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Martes, 17 de Setiembre del 2019
Sábado, 06 Julio 2019

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. A propósito de “Hombres y mujeres 2019”

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Esta semana le cedo el espacio y la palabra, gustosísimo, a mi buen y apreciado contertulio “guasapero”, al hilo de mi artículo de la semana pasada, que él, como suele, ha sabido leer muy bien e incluso utilizar como fecunda fuente de inspiración; ¡ay!, si hubiera muchos “guasaperos” como éste, otro gallo nos cantara en el páramo intelectual que nos cerca y acogota hasta hacerse irrespirable. Dice así:

Un asunto muy interesante, Bartolomé, el que sacas a la palestra esta semana, el de la dicotomía en las cualidades hombre-mujer y su papel en la sociedad, bastante suculento para algunos abanderados progresistas de nuestros días y hermoso para otros románticos como tú. Pero para comprender algo este menester, quizás el estudio de la Prehistoria y la Historia arrojen algo de luz sobre este fenómeno tan candente de nuestros días. Dicen los que han investigado esto, que al principio de los tiempos las agrupaciones tribales humanas (todavía no podía ponérseles el apelativo de civilizaciones) eran matriarcales. En definitiva, que era la parienta quien partía el bacalao. Y no debería extrañarnos esto, algo de lo que podemos dar fe los que tenemos mujer e hijas, pues está de sobra demostrada la valía que atesora la mujer frente a los atributos del “hombre fuerte”, cuyas cualidades tan bien has pintado en tu artículo. Y esto mismo debieron comprenderlo, y valorarlo, nuestros antepasados del Paleolítico cuando veían cómo, mientras ellos andaban ociosos, cuando no durmiendo la mona la mayor parte de las veces (salvo esas ocasionales salidas para traer un trozo de carne para alimentarse una semana o ahuyentar a las alimañas con el bendito fuego de la hoguera), las mujeres se retorcían de dolor cuando traían un nuevo miembro de la comunidad al mundo y luego empleaban toda su vida en criar a la prole y en llevar a cabo todas las restantes tareas domésticas. Muestra de esta admiración del varón por la mujer son esas esculturas que han llegado hasta nosotros, hechas en aquellas lejanas fechas, que representan a la mujer en cinta y con los senos a reventar. Pero, ¿qué pasó para que la mujer fuera desalojada de tan insigne posición social? Los expertos dicen que hace 12.000 años la Tierra se “tragó” un pedrusco de dimensiones gigantescas, procedente del espacio exterior, que desató un incendio de tal magnitud, amén de todo lo que lanzó por los aires, que la “polsaguera” fue mayúscula. Sin comerlo ni beberlo , el ser humano recibió de sopetón uno de esos cambios climáticos cíclicos con que la Madre Naturaleza bendice a sus criaturas vivientes, haciendo que la temperatura bajara bruscamente 15 grados centígrados, y se cargase a plantas, animales y a gran parte de la peña. Los lejanos polos terrestres descendieron tanto hacia el ecuador, que el Sahara era un oasis de fertilidad. Los seres humanos que sobrevivieron a tal cataclismo, cuyas consecuencias duraron nada menos que 1.000 largos años, tuvieron que cambiar, a fuer de las circunstancias, sus hábitos de vida. Así que es en esta época donde da comienzo una nueva era para el ser humano, el Neolítico, caracterizada por la aparición de la agricultura y la ganadería, que obligaron a los seres humanos a domesticar plantas y animales para tenerlos más a mano para su consumo, pues la afición de cazador-recolector, yendo de aquí para allá, ya no era posible. Aunque, como bien dice Yuval Noah Harari, fueron las plantas y los animales los que aprovecharon la catástrofe cósmica para domesticar al ser humano y enclavarlo a la tierra. No en vano, con posterioridad, Dios nos regaló una expresión que refleja bien este estado de cosas: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”…Bien. Sigamos. Esta es la única explicación científica por la que este fenómeno de las civilizaciones aconteció simultáneamente en varios sitios de la Tierra, muy alejados geográficamente entre sí. La mujer en esta época debió de seguir a lo suyo, pero ahora al hombre se le presentaba un marrón más gordo. Tenía que labrar y regar pacientemente la tierra para que diera el fruto deseado, debía salir a pastorear con el ganado en busca de los escasos y lejanos pastos, y lo peor de todo, tuvo que fortificarse para que los desalmados de entonces (cuya estirpe por vía genética convive con nosotros en nuestros días cual mala hierba o… cañaverales del Segura) no le robasen lo conseguido con el sudor de su frente. Estos cacos y oportunistas hicieron suya una variante de la sentencia divina, reconvertida en “Te ganarás el pan con el sudor del de enfrente”. Surgen así las primeras ciudades amuralladas, como resultado de esta necesidad defensiva, y las normas de convivencia que regulan a sus habitantes, haciendo posible lo que llamamos civilización. Y entre tanta norma, ciertos manipuladores varones se inventan, dicen y escriben lo que está bien y mal, y establecen, con rango sagrado, los preceptos religiosos, donde la mujer queda en el más absoluto ostracismo. Es en este periodo donde la mujer deja de tener relevancia, al menos socialmente, aunque sigue desempeñando pacientemente su labor milenaria…hasta hace unos 100 años ¿Qué ocurrió entonces para que la mujer pugnara con el hombre en la escala social? No hay constancia de ningún accidente meteórico que cambiara las tornas. Hubo, eso sí, uno de tipo antrópico (mejor diríamos que fueron dos, que pusieron de nuevo en valor a la mujer: la Primera Guerra Mundial y poco después la segunda. Cuando los hombres, por causa de los manipuladores políticos, salieron contentos y felices al encuentro de la muerte, los oficios desempeñados por ellos quedaron huérfanos durante cuatro largos años ¿Y quién tuvo, a regañadientes al principio, que compatibilizar la crianza de los pequeños con esta nueva actividad física? Bueno, creo que no es difícil la respuesta. Además la mujer le cogió el gusto a eso de llevarse un dinerillo extra por el trabajo realizado y a no depender del hombre para “casi” nada. Los primeros movimientos en pro de los derechos de las mujeres tuvieron sus orígenes en estas lejanas fechas…hasta hoy, donde los manipuladores de nuestros días (descendientes por vía mitocondrial de aquellos del Neolítico) tratan de apropiarse este potencial voto para sí. La situación, empero, ha creado efectos secundarios no previsibles. Uno de ellos, y no pequeño, es que en este rincón del orbe nos hemos quedado en el culo del mundo en cuanto a natalidad. Así que, por el bien del sentido común, que nadie se queje de que hay muchos inmigrantes en esta vieja Al Andalus. Un abrazo, Bartolomé.

 

Otro para ti, y gracias a ti siempre, querido lector, colaborador desinteresado, y amigo.

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