza, y oró en la ermita del Santo Patrono San Bartolomé.
Ya y según las fuentes escritas, fue en el 1.770 cuando se levantó otra vez este eremitorio debido al resurgimiento de las cofradías ciezanas, ya que la Excelsa Cofradía del Patrono de Cieza, San Bartolomé, era y es la más antigua de todas las existentes junto con la Cofradía de Jesús y María Santísima de la Soledad.
La ermita es de estilo sobrio, por dentro y por fuera, estilo «desornamentado». La ermita la forman dos cuerpos, el inferior es cuadrado, con única puerta de acceso, enmarcada por un arco de medio punto; sobre esta única puerta se colocó un ojo de buey a modo de que entrara la luz en su interior, justo encima se sitúa una hornacina en la fachada con una imagen en piedra de San Bartolomé, imagen que está allí desde el siglo XVIII, pues su sitio original era la fachada del ayuntamiento de la Villa con el reloj de la Villa que estaba en el antiguo ayuntamiento frente al actual en la Plaza Mayor. El reloj de la Villa se trasladó a la actual torre de la Basílica de la Asunción a mediados del siglo XIX.
La fachada de le ermita del Patrono de Cieza a su derecha según se mira conserva una pequeña espadaña con una campana realizada en el año 1.749, y lleva la siguiente inscripción: «San Bartolomé, ora pro nobis», (San Bartolomé ruega por nosotros). En el interior de la ermita en su planta inferior se observan las pinturas decorativas al fresco del lorquino Manuel Muñoz Barberán que también decoró los salones de la casa parroquial de la calle Cartas en los años 40 del pasado siglo XX.
La planta superior del eremitorio se llama o se denomina «EL CONJURATORIO», de forma octogonal, da sus ventanas a los ocho puntos cardinales donde se domina la vega ciezana con la finalidad de bendecir los campos y la huerta de la Villa todos los 25 de abril de cada año. Construido por el Concejo y el mismo pueblo de Cieza en 1.714, conserva en su interior pinturas al fresco del siglo XVIII y XIX, de motivos florales, en su cúpula se ve una gran nube maligna con rayos que mediante la intercesión del Santo Patrono de Cieza desde tiempo inmemorial ahuyenta las malignas nubes para proteger a su devoto pueblo.
Una vez la imagen de San Bartolomé era subida al conjuratorio, se le imponía una capa pluvial, para desde allí bendecir la huerta y protegerla de las nubes de piedra. Eran abiertas las ventanas y tanto la imagen como su reliquia permanecían en este lugar hasta el día 15 de agosto de cada año que era devuelta a la parroquial, a su capilla en la misma. Adyacente a la ermita, se sitúa la llamada Casa de la Encomienda o Casa del Comendador de la Villa, de la Orden de Santiago, construida con los mismos materiales y tapial que la propia ermita.
Cieza plagó sus calles con fachadas coloreadas de azul o color amarillo ocre, el color que actualmente tiene su exterior, color de vida de sol que nos da el alimento y el sustento para vivir los ciezanos. Es el color de la maduración de las cosechas, del sol que nos da la vida y lo necesario para vivir.
En el interior de la ermita observamos el actual retablo que suple al destruido de talla madera en el 36, el actual es de sencillos toques, un pequeño camarín alberga la sagrada imagen del Patrono de los ciezanos, es de escayola y de factura humide, pero que hace perfectamente su misión: albergar, proteger y dar realce a la imagen sagrada de San Bartolomé.
Por las fuentes escritas sabemos que desde el siglo XVI, Cieza cuenta con esta imagen de San Bartolomé, realizada y atribuida al escultor granadino Juan Pérez de Artá. En su historia de Cieza, Fray Pascual Salmerón dice lo siguiente sobre esta imagen del Patrono de Cieza:»…esta imagen milagrosa no tiene vestidos, lo que se le pone es una capa pluvial, no está hueca, es de madera sólida de pies a cabeza y así es claro que en ella no se puede ocultar alguna causa natural, de la que dicho sudor pudiese originarse y por consiguiente se ha de atribuir a causa sobrenatural y milagrosa.» De tal afirmación se desprende dos cuestiones; entendemos que toda la imagen es de madera, policromada, dorada, con sus carnaduras y corona, sus vestiduras son decoradas con la técnica del «esfofado» con pan de oro fino.
Durante la contienda civil española, la imagen fue arrojada al río desde el muro actual o barbacana, cayendo justo al pie del actual eucalipto que está junto al Puente de Hierro, llamado este sitio por los ciezanos «el baño de San Bartolomé», ya que existe un remolino peligroso que no deja ocasión de baño normal alguno a nadie.
La cabeza del Santo Patrono de Cieza de ojos muy expresivos, de facciones marcadas y barba, se pudo recuperar del río gracias a Francisco Hervás y a Juan Martínez Caballero, que la escondieron y después la llevaron a la casa familiar de éste último en la calle Cadenas de Cieza. Pasada la contienda civil, gracias al mecenazgo del matrimonio del industrial ciezano Vicente Martínez Piñera y su esposa Carmen Caballero Quijada, se talló la actual imagen del Patrono de Cieza San Bartolomé, de manos del escultor ciezano e hijo ilustre de Cieza Manuel-Juan Carrillo Marco, ayudado por su padre el también escultor Manuel Carrillo García. La imagen se bendijo el día 24 de agosto de 1.940 en la Basílica de la Asunción en la función solemne del día del Patrono de Cieza.
La corona de plata que actualmente lleva San Bartolomé le fue regalada por la que fue su camarera, Carmen Caballero Quijada. Es una corona cuya parte central data de 1.801, fue estrenada por San Bartolomé el 24 de agosto de 1.972, como dato anecdótico, cabe destacar que pasando la imagen de San Bartolomé por la calle Cadenas el día de su santo, precisamente por la puerta de su camarera, ésta expiró, a su puerta estaba la sagrada imagen del Patrón de Cieza San Bartolomé con la corona de plata que su camarera Carmen Caballero Quijada le había regalado y acababa de estrenar. Enterada su hermandad de lo ocurrido, la Banda de Música Municipal de Cieza dejó de interpretar las alegres marchas de costumbre y con el solo sonido del tambor llegó la sagrada imagen de San Bartolomé a la puerta de su ermita, entrando a los acodes de La Marcha Real o Himno Nacional de España, su campana le daba la bienvenida a la imagen de la tradición más antigua que tenemos los ciezanos, San Bartolomé.
Ya en el año 2.000, gracias al empeño del que escribe, de su junta directiva y del Ayuntamiento Pleno, se restauró el edificio más antiguo de los ciezanos, LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ, su campana volverá a sonar despedir y recibir a San Bartolomé, podremos admirar el CONJURATORIO, uno de los tres que se conservan en todo el sureste español, y cada feria podremos ir a recogerlo para el último día el 31 de agosto de cada año bendecir la huerta y los campos de Cieza, que nos dan vida, prestigio, trabajo e ilusión por la vida en una ciudad de tanta historia como la nuestra. Que San Bartolomé siempre nos bendiga!.








