El papa Alejandro VII señaló en el siglo XVII, y previamente a la instauración del dogma de la Inmaculada Concepción: «Antigua por cierto es la piedad de los fieles cristianos para con la santísima Madre Virgen María, que sienten que su alma, en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, fue preservada inmune de la mancha del pecado original, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de su hijo Jesucristo, redentor del género humano, y que, en este sentido, veneran y celebran con solemne ceremonia la fiesta de su Concepción».
Ese primer instante de su creación, que es en sí mismo el de la concepción de la Santísima Virgen María, es lo que cada ocho de septiembre Cieza celebra junto a su Madre, la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada, Patrona de Cieza.
En una tarde más propia de los meses centrales del verano, los ciezanos volvieron a subir a la Atalaya para abrazar la talla de González Moreno y, como marca la tradición, devolverla a sus raíces, que no son otras que su pueblo, ese que por patrona la tiene.
Al filo de las cuatro y media de la tarde, los rayos incesantes del sol volvían a bañar el rostro de niña de la Patrona de Cieza. Vestida con los colores inmaculistas, blanco y azul, enmarcada por un arco floral en tonos rosáceos confeccionado a base de claveles, lilium, alstroemeria y rosas, y coronada con la corona de su coronación canónica, la talla, acompañada por los anderos de las cofradías ciezanas y devotos, se dispuso caminar presta por los senderos que conducen a su pueblo.
Al ritmo de pasodobles, la sagrada imagen fue recorriendo poco a poco los cerca de cinco kilómetros y medio que la separaban del Puente de Hierro, verdadero punto de encuentro en esta tarde septembrina entre una Madre y sus hijos.
A su llegada, la pólvora, su himno y los Coros y Danzas de Cieza comenzaron a configurar, a través de sus sonidos, una de las tardes más ciezanas de cuantas hay en el calendario. A partir de ahí, uno tras otro fueron sucediéndose los momentos que encumbraron la verdadera necesidad de sacar a la calle a las imágenes devocionales.
Si la Virgen del Buen Suceso Coronada es la MADRE de todos los ciezanos, como Madre ha de acercarse hasta sus hijos, jóvenes y mayores. Y así ha sido a lo largo del traslado procesional: la talla ha sido puesta frente a frente con ancianas que se encontraban agazapadas en sus sillas de ruedas o asomadas a sus balcones, pero también ha acompañado —no nosotros a Ella— a los niños que, todavía en sus carros o en brazos de sus madres, lucían por primera vez el traje huertano para acompañar a la sagrada imagen.
Es así como se planta la semilla que hará, por los siglos de los siglos, que la devoción a nuestra Patrona se perpetúe entre nosotros, los ciezanos.
Al filo de las nueve de la noche, un castillo de fuegos artificiales anunciaba a los cuatro puntos cardinales que la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada ya estaba de vuelta en la Basílica de la Asunción.


























