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Martes, 24 de Setiembre del 2019
Viernes, 12 Febrero 2016

El Viaje (final) a Ninguna Parte. Inmobiliaria Ayuntamiento (I)

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

¿Quién es el más rico del pueblo? Pues…no sé, pero yo creo que debe ser el Ayuntamiento, que tiene muchos gastos, pero que siempre tiene a mano el grifo de las tasas y de los impuestos, y en asuntos de este jaez la imaginación cuenta con territorio abierto y fértil para la inventiva, con tal de que sirva para recaudar más y mejor.

Y está bien que sea así, porque el Ayuntamiento no es alguien particular, o sea, un señor con una cuenta corriente muy abultada que engorda más y más a costa de chuparle la sangre a los demás, sino que – dicen- el Ayuntamiento –como Hacienda- somos todos, hasta que llegue una despistada, o quizá muy despierta pero inoportuna abogadilla del Estado, y se deje caer aquello de que no, hombre, no, no seamos ingenuos, eso de que Hacienda somos todos no es más que un eslogan publicitario, pero no es verdad, o sea que –digo yo- debe ser publicidad engañosa para seguir timando al personal y que paguemos religiosamente nuestros impuestos para que al final vayan a parar a los bolsillos de Jordi Pujol and family maffia, Luis Bárcenas, Francisco Granados, la Gurtel, la extraordinariamente creciente e inagotable banda valenciana del P.P. , o la madre que los parió a todos, que mira que nos han puesto difícil lo de la grosse coalition (que a mí me gustaba por aquello de que a los alemanes, a los que admiro como nación, les va muy bien con inventos como ése) y se lo han colocado a huevo y en bandeja de plata al bisoño Pedro Sánchez y al suertudo charlatán Pablo Iglesias, que van a acabar formando gobierno, o lo que sea, a base de retales de diferentes colores de aquí y de allá. Pero estábamos con lo del más rico del pueblo, que seguramente, sí, será el Ayuntamiento, y no sólo por ceros a la derecha en sus cuentas corrientes engrosadas con las pagamentas de todos los ciezanos y ciezanas, sino por el número, extensión y valor catastral de sus muchas propiedades, tanto urbanas como rústicas. Por cierto que en breve empezarán a cobrarnos otra vez a todos y a todas (salvo a la Santa Madre Iglesia, que también Cristo la salvó de eso) los recibos de la contribución, el dichoso IBI, que sube un año sí y otro también a despecho de electorales promesas.

 

Probablemente (y sin probablemente), el Ayuntamiento es el más rico y es también primer y principal terrateniente, principal hacendado, primer detentador de propiedades en el ancho y largo, extensísimo, término municipal de Cieza. Y está bien que sea así, insisto, si eso repercute en beneficio del conjunto del pueblo y no nos cuesta demasiado. Pero es que hay incrementos patrimoniales relativamente recientes que en su momento costaron no pocos milloncejos, en pesetillas o en euracos y que se han revelado y se siguen revelando, y cuanto más tiempo pase peor, como negocios ruinosos que le cuestan a este pueblo mucho dinero y que le reportan muy escasos beneficios. Por ejemplo, el edificio de los antiguos Juzgados en la Esquina del Convento, destinado en principio a albergar la Comisaría de la Policía Nacional en Cieza, un soberbio inmueble de propiedad municipal que lleva años abandonado, como abandonado está el proyecto de comisaría y a la policía nacional ni se la espera a estas alturas del siglo ni en el siglo entero. Algo habrá que hacer, ¿no?.

 

Otro despropósito inmobiliario es el de la denominada “Casa de las Delicias”, situada en un contexto rural privilegiado, en pleno oasis junto al río Segura, orientada al sur, luminosa y soleada, adquirida por el Ayuntamiento a finales de la década de los 90, pensada como hotel rural, para cuya explotación se abrió un ambicioso y precioso concurso de ideas que costó sus dineros (o sea, los nuestros), de cuyo desarrollo no se sabe absolutamente nada en la actualidad y que allí sigue, en su idílico paraje, con nuevo Paseo Ribereño incluido y en estado de total y lamentable ruina, cuando han pasado más de 20 años desde su adquisición por el Ayuntamiento. Algo habrá que hacer, ¿no?.

 

¿Y qué decir del viejo, abandonado y ruinoso, Ambulatorio de la calle Santa Gertrudis? Pues nada, que sigue allí, cochambroso e inútil, entre calle y calle peatonal, sin servirle a nadie de nada. Algo habrá que hacer, ¿no?.

 

Hay muchos más ejemplos de espacios urbanos o edificios de propiedad municipal, cuya adquisición no se ha rentabilizado por y para los ciudadanos: la casa de la Encomienda, la casa rural la Atalaya o el albergue rural municipal, por no hablar de inmuebles de propiedad municipal que han supuesto descomunales inversiones no suficientemente bien aprovechadas para los ciudadanos como la Piscina Cubierta, el nuevo Centro de Servicios Sociales, o…sí, ¡oh!, el Capitol. Y más que podría haber si se hubiera producido finalmente la adquisición por parte del Ayuntamiento de la “Casa de la Bruja” de los Anaya, una operación de la que se habló bastante en los últimos meses, aunque no ha llegado a culminar.

 

Creo que uno de los partidos-movimiento que sostienen al Tripartito que gobierna el Ayuntamiento, propugnaba, entre otras muchas cosas, aquello de que “Ni casa sin gente ni gente sin casa”. Pues bien todas estas son casas sin (suficiente) gente mientras sigue habiendo gente sin casa y eso no está bien. Y son todas ellas propiedad de la Inmobiliaria Ayuntamiento, los más ricos del pueblo, sin que al pueblo le sirva de mucho esa riqueza. Y sí, claro, algo habrá que hacer, ¿no?

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